lunes, 9 de abril de 2018

Sin ropa

   Sin ropa, completamente desnudo, me he podido dar cuenta de quién soy. Puede sonarle extraño a aquellos que se ocultan detrás de su ropa, detrás de sus vidas programadas y de lo que saben y quieren y conocen. Pero para mí, estar sin ropa es una manera de volverme más fuerte porque no hay nada que me puedan quitar fisicamente cuando no tengo nada puesto. Es como un escudo que se activa solo cuando estoy desnudo, como un poder secreto que me gusta creer que tengo, como uno de esos héroes de las películas.

Me gusta quedarme desnudo un rato después de salir de la ducha.  Me acuesto en la cama boca arriba y miro el techo como si mi vida apareciera allí, hecha película, proyectada a un ritmo vertiginoso. Me pongo a pensar en todo lo que me hace dudar y en todo lo que he hecho que está mal. No soy una persona perfecta, de hecho creo que soy exactamente lo contrario. He cometido muchos errores, incluso sabiendo que los cometía y más de una sola vez. No tengo disculpas en la mayoría de los casos.

 Sin embargo, no creo que nadie pueda juzgarme por eso. Todos hacemos cosas y tal vez lo que yo haya hecho sea peor pero no puedo torturarme todo el tiempo por las estupideces que hago. Simplemente nadie puede vivir así o sino respirar se haría tan dificil que cualquier día de estos se amanecería muerto en esa misma cama donde a veces se duerme de una manera tan relajada. Aunque otras… Otras noches no son tan tranquilas y cerrar los ojos se convierte en una tarea monumental.

 Cuando estoy sin ropa, la verdad siempre tengo los ojos abiertos. Además, trato de sentir todo lo que tengo alrededor, cada roce, cada brisa y cada recuerdo o pensamiento que parece materializarse a mi lado. Es algo muy extraño y no pretendo que todo el mundo lo comprensa, pero es algo que me ha ayudado por mucho tiempo y no pienso dejarlo de lado ahora. No ahora que necesito estabilidad más que nunca, no en momentos como estos en los que todo parece no dejar de moverse.

 Es en esos momentos, después de limpiar mi cuerpo, en los que analizo varios cosas relacionadas al hecho de estar desnudo en mi habitación. Una de esas cosas es que mi relación con mi cuerpo ha cambiado constantemente a lo largo de mi vida. Algunas personas creen que lo que hago es solo exhibicionismo y que lo único que deseo es que la gente me mire y me ponga atención. ¿Y saben qué? Tal vez tengan razón. Pero la verdad es que es algo más complejo, que no se puede explicar en una conversación de café. Toma más tiempo y un interés que nadie nunca ha mostrado.

 Muchos creen que me encanta mi cuerpo o mi manera de ser, solo por el hecho de tomarme fotos así desnudo, tapando las partes claves para no ser expulsado de todas partes por las armas vivientes de la moral y las buenas costumbres. No, no tengo el cuerpo de aquellas estrellas de las películas para adultos ni soy ese con el que quisieran amanecer, ni uno ni muchos días en el año. He oído palabras amables a lo largo de mi vida pero la mayoría son solo eso, palabras que tratan de alterar una verdad muy rigida.

 Este es un mundo en el que cada persona sabe muy bien si entra o no en los parametros de belleza preestablecidos, no es un misterio de la vida ni algo imposible de descifrar. Y no estoy diciendo tampoco que esté de acuerdo con todas esas reglas estupidas que muchos, al final del día, ignoran olimpicamente. El punto es que entre hombres homosexuales, como yo, es innegable el hecho de que la apariencia física es uno de los factores más importantes a la hora de encontrar una pareja.

 Cuando digo pareja me refiero a cualquier tipo de interacción, sea sexual o romántica o ambas. El punto es que entre hombres que gustan de hombres, el físico es más importante y eso incluso entre los que tienen gustos que se salen de las normas de la belleza dictadas por revistas y personas que tienen en mente solo sus gustos personales y no los de las personas que conforman el diario vivir como lo pueden ser ustedes o lo puedo ser yo, o la cajera del supermercado o el conductor del bus.

 El punto es que sé quién soy y no me miento a mi mismo acerca de ello. Me hace gracia los que se ofenden y se indignan al oírme decir cosas de este estilo, como si todo fuese producto de una alucinación mía causada por el hecho de que nunca he tenido una relación estable o incluso de que mi busqueda infructuosa de trabajo me tiene tan mal que empiezo a decir una sarta de estupideces por pura falta de oficio. Y no, no lo dicen así pero a veces las acciones y actitudes hablan por si solas.

 Además, lo he vivido. Tanto hombres promedio como hombres que entran en las normas de belleza actuales, todos ellos siempre elijen la segunda opción si pasa que yo soy el primero en la lista de solo dos. Me ha pasado y lo he visto en mi cara, y por eso me ofende cuando alguien no cree que sea algo que suceda de verdad. Tal vez es porque la gente no se da cuenta lo ofensiva que puede llegar a ser o de pronto es que las personas, los hombres homosexuales, simplemente no quieren que se creen más estigmas a su alrededor, no cuando ya se tienen tantos y tan negativos.

 Pero mi lucha personal no tiene nada que ver con que me gusten los hombres y suceda que yo tengo un pene en mi calzoncillos. No tiene nada que ver con el hecho de que uso mi cuerpo, me uso a mi mismo, para probar que este empaque imperfecto sí tiene una importancia en la vida y la ha tenido en la mía. Y es cierto que la actitud cambia la manera en como la gente te percibe pero a veces ni la personalidad más explosiva es cambiar de contrarestar lo que nunca va a cambiar, por mucho que se intente.

 El que dijo eso de que la belleza interior es lo que cuenta, seguramente era ciego o vivía una vida muy recluida. Todo entra por los ojos en este mundo y más aún ahora, en este mundo moderno en el que todo es visual y no se puede escapar a que nos quieran vender algo, sea un producto real o una idea abstracta de lo que tal vez queramos para nuestras vidas. Abran los ojos y vean quienes usan para meternos todo por los ojos, sean toallas para el baño o unos suspensorios para usar en el gimnasio.

 Sí, tengo problemas con mi aspecto físico. No sé si todos los tengamos pero dudo que así sea. Solo los que quieren contentarse dicen eso pero la verdad es que hay unas personas que obviamente jamás tienen que preocuparse como se ven, no es algo que ocupe su mente. Para otros, en cambio, es muy diferente porque siempre tienen que estar pendientes de lo que se ponen, de lo que tienen encima. ¿Como no tener problemas con mi aspecto físico si todo lo que veo a mi alrededor me dice que no soy suficiente?

 Y antes de que me recomienden ir a un sicologo, el médico que vive de sacarle dinero a los idiotas, les aviso que esos problemas nunca desaparecen. No es que un día, después de años de terapia intensiva, se deje de pensar de golpe que se está muy gordo o muy feo o muy débil o lo que sea. La vida no funciona así y menos aún en este planeta, es esta sociedad en la que vivimos todos y a la que no podemos escapar, hagamos lo que hagamos. Es algo con lo que hay que vivir y hay que saber manejarlo.

 Por eso me desnudo, por eso tomo las fotos que tomo, por eso hago lo que hago a veces. Simplemente intento hacer lo mejor que puedo con lo que tengo y eso abarca todo lo que soy, no solamente lo físico. Pero este cuerpo, esta carne con huesos y grasa y piel, todo eso es lo que ve la gente cuando me acerco, cuando estoy en una entrevista de trabajo o quiero convencerlos de que tengan sexo conmigo. Esto es lo que ven y lo que sea que haya en mi interior, toma tiempo conocerlo y es igual con cualquier ser humano medio complejo.

 Tal vez todo esto solo sea aire para la mayoría pero dije lo que dije y aquí está.

viernes, 6 de abril de 2018

No end


   As everyone celebrated on the streets and in their homes, Veronica wandered through the rubble trying to feel as happy as most people around her were. But it wasn’t possible or at least it was very hard to do so. Even smiling felt like a chore, like something you would do only to please people but not because you really felt it inside. There was a feeling of incompletion around, as if all the sacrifices of the war had not been enough to end every single type of hostility that many people harbored against one another.

 As she walked the streets, some lit and others not so much, she realized that the world after the war would be in chaos. Yes, everyone was cheering and celebrating right now, probably drinking stolen articles and launching fireworks that had been banned for so long. But after all of that happiness, a moment of truth and reflection would have to come and the atrocities of war would have to be addressed. For example, not everyone was on the same side, the winning side. Some people were not celebrating.

 Well, some of them were but just because they had to survive and keep on living. It was widely assumed that trials, of sorts, would emerge from the victorious side, condemning the losing side to many years in jail, banishment from the country or even death. Even if the maximum penalty had ever been enforced legally in the country, many of the victors would want the vanquished to be treated just as them treated others during the war. There were lots of executions, on the streets even.

 Veronica was actually just passing a street she knew very well, not only because it used to be a prime shopping spot before the war, but because many people were forced to stand in front of the former storefronts in order to be killed with guns. It was horrible to think about those moments, the images that would never going to leave anyone’s mind. That could never be overlooked, the fact that a large amount of the people now alive had killed at least one person over the last seven years.

 Everyone’s hands were tainted with blood; there wasn’t a single innocent, not even the children. They were used so many times to lure the kindness out of people, that all of their innocence had vanished. Many children were now celebrating the end of the war, just like adults. And the ones that were too small were orphans or just dead. Every single person had done something horrible during the war and now they chose not to remember that because it was a clear image of how disgusting and vile a human could get. So many atrocities in such a relatively short period of time.

 Veronica reached the gates of the Compound just as the night was darkest. She had to use a pocket lantern she had found days earlier, in order to go inside and check out the place for herself. The prison or camp or however you may call it, had been liberated only a few months before the end of the war but it looked as if it had happened many years ago. The place was covered in ash and debris, and the gates, doors and windows had been torn apart or had simply disappeared from sight.

 She walked from the entrance to a large yard area were she knew people had been selected. You see, not everyone was imprisoned in the same place. They had categories and each category had their own building in the premises of the Compound. The differences between each building were in the treatment given by the jailers. For example, former members of state entities and such would receive a better treatment there than homosexuals or blacks. Just the same as it had happened so many years ago, elsewhere.

 The Compound had surprisingly not been built by the losing side, as one would think. It had been built by the so-called winners, by the so-called heroes of the war. In some parts of the country, people were already designing statues for them to be put in every single park, in every single town. They had been the ones fighting for justice and freedom but they clearly didn’t respect their enemies’ rights at all. They were just as vile and vengeful as all the other people. They were not different.

 Veronica walked through the large yard in order to get to the only building that had been kind of spared by the last bombs the “enemy” had dropped from the sky. That was how the prison got its freedom. It hadn’t been an act of kindness. It was just the result of the last desperate attack from the would-be losers of the war. They had sent the few planes they still had and just bombarded the jail were their family members and friends had been imprisoned. They believed it was better to be dead that a prisoner.

 So pride made them act on that last move. And they succeed in destroying the prison and liberating some of their people from it. But only days later they would realize their days were counted and that their fate had already been sealed, well before the attack on the Compound. Veronica saw on the floor of the building some bone fragments, as well as fabric that used to be made into uniforms for the prisoners. There were also several metal plates and bowls, and a large assortment of cutlery. Maybe the prisoners had staged a mutiny as the bombs lit everything on fire.

 After a short time, she decided to leave the Compound through “the back door”, which was actually a large gap in the tall wall of the complex. She didn’t want to stay there too long in case the “winners” were patrolling the premises looking for someone to practice shooting with. She adjusted her backpack and walked on, towards very dark park covered with grand beautiful trees. The place was covered in shadows but even that way it felt like somewhere one would feel at ease.

 The park was one of the largest in the city and it was used to process many of the prisoners of the Compound. But apparently cold heads prevailed and no one ever really destroyed it on purpose or tore the trees down. Some of them had received damage from the bombs that were dropped in the nearby prison, but the building between the two sites had prevented the fire to really destroy the last green place in the city. It had been a miracle that most people were ignoring in that precise moment.

 Veronica walked along the central path of the park, hearing her steps on the stone and the wind blowing through the tree leaves. Everything felt so peaceful, and she was very glad to be there but even then she felt all of that could not be forever. She knew things were going to be bad for a while and she was alone and no one could just come and be with her. Her family had died during the war and those were not times of real friendship, just of convenient relationships that no one knew how long they would last.

 The best thing to do, maybe, was to leave the country altogether. It was a difficult choice to make and also a hard thing to achieve, but Veronica had nothing else to loose. She was carrying everything she owned on the backpack: some pieces of clothing and a couple of objects she had rescued from her former house. She had also stolen some food from a ruined supermarket, but that was it. She could easily walk her way towards the border and attempt to cross it. Or maybe get into a boat and sail away.

 Whatever she did, she had to do it quietly and carefully, as she had no intent of driving attention onto herself. No one was looking for her specifically, but everything around there was going to become very unstable and she knew that’s when unlikely things tend to happen the most.

 She decided to leave the city that night, taking advantage of most people celebrating the end of the war. As they raised glasses, told jokes, remembered family and friends, Veronica would banish into the night and attempt to forever disappear from that other night, one that would never end.

miércoles, 4 de abril de 2018

Naranja


   Como en todas las situaciones, el primer día fue el peor. No solo por la pérdida de mi libertad como ser humano, sino porque con cada paso que daba, parecía reafirmarse el hecho de que no vería el mundo exterior en muchos años. A la entrada me hicieron varias preguntas, mi abogado entregó los documentos pertinentes y ahí nos despedimos. Obviamente había venido por hacerme una cortesía pero estaba claro que ya no era necesario. Había confiado en él pero todo había salido mal.

 Se fue mientras revisaban todo y cuando terminaron, me hicieron pasar a un cuarto pequeño. Me pidieron que me quitara toda la ropa y la pusiera en una bolsa como de la basura. Me sentí muy mal en ese momento pero respiré profundo e hice lo que me pedían. La vida iba a ser así por un largo tiempo para mí y la verdad era que no quería tener más problemas de los necesarios. Así que allí, frente a dos guardias de seguridad, me quité la ropa y me puse el uniforme de prisionero que me habían entregado.

 Todo lo que tenía, lo poco que tenía, se fue en esa bolsa de la basura. En mi mente, me despedí de esa ropa. No era nada especial pero era mía y eso tenía un significado enorme ahora que entraba en un lugar en el que nada sería mío. Al poco rato me asignaron una cama en una celda, que debía de compartir con otros dos reclusos. En total tendríamos que ser cuatro, pero una de las camas todavía estaba vacante y no por falta de reclusos sino de colchones. Cuando vi el lugar, quise gritar o llorar.

 Pero no hice nada de eso. Solo entré en silencio a la celda y me senté en la cama asignada. Los guardias se fueron, hablando entre sí de algo que no supe que era. En la celda no había nada pues era la hora de comer. Me la había perdido, al parecer. No importaba, mi cuerpo no parecía ser muy capaz de aguantar nada sin regresarlo al exterior casi al instante. Me recosté en la cama y cometí mi primer error en la cárcel: me quedé profundamente dormido. Creo que por la tristeza, pero la razón poco importa.

 Me desperté al sentir que oprimían mi pecho. Los que supuse que eran mis dos compañeros me tenía agarrado de los brazos y las piernas para que no me moviera, uno además cubría mi boca con sus enormes manos. No podía verlos bien porque ya estaba oscuro, seguro era la madrugada. Podía olerlos, su sudor, así como escuchar sus voces susurrar cada cierto tiempo. Fue entonces que sentí que el que me tomaba las piernas me bajó el pantalón. Traté de luchar pero el que me tenía bloqueado por arriba saco algo, una droga probablemente, y la puso bajo mi nariz. Eso es lo último que recuerdo.

 Todo eso se lo dije al tipo encargado al día siguiente, después de que uno de los guardias hubiese venido a despertarme para los ejercicios matutinos. Yo no le había respondido y ahí el tipo había dado la alarma, pues mi colchón estaba manchado de sangre. En la enfermería fue donde les conté todo lo que había pasado. No me importaban las razones por estar en ese lugar, no me importaba nada. Pedí que me cambiaran de celda, a cualquier lugar excepto de vuelta adonde estaba antes.

 Eso hicieron y creo que fue la última vez que las autoridades hicieron algo por mí. Tardé en darme cuenta que esa única gracia me fue concedida porque mi nombre seguía en los medios y para la cárcel hubiese sido un gran problema que el condenado más reciente hubiese sido violado en su primera noche en el sistema penitenciario. Querían que mi nombre y mi historia murieran pronto para poder hacer conmigo lo mismo que hacían con todos los demás: nada. Solo observar y nada más.

 En mi nueva celda sí había otras tres personas pero ninguno parecía muy interesado en los demás, algo que para mí era preferible. Esta vez me tocó en la parte superior de un camarote. Cuando subí, me di cuenta de que el colchón era el mismo en el que había sangrado la noche anterior, todavía estaba la mancha de sangre seca ahí. Estaba claro que no iba a desperdiciar un colchón nada más por un poco de sangre.  Me incomodó un poco pero al menos podía descansar en paz, sin que nadie me jodiera la vida.

 Al tercer día fue cuando empecé a ver la realidad de la vida en la cárcel, tanto las comidas en el comedor como el patio de ejercicio y los salones para talleres varios. A la mayoría de los reclusos poco o nada les interesaba estudiar o avanzar en cualquier manera dentro de esos muros. Muchos de ellos iban a estar allí para toda la vida, así que no veían el punto de aprender o de congraciarse con la justicia. Ella ya había dado su sentencia y los había arrojado a ese hoyo oscuro del que no saldrían nunca.

 En la primera semana, aprendí que todos allí éramos culpables. Sí, puede que hubiese algún inocente del crimen del que lo habían condenado, pero de todas maneras nos convertíamos en seres culpables y criminales allí dentro. Empezábamos a manejarnos en turbios negocios o en actitudes que solo personas con una moral dudosa podrían tener. La verdad es que lo noté en mí y jamás me importó. Mi sentencia no era para siempre pero era larga y no podía vivir todo ese tiempo con miedo, no podía esperar a que me pasara lo mismo que el primer día de nuevo. Algo tenía que hacer.

 Al comienzo fui a clases de carpintería, pero me aburrí bastante. Así que pasé a ser uno de los ratones del gimnasio, como decían los otros. Me dediqué a mejorar mi físico y, para mi sorpresa, hice buenos amigos allí. Sí, eran personas que habían hecho cosas horribles, y otros cosas reprobables, pero fueron mis amigos en ese lugar. Tuve un grupo con el cual consumir las tres comidas del día, con los que hablaba seguido de nuestras vidas afuera y nuestras expectativas para el futuro.

 Claro que mi violación salía siempre a relucir. Fueron rápido en hacerme saber que lo mío no había sido nada especial, era algo que pasaba con bastante frecuencia y sobre todo a personas como yo. Los tipos esos sabían desde antes cuando alguien nueva iba a llegar y, si ellos lo creían necesario, los castigaban durante su primera noche. Mis nuevos amigos dijeron que yo no era el primero y ciertamente no sería el último. Era verdad. Vi a muchos vivir lo mismo durante mi estadía allí e hice lo posible por ayudarlos.

 Algo extraño fue que uno de mis compañeros me confesó con el tiempo que yo le había gustado desde siempre, pero que en un lugar así la discriminación podía ser muy severa, a pesar de que todo tipo de hombres tenían que convivir con todo tipo de hombres. Con el tiempo tuvimos algo que se podía llamar una relación. Estaba seguro que de haber estado afuera, nunca nos hubiésemos conocido. Pero la vida es así y aprendí que no soy nadie para refutar nada ni dudar de la sabiduría del destino.

 Creo que el punto más alto de nuestra relación fue cuando supe que había habido un altercado en las duchas y alguien había terminado muerto. Nos metieron en un nuestras jaulas y no dijeron nada por horas hasta que al otro día algunos sacaron conclusiones: habían sacado a un muerto del lugar y ese había sido uno de mis violadores. El otro estaba en la enfermería, muy malherido. Del atacante no se sabía nada, pues el agua había limpiado el arma homicida. Pero yo no necesite evidencia para saber.

 En el patio hablamos todos de lo sucedido y me di cuenta de que mi seguidor número uno tenía moretones en la zona abdominal y un corte pequeño en la cara. Él era un tipo grande, que había ido al gimnasio mucho antes de entrar en la cárcel. Él me miró en ese momento, directo a los ojos.

 Supe que mi conclusión era cierta y entonces me le acerqué y le sonreí. No sé porqué lo hice, no sé si lo quise de verdad o que fue lo que me pasó. Tal vez era solo agradecimiento. Pero debo confesar que sin su amistad, su extraña versión del amor, yo nunca hubiese podido sobrevivir ese infierno.

lunes, 2 de abril de 2018

Movie lights


   Alex walked by Roman, who was helping with the lights. They had to grab the wires and put them neatly into a circular position, in order for the metal parts not to get damages. But the lights were too hot still to put away. So he asked his boss what he should do next and he was sent to the changing room of the actors, which happened to be one of the big bathrooms in the house. Apparently, the director had found the property online and just new it was the perfect setting for many of his movies.

 As Roman entered the bathroom, Alex was there. He was still naked and talking to his co-star Yuri. The young assistant asked where the boxes with their costumes were and it was Yuri who pointed at three boxes stacked up in a corner. For a moment though, Roman was able to notice that Yuri had been crying as his eyes were very red and he was trying to hide them as much as possible from anyone else. As Roman fixed the boxes to be able to lift them all at the same time, he heard part of the actors’ conversation.

Apparently. Yuri’s family was in desperate need of money. However, the month was not over yet so he had no money he could send to them. He sent almost everything he earned to them back in Belarus, only keeping enough to pay for a room in a shared apartment in a very crappy neighborhood of Los Angeles. The director intended him to be the next big star in the business, but that was in its early stages and Yuri’s family couldn’t wait that long. He feared they would be evicted if the money wasn’t paid.

 The assistant did not hear much more after that. He decided to get out of there as soon as he could, as he didn’t want the actors to notice he was overhearing on purpose. He was just very interested on the different kinds of people that worked on such a business. It had been his mother who had asked her brother to get her son a job. Her brother happened to be part of a production company that worked with various people, including those who provided entertainment for the adult video industry.

 She didn’t mind. Her mother was very liberal in that sense. For her, the most important thing was for her son to understand the value of money, of effort and perseverance. He was still young, actually underage. But she wanted him to get a job in the summer in order not to have the same problems he had every single summer in the past. He had even been in the police station once, after he had decided making graffiti in the neighborhood’s park was a great idea. She wanted him to stay away from trouble and a job, any job, would probably make all that messy stuff go away.

 Of course, her brother explained to her the kinds of places her son would work in and she didn’t mind. She told him that her son knew very well what sex was and that people that worked in that business were just that, workers. Whether they were actors or the lighting crew, they were all doing a job and they were all getting paid for it. Her son would get paid to, but not as much as an official worker. Her brother had to pass him for a “personal helper” of sorts, because of his sixteen years of age.

 The good thing was that, as most kids in the United States; Roman had developed early in his life and by age sixteen he was already sporting facial hair and very tall and lean figure. According to his mother, he was the spitting image of his father, a man that had been known to be very handsome in his early years. Sadly, he had been killed in a bank robbery a couple of years before. That was also the reason why the family could actually make good use of another salary, no matter how miserable it could be.

 So Roman understood Yuri’s dilemma. As he crossed the hallways of the big house with the boxes, he thought about part of his salary going to his mother and how he thought that was unfair at first, but then realized that it was necessary to pay the bills that kept his house going. He came to appreciate his work because of that and his mother too, for having the good sense to send him out into the world and make him work to feel how things work in life. He left the boxes in the truck, still thinking.

 When he came back into the house for the lights, both Alex and Yuri were already dressed and coming out of the bathroom. They looked both like the type of guys someone would see on the beach, parading around with clothes that made their bodies look even better. They were very beautiful and Roman often had a lot to think after seeing them perform. He wasn’t sure if he was gay or straight or what. But he knew that they were very attractive and he had a certain respect for them because of it.

 As he put one of the lights on the respective crate, he saw Yuri walk out of the house with a tissue on his hand and his eyes still red, but Alex stayed in and actually walked towards him. He sat down on a sofa nearby and just looked at the kid as he did his work. Once the light was on its crate, Roman started the same process with another one. Alex then spoke, asking Roman how old he was. The question made Roman very nervous because both his mother and uncle had told him several times not to reveal the information to anyone. It could mean the end of his job and his uncle’s too.

 So he just said he was old enough to be there. Alex smiled, still watching Roman do his job. Then, he started telling him how the whole industry can be quite the monster. Of course, he said, being beautiful and appreciated feels great, but the best thing of it all is when someone tells you that what you did can only be accomplished by you and no one else. That sense of power and being special really makes the difference in any job. Or at least that was what Alex thought after working in many different things.

 He told Roman he was twenty-six years old and he had started doing movies seven years ago, when money for college was low and his family had threatened to stop funding his studies. He wanted to become a veterinarian. He told Roman he had two dogs now and a small rat named Stevie. That made Roman smile and Alex did so too, because he knew he was listening. He told the kid how he was able to finish school because of his work doing movies and how he even got to pay for a place of his own.

 Then, there was silence. As Roman put the last light crate away, Alex told him that Yuri was in a similar but worse position. Roman stayed to hear the story. According to Alex, Yuri had arrived to the United States only two years ago. He was an illegal immigrant who had come to the country with a legal tourist visa but had just overstayed his welcome. Apparently, Belarus was not the best country for gay people. And it seemed it wasn’t a great place to fin work either, so he decided to basically flee.

 He had a mother and two sisters there; their father had left them for another woman years ago. None of them had any idea what he was doing in Los Angeles. But he sent them almost all of their money and now they needed more or they would loose their house. Alex stopped talking and then looked at Roman straight in the eye. He asked the young man if he had a good family, if he knew how difficult life could be. He told him that even if it all looks nice and easy from the outside, people always have shit under the rug.

 Roman told Alex he had a mother that was crazy but that loved him endlessly. He also said his uncle was a very good person. Finally, he told Alex he knew not everything is what it seems but that it was precisely that which fascinated him from the world of adult entertainment.

 He lifted two of the crates and carried them to the truck. When he came back for the other one, Alex was gone. Roman told his uncle about Yuri’s problems and the man promised he would talk to the director. People don’t imagine it, but in such a small community, people tend to help one another, no strings attached.