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lunes, 1 de mayo de 2017

No eres la persona apropiada

Palabras que he oído, o más bien leído más de una vez.
Me tienen cansado pero no haya nada que hacer al respecto.
Las tendré que oír una y otra vez, y más que eso,
hasta que las deje de escuchar o las ignore de alguna manera.

Elegí escribir en estilo de poesía hoy por capricho,
Pues no sé nada de poesía y se nota.
Pero me dio por este lado porque la frustración,
Toma formas que a veces no entendemos pero así son.

No prentendo que a nadie le gusten estas palabras
Pues la mayoría de las personas ya tiene la vida arreglada,
Sea por convicción propia o por la de otros.
Los felicito por eso.

Escribir no tiene porqué tener sentido y por eso he elegido hoy,
esta manera y por este medio, decirles lo que pienso y siento.
Pero lo que pienso no puedo revelarlo por completo,
Y lo que siento es imposible hacerlo entender con exactitud.

Volviendo a lo anterior, tengo que decir que he decidido,
Con mucha convicción y con pocas opciones,
Que no puedo vivir así para siempre
Pero que tampoco puedo darme por vencido.

Eso de darse por vencido tiene muchas maneras de ser,
Así que si lo hago debo de tomar el camino más fácil,
Porque no tendría mucho sentido dejarse vencer
De una manera que lo desafie a uno una vez más.

Ya ni sé lo que estoy diciendo, nunca lo tengo claro.
Lo que si es como un cristal, sincero y simple,
Es el hecho de que no sé que hacer y al mismo tiempo
Sé perfectamente cual es la única manera de salir de este estado.

Ojalá fuera tan simple todo, como con los demás,
Porque o todos lo tienen simple o todos son actores excelentes.
No me importa porque al fin y al cabo no viven mi vida,
Que es la que me interesa por obvias razones.

Además está eso de imaginarme cosas cuando me voy a dormir,
Y eso no puede ser sano, de ninguna manera.
Sobre todo cuando no hay razones para tanta soñadera,
Ni por mucha imaginación que tenga y tengo.

Sentir el calor de otra persona sería lo mejor
Pero no quiero arrastrar a nadie a mi mundo.
No sería justo hacer algo así, pues nadie más tiene culpa.
Prefiero ser solo yo que cargar con peso extra.

 Hay quienes dicen que eso no es decisión mía,
Que el amor llega así de una manera que uno…
El caso, que llega y ya. Pero es todo mentira.
Nunca sucede en lo que uno no cree.

Eso del amor a primera vista, o como le quieran llamar,
Es un montón de babosadas para darnos esperanzas.
Supongo que yo ya no tengo de esas.
Y al fin fin y al cabo, ¿a quien carajos le importa?

Ciertamente no a mi. No puedo dejar que todo importe,
No demasiado pues es un arma de doble filo.
Ni el amor ni el trabajo ni nada puede llegar tan hondo,
Pues si eso sucede podría ser fatal o peor.

Puede que eso suene demasiado dramatico,
Pero yo que culpa tengo que si así son las cosas.
Y no me molesta serlo pues es lo que hay,
Y soy bueno exagerando y con las tonterías.

Ese mundo de los sueños al que me meto seguido,
Es uno que me da un lugar tranquilo que visitar.
Creo que es necesario para no enloquecer,
Para poder persistir, seguir aquí.

No los aburro más con todo este sin sentido.
Elegí este día festivo para escribir así, raro.
Raro para mí en todo caso.
Espero que no haya sido demasiado.

Y bueno, si fue demasiado, ustedes tomaron la decisión.
Ahora ya saben que se siente.

miércoles, 15 de junio de 2016

Las pequeñas cosas

   La gente no sabe nada. La gente no tiene idea de lo que significa algo para alguien más, de lo que algo insignificante puede simbolizar para alguien que no tiene tantas cosas alrededor. Puede que sea cierto el hecho de que, en el mundo de hoy, se le ponga atención a un montón de cosas que la verdad no tienen nada de importancia. Pero así son los cambios, así son las nuevas olas que vienen a reordenar todo lo que no estaba bien ordenado. Porque las cosas que son estables y que tienen sentido no tienen porqué cambiar con el tiempo. Eso es evidente.

 No sé de qué estoy hablando y al mismo tiempo siento algo de rabia. Me siento un poco susceptible, tal vez por el virus que tengo en el cuerpo. O tal vez sea porque estoy solo y me siento solo y todo me hace sentirme cada vez peor. Siento que me atacan de un lado y de otro, siento que no quieren dejarme un piso sobre el cual caminar y es entonces que me pregunto: ¿que fue lo que hice?

 Sinceramente no sé que hice, a quien, como o cuando. No tengo la más remota idea si es eso o es que tengo complejo de persecución y en verdad no ha pasado nada como eso. Tal vez soy solo yo que creo que todos vienen por mi pero tal vez la realidad de las cosas es más evidente y recurrente de lo que pienso en primera instancia. Tal vez no se trata de nadie más sino de mi. Es decir, estas cosas pequeñas que me afectan tanto puede que sean mi culpa, incluida el virus que tengo.

 Ya me está doliendo la cabeza de nuevo, un poco detrás de los ojos. Me duele al tragar y también me duele el cuerpo, los pies y todo lo demás. Sin embargo cocino y hago ejercicio, trato de no encerrarme y hacer nada pero creo que podría ser una buena opción si las cosas siguen como están. Esas cosas pequeñas, eso que va pasando poco a poco, va rompiendo lentamente la resistencia de las personas, como las olas del mar rompen los obstáculos que les ponen.

 No puedo pensar bien. Ni siquiera sé si tiene sentido lo que estoy pensando. No sé si alguien me persigue o si todo es culpa mía. La verdad no tengo problema con que todo sea culpa mía pues no me sorprendería tampoco. No soy tan importante como para que alguien me siga y quiera destruirme. Soy tan insignificante que me daría risa que alguien se dedicara a destruirme a mi cuando hay mejores rivales.

 Me duelen los oídos también pero eso es porque me los tapo para dormir. No soporto el ruido de la gente en la mañana y no me gusta que me nieguen el derecho a dormir. Ya tengo suficiente con no poder dormir yo, no necesito que nadie empeore esa situación. Tal vez la falta de sueño tenga que ver con todo esto. Tal vez deba dormir más…

 Pero eso hice ayer. O traté de hacerlo, al menos. La verdad es que no cambió nada. Da igual si duermo o no, si me pongo sobre mi cabeza o me siento a no hacer nada. Parece que no hay cambio pero sin embargo las cosas pequeñas sí cambian y me saca de quicio. Me duele un poco y lo reconozco pero como no sentirse mal por algo que ha estado ahí por tanto tiempo y ahora ya no existe. Es una lástima completa.

 Antes tenía un lugar al cual acudir cuando me sentía mal, cuando quería que me subieran el animo. Después pasé a otro y ahora tampoco lo tengo. Creo que son lugares comunes que necesito, en los que me siento cómodo. Pero ya no. ¿Como sentirme cómodo de donde me echan? Eso no tendría ningún sentido. Creo que me he quedado sin ese rincón que solía necesitar o tal vez todavía necesite. Creo que ya no lo tengo y no sé si todavía me importa, es muy pronto para saberlo.

 Lo que más me preocupó, de entrada, fue recuperar todo lo que había construido. Al menos sé que eso, parcialmente, está a salvo. Y digo parcialmente porque no es por completo. Algunas palabras se han perdido, algunas conexiones que existían y ya no están. Ya no volverán a ser y se habrán perdido para siempre. No creo que importe pues esas cosas cambian todos los días y no se mantienen estables jamás, a lo largo de ninguna de nuestras vidas.

 Tal vez le estoy dando demasiada importancia pero no lo sé. Como acabo de decir, apenas lo estoy procesando. Apenas estoy asimilando que hay una parte de mi que está furiosa, hay una parte de mi que tiene rabia. Pero también quiere volver a comenzar, quiere volver al ruedo y reiniciarlo todo de nuevo.

 Pero de eso no estoy seguro. Yo no soy como aquellos que dicen que si fallas una vez lo intentes una y otra vez hasta que aciertes. A mi eso me parece una tontería. Si solo fallas una vez e intentas de nuevo y vuelves a fallar, es hora de salirse del camino y dejar que atropellen a alguien más. Me parece que es lo más sensato que se puede hacer. Hay que saber rendirse en algún momento, saber cuando parar.

 Y creo que esta es una de esas oportunidades que me gritan: “¡Para!”. Y creo también que es hora de escuchar. Al menos por ahora no tendré el mismo empuje, las mismas ganas de hacer las cosas, de ir por ellas y de mostrarme orgulloso ante todo. Ya lo he hecho y lo único que ha respondido el mundo es que no le interesa en lo más mínimo lo que yo haga o lo que no haga. Al mundo no le importo pues somos demasiados y no tendría el mínimo sentido.

 Eso no significa que no haya gente a la que le importe. Claro que la hay. Pero todos sabemos que eso casi nunca es suficiente, siempre queremos más y más. Incluso yo, que no me considero una persona con ambición, quisiera que algo más de gente me apreciara o viera cosas en mi que yo no haya visto, con en las películas. Pero esas películas son inventos, son bonitas ilusiones que no reflejan nada la vida real de las personas. Son artificios que sirven solo para distraernos de nuestras aburridas vidas reales.

 Creo que por eso me gusta el cine. Porque me gusta sentirme engañado y hay engaños que son muy efectivos y saben llegar directo al alma. Algunos están tan bien hecho que es un placer contemplarlo y disfrutarlo, solo o con compañía. Yo casi siempre lo he hecho solo pero en ocasiones también con otra gente y, en esos caso también, las expectativas pueden variar bastante. En fin, todo el mundo es distinto.

 Por eso a algunos les dará igual lo que me pasó hoy a mi. Es ridículo despertar y ver que una parte de tu mundo, una pequeña parte, ha cambiado y las consecuencias que eso tiene para todo tu pequeño planeta, para las tontería que crees y en las que no crees nada, lo que piensas y lo que no y todas las variables que existen. Es todo un chiste que muchas veces no tiene la mínima gracia. El punto es que no es lo mismo para todos, de eso estoy seguro.

 Algunos caminarán derecho y pensarán: “¿Bueno, y a mi que me importa?” y seguirán su paso firme hacia delante, como siempre. Para otros será el fin del mundo e incluso derramarán lágrimas y se echaran a morir durante un tiempo sobre sus camas o en el mismo suelo. Tendrán recuerdos claros con esas pequeñas cosas y los tendrán en la mente como una de esas películas, pero con un guión todavía mucho más dramático y mucho menos pulido e interesante.

 En mi cabeza no sé qué pasa. El dolor de garganta que tengo hace una semana tiene la primera fila pues parece que se le da la gana de irse y eso me da miedo de verdad. Me pone a pensar como un loco y no quiero ponerme a pensar porque puedo llegar a conclusiones alarmistas que ahora mismo no me sirven de nada.


 Y además está todo lo demás, todas las otras cosas en las que tengo que pensar por estos días, por estos tiempos, y la cabeza no me da para tanto. Las pequeñas cosas son una patada fuerte en mi zona más vulnerable pero son cosas que pasan y que el tiempo se lleva como cuando se barren el polvo de la casa. Todo es polvo en esta vida, incluidos nosotros. Así que, sea o no sea nada, debo seguir porque me toca.

martes, 3 de noviembre de 2015

El mejor lugar de la Tierra

   El hotel era enorme, con varios pisos de habitaciones, numerosos espacios de ocio y una vista hermosa sobra la bahía. Incluso tenía playa privada, algo poco común para la zona. La gente solo tenía que tomar sus cosas y bajar al lobby y a dos pasos tenía todo lo que podía ofrecer esta región. Porque monumentos históricos, museos y demás, la verdad no había. Todo eso estaba en ciudades o pueblos a unas horas de distancia en automóvil. Donde estaba el hotel era un balneario que había nacido precisamente por el bien del turismo y por ninguna otra razón. Quien iba allí, solo se quedaba en su hotel y rara vez salía de allí, a menos que fuese a visitar alguno de los enormes centro comerciales disponibles para que la gente se diere una vuelta y comprara lo que fuera.

 En la noche, era de las pocas ciudades de la región que no descansaba. Dedicada al ocio, la ciudad tenía cientos de discotecas de todo tipo y para todo público, así que siempre estaban llenas de gente, en especial si era fin de año o mitad de año. Esas temporadas eran las de mayor agitación. Ya en otros meses el movimiento bajaba pero todo seguía abierto y partes de la ciudad se convertían en un pueblo fantasma. Calles peatonales hermosas y playas adecuadas al menor detalle eran terrenos para que el viento jugara con alguna bolsa de papel o de plástico, pero nada más que eso. En eso meses bajos la gente se quedaba más en sus hoteles y eran pocos los turistas interesados en una ciudad tan artificial y sin ningún interés fuera del comercio.

 Era bastante especial imaginar, en una de esas noches locas de fin de año, todo lo que pasaba en el mismo momento en esa ciudad. En un solo hotel, sucedían cosas que nadie se imaginaba, desde orgías en uno de los pisos más altos hasta fiestas de cumpleaños para bebés en una de las pequeñas salas de conferencias. Si en una habitación había alguien predicando la palabra como si estuviese frente a miles de feligreses, en la siguiente algún adolescente se masturbaba con alguna de las decenas de canales pornográficos disponibles. Si alguien estaba comiendo solo en la cama, dos pasos más allá había alguien muriendo, tal vez por su propia mano o tal vez asesinado por alguien con envidia.

 El caso era que este balneario había sido construido sobre la premisa de permitir y posibilitarlo todo para los turistas, no dejar nada de lado y no juzgar a nadie por nada. La idea era ofrecer y que hubiera quién comprara. Había cosas ilegales, claro, pero se conseguían y era increíblemente fácil.  Los trabajadores de hoteles, casinos, parques temáticos, centros comerciales, restaurantes, discotecas y demás, habían aprendido a no juzgar a nadie y a aceptarlo todo con tal de que viniera atado a un precio en metálico y ese concepto había hecho de la ciudad en la bahía, una de las urbes más ricas de este lado del mundo.

 Claro, había muchos en la lejanía, que la condenaban como un lugar de perdición y de libertinaje. Pero la realidad era que había sitio para todos allí. Como podían reunirse miles de doctores para conferencias médicas relacionadas a mil y una enfermedades, también había retiros espirituales en hoteles situados a las afueras, había adolescente enloqueciéndose en grupo en verano o parejas de ancianos que venían a disfrutar de sus años dorados en las blancas playas de la zona. Todo podían venir y nadie podía condenar pues tenían espacios particulares para cada uno. Nada se transformaba ni cambiaba sino que estaba muy bien dividido y repartido. Por eso en temporada baja había zonas solitarias que en otras épocas del año estaban vibrantes de alegría.

 Eso sí, había policía y demás fuerzas del orden. No era un paraíso por completo y si hacía alguien algo reprobable, como matar, se le condenaba de la manera más dura y rápida posible. Esto era así porque no querían tampoco mostrar que era un lugar que lo perdonaba todo porque incluso en el cielo existen los limites. La policía era la más eficiente de la región, con los mejores equipos y la mejor gente trabajando para que las personas se pasaran su tiempo divirtiéndose y no preocupándose por cosas que ellos podían manejar a la perfección. Eran muy bien seleccionados para sus puestos y estaban listos siempre para reaccionar incluso antes que los mismos criminales.

 Eso sí, juzgados no había. Todo el que iba a ser procesado debía ser enviado a otra ciudad donde estaban los juzgados para la ciudad en la bahía. Era una situación muy particular que las cortes de una ciudad quedaran en otra pero esto era resultado, claro como el agua, del poder que tenía el dinero. Básicamente, los gobernantes del balneario controlaban la región y hacer que otras ciudades hicieran lo que ellos querían era bastante fácil pues cualquier interacción beneficiaba a ambas partes. No había nadie que se quejara, al menos no en voz alta, de estas transacciones. Menos aún con los millones que iban al bolsillo de todos un poco cada año. No parecía lo óptimo, pero lo era.

 Así era con varias cosas como la basura o el tratamiento de aguas residuales. Todo eso se hacía lejos, en poblaciones satélite que los turistas jamás veían. El aeropuerto había sido construido de camino a ningún lado, por lo que quién llegaba por aire solo veía una carretera perfecta muy bien decorada. Desde el aire posiblemente viesen un poco más pero incluso los planes de vuelo estaban hechos para dar vista al increíble balneario y no dar mucha cancha a que la gente viese lo que había más allá. Si querían visitar otras ciudades, habían buses pero no eran muy utilizados. Para que ir a otro lado cuando todo estaba allí.

 Claro, había gente que llegaba y se quería ir ahí mismo. Todos aquellos disque artistas que se peinan su imaginaria barba y creen que todo lo que sale de sus bocas y cerebros es oro, todos ellos odiaban o al menos fingían odiar al pobre balneario. Había escritores que informaban de sus oscura realidad e incluso poetas que condenaban a la pobre ciudad a ser algo menos que Sodoma y Gomorra, solo que con niños y parques acuáticos. Los músicos, siempre los más eclécticos, amaban en cambio el choque y el desastre que era la ciudad para sus sentidos. Y los cineastas trataban siempre de recrearla, en todo sentido, pues rodar en la ciudad era algo que no muchos directores se podían costear. Incluso para todos ellos había lugar, así no lo quisieran.

 Era gracioso ver la evolución de alguien que se quedara por más de una semana: los primeros días con su uniforme. Esto quiere decir con lo que usa siempre en casa. Se veían los sombreros anticuados de los “hipster”, los pantalones anchos de los “skaters”, las ropas negras de los góticos y demás atuendos particulares. Pasada solo la primera semana, todo eso ya estaba en una maleta y el uniforme cambiaba diametralmente: chancletas, bermudas y camisetas de tela delgada. Eso sin contar los vestidos de baño que existían en todas formas y colores en el balneario y se podían ver en las playas con facilidad. Incluso habían una playa nudista por si el cambio de vestuario había sido extremo.

 Sin duda, era un lugar muy particular de este mundo. La gente se convertía en alguien más allí. La mayoría de las veces se puede decir que eran mejores versiones de si mismos pues, como la ciudad no juzgaba, a ellos eso se les pegaba y empezaban a no juzgar. En esos momentos era cuando se veía en la calle conversaciones entre personas que en otros contextos jamás se reconocerían una a la otra e incluso relaciones amorosas y sexuales entre gente que jamás cruzaría caminos en ningún otro lado del mundo. Eso sí, todas esas relaciones amistosas casi siempre morían allí mismo, fuese en el hotel o en el aeropuerto. Pocas sobrevivían el vuelo a casa, pero es que no estaban hechas para ello.

 Cuando las personas volvían a casa y se les preguntaba que tal era todo, siempre eran reacios. Era como si les diera vergüenza confesar que era el mejor lugar de la Tierra. No les gustaba confesar que la diversión pudiese tener tantas vías y que las cosas podían ser mucho más simples que en la mayoría de sus vidas. Se daban cuenta que era un lugar donde estaban felices. Tal vez demasiado cerca de un consumismo desenfrenado, pero auténticamente felices. Desde los que iban a comprar todos los días hasta los que iban a quedarse al campo nudista que quedaba en la periferia. Todos sonrían más allí.


  Debe ser por eso que la gente sigue promocionando al sitio a pesar de que nadie lo hace con argumentos de peso. Suele ser una recomendación simple que cada persona debe tomar como mejor le parezca. Y como la curiosidad mató al gato, la gente termina yendo simplemente por saber cual es el misterio del balneario de la bahía. Y el misterio es, al fin de cuentas, que no existe nada detrás de la cortina pues todo está a la vista y solo hay que decidirse a tomarlo.