martes, 15 de marzo de 2016

Bajos instintos victorianos

   Lord Amersham era el hombre más distinguido de toda la región. Era un héroe de guerra condecorado y eso que no era uno de eso viejos que se preciaban de sus hazañas en los bailes y reuniones de sociedad. No, Lord Amersham no llegaba todavía a los cuarenta y era el objeto de deseo de cada una de las mujeres de Milshire. Claro está que nadie diría esto nunca pues el deseo no era algo de lo que se hablara en voz alta. Pero así era.

 En el último baile, organizado por la familia Winstone en honor a la presentación en sociedad de su hija Celia, Lord Amersham había fascinado a todo el mundo con sus dotes de bailarín. Sus giros en el baile grupal eran casi pecaminosos. Las mujeres se emocionaban con sus cintura y, mejor dicho, con su trasero que venía siempre forrado de esos pantalones clásicos de la época en que vivían.

 Mister Farsy casi se atraganta con su copa de vino cuando vio al Lord bailar con tal agilidad. Y es que, incluso a él, le causó una sensación muy extraña. Cada contoneo de Amersham le valía un movimiento en las regiones del sur de su cuerpo y pronto tuvo que encontrar dónde sentarse. Agradeció la siempre aburrida conversación de Lady Ashmore, una viejita que lo único que sabía contar era su aburrida vida en Londres, cuando iba y visitaba a su nieta Cordelia. La pobre había sido famosa en la región por ser una chica fea que, por alguna razón, había encontrado fortuna al casarse con un barón que la puso a vivir como una reina.

 Mientras Lady Ashmore contaba todo del más reciente viaje a Ceilán de su nieta, el pobre Farsy experimentaba un montón de sentimientos y sensaciones que no eran propios de la Inglaterra victoriana. Ya que estamos, tampoco de la eduardiana ni de la isabelina. De ninguna Inglaterra conocida o por conocer, ni de Thatcher, Brown, Cameron, ni de nadie. Pero esos no contaban pues nadie los conocía y era mejor dejarlo así.

 Luisa llegó al poco rato. Había estado haciendo lo que mejor sabía hacer: informarse de todo el cotilleo de cada esquina del país. Era la distraída esposa de Farsy y una mujer tan insulsa como guapa. El condado entero había quedado fascina cuando se habían casado pues los dos eras dos criaturas hermosas y  la boda fue como de ensueño, con flores por todas partes y una perfección que rayaba en lo fastidioso.

 Pero la verdad era que no había nada que envidiar. Se habían casado porque sus familias lo habían arreglado todo. No podían ser más disparejos: ella ni se enteraba de nada más que el chisme. Ni siquiera sabía como era que se tenía a los hijos y eso que su madre lo había explicado con detalle. Y él… Bueno, Farsy se sentía tan abochornado en el baile que tuvo que pedirle a Luisa que se fueran. Argumentaba una calentura.

 Al otro día, ya con sus emociones bajo control, la pareja recibió la visita del padre y la madre de Luisa. Él era uno de esos viejos para los que nada nunca es suficiente. Cada vez que venía bombardeaba al pobre Farsy de preguntas que él ni sabía que significaban. Era frustrante que solo fuese un comerciante ahora y que a nadie le importase mucho su breve historia como soldado. De hecho, a nadie le interesaba porque era un historial casi inexistente. Se había desmayado un par de veces y eso era todo. Pero Farsy era un patriota y para él cualquier paseo por el ejercito tenía su peso.

 La madre de Luisa era igual que ella: una máquina de chismes ambulante. Si no los sabía, se los inventaba. A Farsy no le caían bien. De hecho, ni a sus padres. Y sin embargo todos convinieron en el matrimonio de los hijos por razones meramente estéticas. Farsy, modestia aparte, era un hombre alto y bien parecido, con cabello rizado y dorado, como el de los ángeles. Y Luisa era delgada y con los ojos grandes y verdes, labios algo gruesos y caderas anchas.

 Pero cada uno prácticamente no había visto nada del otro. La noche de bodas, en la que se supone que todo el mundo tiene relaciones sexuales, ellos se quedaron hablando. Fue el día que Farsy supo que su esposa sabía todo de todo el mundo y él lo agradeció pues no estaba listo. Estaba muy nervioso, como siempre, y temía que no pudiese funcionar con su esposa. Ella ni se dio cuenta.

 Fue cuando la madre de Luisa y ella se pusieron a hablar de Lord Amersham, que el pobre Farsy sintió de nuevo esos bajos instintos que lo habían acosado en la fiesta. El padre de Luisa lo miró como a una criatura enferma y le preguntó que le pasaba. Farsy argumentó que era un dolor de estomago, por la comida de la fiesta.  El hombre no contestó nada pero lo bueno fue que no siguió hablando de “lo que hacían los hombres” y así pudo escuchar Farsy que había rumores de boda. Sí, Lord Amersham parecía que por fin había sido atrapado por las redes femeninas de la más joven de las chicas Beckett.

 Las chicas Beckett eran prácticamente famosas. Eran ocho chicas, cada una más hermosa que la anterior. La más joven debía tener unos catorce años. ¿Y era ella la elegida para casarse con Amersham? Farsy pensó que eso no tenía sentido y lo argumentó de viva voz, diciendo que un hombre como Amersham, héroe de guerra y tan bien parecido, debía de tener una mujer a su altura y no una chiquilla que no le llega ni a los talones.

Aunque se le quedaron viendo, la poco rato celebraron su intervención y le dieron la razón. Amersham era un orgullo local y nadie quería verlo mal casado con cualquier niña que le pusieran delante. La madre de Luisa aclaró que era solo un rumor así que habría que ver que pasaba con eso. El pequeño encuentro terminó bien y por primera vez Farsy recibió una cariñosa sonrisa de su esposa, quién nunca lo había visto tan interesado como ella por los asuntos sociales.

 De nuevo hubo fiesta el fin de semana siguiente. Esta la organizaban las mismísimas Becket, pues una de ellas se iba a Londres a vivir con su esposo. Hay que decir que en la región todo se celebraba pues era todo tan aburrido que no había otra manera de sobrevivir al tedio de vivir sin una pizca de tecnología. Y como los viajes no eran para todo el mundo y siempre eran largos y aburridos, no era algo que se pudiese contar, como lo hacía Lady Ashmore.

 Cuando llegaron en su carruaje, los recibió en la puerta la hija Becket, su esposo y, allí de pie, inmaculado con su pecho bien inflado y su cuerpo apretado, Lord Amersham. Era como una visión y fue en ese momento, y no antes, que Farsy se dio cuenta que había algo malo con él. No hacía sino mirarlo y no pudo evitar bajar la cabeza y detallar cada pliegue de pantalones de Amersham: desde los pies hasta el pecho enorme que parecía querer salir de la camisa que tenía puesta.

 Pasaron al jardín y allí los Beckett habían preparado la fiesta más bella en mucho tiempo. Aprovecharon el amable clima de los primeros días de verano para hacer algo en el jardín, cubriendo solo la parte de la comida con un toldo hecho de una tela enorme. El resto eran mesas grandes, de esas que se veían en las cocinas. Algunos invitados no estaban muy contentos pero otros se alegraron del cambio y empezaron a comer y beber de inmediato.

 Todo el mundo fue y, ya entrada la tarde, todo el mundo estaba feliz y bailando y aplaudiendo. Era el evento del año y eso que solo se trataba de una chica mimada yendo a Londres a ver su esposo trabajar mientras ella seguro se encontraba un amante, más fácil de tener allí que en el campo. Era lo que siempre pasaba.

 Después de uno de los bailes, Farsy tuvo urgencia de orinar pues había tomado mucha champaña. Fue al interior de la casa pero no había nadie que le indicara donde estaba el baño. Y como estaba que se hacía pues decidió, salir, dar un pequeño rodeo a la casa y orinar por allí cobijado por la oscuridad. Rompió el silencio su torrente de liquido pero entonces quedó paralizado cuando escuchó una voz a su espalda. De nuevo, los bajos instintos se descontrolaron y, esta vez, con justa razón.

 Nadie nunca supo porqué Farsy se había demorado tanto en el baño, los criticones culpaban a la champaña de mala calidad. Tampoco supieron la razón por la que Amersham había entrado a la casa aunque se asumía que la joven Beckett tenía algo que ver. Y todos estaban de acuerdo a que al amor no se le ponen barreras, si los padres lo consienten.

 El caso es que nadie supo que Farsy y Amersham vivieron su propia pequeña aventura apasionada en los arbustos de los Beckett, de los que recogían frutas a veces y donde jugaban los niños. Nadie había escuchado los gemidos de Darcy y las palabras fuera de época de Amersham.


 Pero así fue. Y entonces la historia, que desde el comienzo había sido poco parecida, cambió del todo hacia algo que nadie después entendería bien pero con la que todo el mundo estaba cómodo. Al fin y al cabo, eran solo dos tipos teniendo relaciones en medio de los arbustos.

lunes, 14 de marzo de 2016

Dollhouse

   And then she found herself in front of a pretty neat table, with various forks and spoon and knives. The room was very bright and she could see the rest of the room was also very well taken care of. However, there was something that made her feel uneasy: she couldn’t move.

 Betty felt she was tied to the chair, arms and legs. She fought with it for a couple of minutes until she felt suddenly freed and fell to the ground. The chair also fell but instead of a loud noise it didn’t almost make a sound. Betty wondered why that was but she decided it was better to know where she was.

 The last thing she remembered before appearing in that strangely perfect room was thinking about her problems paying her tuition at college and paying the rent and paying every single thing she had to pay. She was in a lot of debt and didn’t know for how much time she would have to keep juggling it all. So that room she had suddenly appeared in, had nothing to do what the problems she had. In fact, she had never been there before.

 She realized that, despite the bright light, there didn’t seem to be anyone else there with her. She got near to one of the wall to hear if someone was coming from outside and discovered the wall were hollow, like made from plastic or something like that. That feeling made her nervous so she decided to try and not touch any of the stuff anymore. She put her hands on the back of her body, one hand holding the other and walked around the room to see if she recognized something.

 But there was nothing to recognize. Inside a big cupboard there were many cups for serving tea and coffee and also very cute plates with amazing floral and animal designs. She wanted to take them out and see them closely but remembered she promised herself not to touch anything. She just put her nose against the glass and saw every single little thing. Nothing. Nothing made a memory appear or made any connection to anything she knew.

 She kept looking at the small paintings depicting flowers and landscapes and realized the room was almost prepared for a dinner party of sorts but there was no food or other people there.

 Then, a clicking sound made her flinch for a moment. It had been the room’s door, which she hadn’t seen before, that had suddenly opened. Immediately, she walked towards it and pushed it. Again, there was a feeling that the door was not real, was something like a toy, a fake. She put her hands back to where she had kept them and slowly walked past the doorframe to the next room.

 It was really beautiful but it was then that she realized that something didn’t really make any sense. It was a ballroom, with what seemed like woodcarvings all around. It had been painted in pastel colors as well as some touches of gold and silver and bronze. It was beautiful and, for a moment, Betty forgot that she was scared and imagined that this room would have been were a beautiful princess would have danced with her lover whoever that may have been.

 She wanted to touch the perfect vases apparently made of glass and painted by hand; she wanted to get closer to the many mirrors surrounding the room. But she didn’t. She controlled herself and, instead, decided to just sit on the floor, in the middle of the room, and try to be objective. She really liked the place but Betty knew she didn’t belong there. She had never been in a palace like this. Every single house, mansion or palace with such rooms was many kilometers away from where she lived. How was it that she was suddenly there?

 Betty forced herself to remember. She crossed her legs and closed her eyes and tried to remember every single little thing she could. She had been worrying about money… But, what about it? Did she do something about it? Or was she waiting some kind of help or at least some clue to how to get away from all the problems she had?

 The fact was, she couldn’t remember. And suddenly, a strange thing happened. It was as if she felt compelled to stand up, open her eyes and dance around the room as if she had a big gown and was accompanied by the prince. But Betty didn’t want to dance: she wanted to remember. Yet, there she went, gliding gracefully all around the room, doing nice turns and beautiful gestures with her hands.

 But she didn’t want to, so she started crying and kept on dancing. It was a very awful thing to see, like a doll movie around without any will of her own. And then, in one of those turns, Betty saw that mirrors were very close and then she realized something she hadn’t really seen before: her image in the glass was different. She wasn’t looking her reflection but some deformed face. She screamed and moved away but then she tripped and felt backwards.

 She felt herself fall and fall. Betty didn’t open her eyes until it felt safe. When she finally did, she realized she had somehow arrived to the kitchen. But it wasn’t a modern kitchen like the ones she knew. It was a kitchen made for a house with ballroom full of mirrors and a dining room filled only with tiny cups and utensils no one was ever going to handle. It was scary.

 She stood up and decided to sit down in a small stool near a fireplace that seemed to be on but didn’t produce any heat. Betty suddenly felt very cold and then tried to remember, again, what it was that she was doing before she had arrived to this place. But her memory was blank, as if it had been erased by hand. She even tried remembering something else but she couldn’t. Betty only knew her name and random words and that was it.

 In a sudden move, she touched her throat. She had just realized she wasn’t able to speak. Everything she thought she had said out loud had simply not produced any sound. She had just thought about it. So Betty started crying because she felt miserable and was sure she didn’t belong to this place. After all, people belong to where other people are, right? Why weren’t there any other people around this place? Why was she the only one?

 Like an answer to her question, a door she had not seen by the cupboard had opened and a girl, maybe a bit younger than her, entered. She was wearing a dress that was a little bit more in tune with the room. She walked very slowly but did so towards Betty. When she was close enough, she sat down in another stool and just stayed there. She was very beautiful but sad. Betty wondered if she looked like her.

 Suddenly, she almost fell of the stool. She had heard a voice. She looked one way, then the other. And then towards the girl, who was looking at her with her big eyes. She then understood it was her who talked. Somehow, without moving their lips, they were having a conversation. The first thing Betty asked was if they could walk out of that place. But the other girl didn’t even answer.

 She only said her name was Norma and that she didn’t even remember there was somewhere else to be. She had also appeared there one day and, in time, she had gotten that outfit. She didn’t really moved anymore. It was hard for her to explain but, although she did walked all around the house, it wasn’t her who made her legs move.

 Betty got stuck on the word “house”. For a moment, she was master of her own body again, standing up and running towards a nearby window. But she suddenly tripped and fell hard to the ground. Her feet had stopped responding. She slowly got up and returned to the stool, with no will of her own.

 What is this Norma? Where are we?

But Norma didn’t answer. It was a voice, coming from every single side, which answered: “This house is now your house”.


 Betty begged for all of it to be just a nightmare.

domingo, 13 de marzo de 2016

Él no existe

   Me pasa seguido. A veces cuando veo a alguien que me gusta en alguna parte o a veces solo cuando mi mente se queda en blanco y no tengo nada en particular en que pensar. Mi mente se va yendo lentamente y entonces se forma siempre la misma imagen en mi mente. Bueno, no siempre es la misma ya que con el tiempo ha ido cambiando un poco pero lo básico siempre es igual: estoy yo y está él y no hay nadie más sino nosotros. A veces se trata solo de un beso y otras veces es un abrazo suave, que puedo llegar a sentir si estoy muy inspirado en el momento. A veces también puede ser hacer el amor o momentos antes o después de eso. Varía mucho y no sé de que dependa, probablemente de mi ánimo del momento y de la persona que imagine.

 Después es que la realidad me golpea en la cara y caigo en cuenta que nada de eso es verdad y que, en mi vida, eso ha pasado tan pocas veces que las puedo contar con los dedos de una mano y me sobran dedos. Claro, habrá quién diga que con dos veces que te pase eso en la vida es suficiente pero eso sería cierto si la segunda vez fuese más duradera o las dos. Pero en mi caso ni siquiera estoy seguro de haber sentido algo real alguna vez. La verdad es que no sé que he sentido ni que han sentido por mi, pues es difícil preguntar semejante cosa. Además las personas rara vez darán una respuesta real, si es que todavía se les puede preguntar. Y para mi el tiempo sí que pesa bastante. No es lo mismo una relación de tres meses que una de un año o más. No hay punto de comparación.

 Cuando voy por la calle o donde haya gente, pasa que también tengo esos pequeños momentos en los que imagino cosas. Pero lo divertido del cuento es que no me imagino en mi mente a la persona que estoy viendo en vivo sino que la transformo un poco, principalmente porque lo más normal es que no conozca la voz de la persona y mucho menos su personalidad y manera de ser. En mi mente siempre son amables y bastante cariñosos, de hablar suave y de modales impecables. Siempre se preocupan por mi y saben exactamente que decir para sacarme una sonrisa o para hacerme sentir mejor. Me los imagino perfectos o casi.

 A uno así no he conocido nunca. Puedo decir, y no quiero decir con esto que esté orgulloso, que he salido con muchos durante buena parte de mi vida. Y sí, confieso que no ha sido precisamente para buscar amor para siempre. Normalmente siempre empiezo al revés y sé muy bien que eso nunca termina bien. Es decir, eso nunca va a llegar adonde yo de verdad quisiera que llegaría. Si te acuestas con un hombre de entrada, el respeto se pierde casi al instante, así como el misterio y esa gana como de descubrir y tratar de ganarse a la persona averiguando como es y todo eso. Siempre lo he hecho mal y lo sigo haciendo.

 Me besan con suavidad, con tiempo, como si no importara nadie más sino nosotros. Me encanta que lo hagan así porque eso para mí quiere decir que hay mucho más que un interés rápido. Por eso en mi imaginación todos se toman el tiempo, todos dicen mi nombre y yo sé el de ellos. Siempre sé como son aunque a veces ni siquiera les veo la cara, sobre todo en sueños, y la verdad es que no sé de donde salen ni porqué. Pero no importa pues ahí están. O ahí está. Nunca he sabido si lo que imagino es a uno que puede ser muchos o a muchos que representan a ese único que quisiera conocer algún día. Supongo que la idea es que sea alguien tan especial que no sepa yo nada en absoluto. Así que no me molesta si no entiendo todo.

 El otro lado de las cosas es que, en la realidad, los chicos siempre se interesan en otro tipo de hombres para salir y esa es una verdad del mundo de los hombres que les gustan los hombres. Si alguna vez se lo preguntaron es igual que entre hombres y mujeres: hay unos que invitarías a casa a presentarle a tu mamá y hay otros que nunca dejarías que se acercasen, ni siquiera a tus amigos. Eso es así con todo el mundo. Y yo, y no es por hacerme la victima, siempre he estado del lado de esos a los que nadie quiere que conozcan. Bueno, al menos en casi todos los casos porque también he conocido un par de madres. Lo malo es que, con el tiempo, se revela que no era yo el tipo de persona para aquello entonces soy yo mismo el que me pongo en el grupo de los que están solo por un tiempo.

 Antes de dormir me sucede mucho, que pienso bastante en el tema. A veces es sexual pero a veces, si hace frío, me imagino unos brazos a mi alrededor, el sentir de una piernas entrelazadas con las mías y entonces sonrío aunque no haya nadie. Para mi ese es el punto fuerte de una relación, el momento en el que se comparte algo tan intimo como la cama, que para mi siempre ha sido algo tan personal. Además creo que es algo que imaginamos todos en algún momento, sin importar quienes seamos. Porque querer compartir un momento como ese, de palabras susurradas y calor compartido, creo que es algo que todos idealizamos y nadie deja de pensar.

 Irónicamente, yo jamás he dormido con nadie. Es decir, nunca he pasado la noche a dormir en la cama de nadie. Esto tiene una simple explicación: como dije antes, soy de los que no presentas a nadie y como uno de estos pasa seguido que me piden que me vaya o simplemente me dan ganas de irme porque se siente todo muy incomodo cuando ya ha terminado. Así que ni siquiera hay necesidad de decir nada. Solo coge uno sus cosas y se va, sin más. Confieso que me encantaría quedarme toda una noche con alguien pero entiendo que eso requiere algo que nunca he conocido y es alguien al que de verdad le gustes y que no tenga problemas de ningún tipo. Y que de paso tu tampoco los tengas. Se requiere algo de madurez.

 Por eso todo lo que imagino suele pasar en un futuro próximo, obviamente desconocido. Es un lugar muy bonito donde todo parece posible, donde todo es lo que yo quiero que sea y como quiero que sea. Ese futuro próximo me ofrece cosas que siempre he querido y no solo a aquella persona que me quiera sino también un trabajo ideal, un hogar bonito, incluso una mascota que nunca he tenido y tal vez ni vaya a tener. Por eso cuando me imagino con él, nos imagino en ese lugar solo para nosotros. Ya no se trata de encuentros fugaces o de momentos. No quiero tener solo pequeños fragmentos que no sirven de nada por si solos. Quiero tener algo más sólido y real y por eso mi mente me lleva a un mundo complejo que sé es irreal.

 Porque la realidad es que no tengo mucho para ofrecer. De hecho, hace poco decidí no tener como prioridad el buscar o encontrar a nadie para tener una relación. Es cómico, pues esa decisión no cambió en nada mi situación ni mi vida ni como pasaban las cosas, principalmente porque no era que tuviese muchas opciones o que saliera mucho y conociera gente o cosas así. Fue solo una decisión porque estaba cansado, frustrado de que siempre todo sea para los demás y nada sea para mí. Fue un momento en el que pensé: “Creo que merezco eso y más. Y no tengo porque conformarme con lo poco cuando sé que merezco lo mucho”. Como dije, no me ha servido de nada pero al menos creo que ahora tengo una visión algo más madura del tema. No estoy cerrado ni abierto. Solo estoy.

 Veces incluso hablamos. Hablo con ese ser imaginario que está dentro de la misma clasificación que un unicornio o el ave fénix. Y él me responde y me toca como si yo le gustara. Y me gusta y casi me hace llorar, por razones que conozco muy bien. Porque esa persona lo que hace es reforzarme, viene a apoyarme y a decirme las cosas que nadie nunca me ha dicho con honestidad. Obviamente sé que yo lo controlo todo, siendo mi imaginación, pero es difícil no emocionarse al imaginarse a semejante ser humano. Es perfecto en todo sentido. O al menos lo es para mí y creo que eso es lo que cuenta.

 Pero nadie es así. Y si lo es, no es conmigo. Me gusta la fotografía y me la paso viendo fotos de todo un poco y cuando veo esos chicos que son el estereotipo de chico que todo el mundo busca, me doy cuenta que terminando desarmándolos y veo que detrás no hay nada pues no me creo por un momento que alguno de ellos se pudiese acercar a mi con intenciones de las que ocurren en mi mente. Simplemente no he avanzado tanto para tener esa clase de confianza en mi mismo, que de hecho no es confianza sino sería para mí mentirme sin tapujos. Y para qué decirme mentiras? No me serviría de nada y yo lo único que quiero es que alguien se fije en mi existencia. De ahí en adelante, ya veremos.


 Por ahora lo tengo a él. Que me deja abrazarlo, que huele levemente a duraznos en el cuello y que tiene los pies fríos y me gusta calentar. Él no existe, no es real. Pero, por ahora, es lo que tengo. Y lo amo por eso.

sábado, 12 de marzo de 2016

Tragic triangle

   It all happened so fast. People crossing the pedestrian bridge above were able to see it all. But who couldn’t want to see all of that, you would like to see how lives end and how tragedies happened?

 The SUV was driving extremely fast. Eileen, the driver, was worried about so many things. She had just received vey bad news and just wanted to head back home or anywhere she could feel safer, loved and appreciated. She had been crying and was in no state to drive. But there had been no one to tell her that, no one that could stop her from making that mistake.

 On the other side were the Martins. Joanna and her husband Matt were in a small car coming back from the hospital. They had received troubling news: Joanna was pregnant with their fourth child. Normally, a couple would be happy and celebrating. But in the Martin’s car, there were only long faces and sighs. Raising such a big family was very hard on them. They had stopped doing all those nice things life has to offer to invest them in education and diapers and food and so on. Their children were too young to understand but they really needed that time off.

 But they had been silly and that’s why they were pregnant again. If they didn’t want more children, the solution would have been really easy. Well, apparently not easy enough for Joanna and Matt who kept having unprotected sex just because they had been together for over fifteen years. Actually, that was the other thing. They weren’t really that attracted to each other anymore. They didn’t feel anything when the other got naked near them in the mornings or even when they showered together. That’s what Matt was thinking when he got distracted, let the car go a bit to far to the left and then it was chaos.

 Eileen was so furious, so sad and so broken that, at first she just let gravity do its job. Her body was propelled out of the window just after the two cars had crashed against each other, done several circular turns and then hit the side of the road. When she was conscious of what had happened, Eileen realized she was on the ground, probably bleeding and not really able to move. She could feel the wind caused by the passing cars and felt suddenly even lonelier than ever before. How could people be so mean, so awful, that they wouldn’t even stop for an accident?

 Joanna and Matt had been wearing their security belts and that was good because their car had been flipped over. The baby chair they had in the back was one against the roof of the car and they were both bleeding but still breathing normally. Matt was the first to wake up and he was so scared the first thing he did was liberate himself from the belt and they try to get out. In his attempt, breaking the window with a kick, he realized his wife was there. Of course he had known this all the time, but it was as if his survival skills had made him forgot about her, at least for a minute.

 He then screamed and Eileen heard him, far away, but clearly. She then knew there were more people involved but, somehow, she couldn’t care less if they felt as miserable and broken as she was. Because even with so much physical pain, Eileen’s heart was the one that hurt the most. She even began to cry right there in the pavement, not even trying to lift a leg or an arm. She just lay there and cried her eyes out, thinking about how she had run into her long time girlfriend with another woman. And they weren’t kissing or touching. She even felt disgusted, truly sick about it and she vomited.

 Joanna was bleeding. She had hit her head during the accident and Matt was worried he couldn’t be able to move her like that. He decided that it was best to get out of the car and ask for help or see if there was any police coming or ambulance or whatever was available. He cut his hands with the glass but tried to ignore the pain and just stumbled out and suddenly passed out. He only did for a few minutes but during that time he dreamt about the time it was only him and Joanna. He remembered their first date, how they had planned to eat in this fancy Italian restaurant but then had problems with the reservation and they ended up having some tacos in fancy outfits. They really loved each other that day.

 After crying so much, Eileen opened her eyes and realized she really needed to start thinking about what was happening and decided to try and stand up but the thought of Erika and that woman together were like a film in her head that she wasn’t able to shut down. It hurt her badly because they had been together for a long time and they were doing all these things together like looking for an apartment and even planning to get a baby through adoption. It had been Eileen who had met Erik when she was a girl afraid of the world and with no knowledge about anything. She had been the more mature woman that taught her everything that she may need to know and apparently she had learned it all too well.

 Like trying to scare some flies away, she moved her arm a bit and finally tried to stand up but realized she couldn’t. She could only see forwards because of her position but had a feeling there was something wrong with her legs. Having been so worried about Erika, she had not realized that her legs didn’t feel as before. They did not feel at all.

 Matt woke up from his dream and realized there was a man running towards him and asking him so many questions. It seemed to be a policeman but he really had no idea. He answered what he could, not even knowing if it made any sense and then heard an ambulance and a fire truck.

 He stood up by himself, trembling and with pain all over his body, and saw that there was another car that had been involved but he couldn’t see anyone in the driver’s seat. Maybe that person was also trapped or maybe that person had fled the scene. His mind was everywhere and nowhere at the same time. Thinking hurt him but he couldn’t stop doing it. He walked to his car and a fireman asked him to remain away for the moment. He nodded and decided to wander off in the opposite direction. He didn’t care about the voices that spoke to him, policeman and people on the bridge above. He couldn’t hear them and felt everything was slowing down so every single sound made no sense to him.

 The paramedics picked up Eileen first and she remained awake during the whole trip to the hospital. However, she wasn’t able to speak. She really wanted to answer the questions, she really wanted someone to know that it was all her fault and that she had been cheated on but nothing came out of her throat. Her heart was still hurting to much and, with morphine, she felt a little bit better and then fell into an uneven sleep in which she would imagine entering several room and in some of them Erika was with the other woman and in other she could see her parents or herself when she was just a little girl. She recalled her past times back then and how much she loved horses.

 The second person to get into an ambulance was Joanna. Her husband nowhere to be found, she had to board the ambulance alone after several men were necessary to pull her out of the car and then up into the ambulance. She was bleeding internally, as determined by the instruments used by the paramedics. The driver was ordered to rush to the hospital but only two minutes after that they told him there was no real emergency anymore. Joanna was stable but she had lost her child, so they didn’t have to be fast to save anyone.

 Matt kept walking until a distracted old man run over him. The car lifted him and pushed him to the side of the road. The old man didn’t stop to see what he had done. Matt lay there and then came back to his body for a while. And realized how miserable he was, he realized how sad he had been for so long and it was all because his life had failed to be what he wanted. He loved Joanna and the kids but he wanted so much more from life, so much more than responsibility.

 In the hospital, Eileen was put in the room next to Joanna, who got better quickly but got almost insane when she was notified about the baby. Then she learned, through a nurse, that Eileen was in the other side of the wall, so she tried to choke her with a pillow, because the nurse had told her it was Eileen who was to blame for the crash. It was the only way Eileen came back to the real world and the only way Joanna could realize how ready she was to be a mother again, when she couldn’t be one anymore.


 Meanwhile, Matt lay there in the pavement. And cried too.