Mostrando las entradas con la etiqueta inocente. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta inocente. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de agosto de 2015

Transformación

   La máquina funcionaba a la perfección. Pasando sobre mi cabeza, el pelo caía suavemente sobre el piso, formando un montón bastante grande. No había nada que hacer con ese pelo más que recogerlo todo y tirarlo. Pero vi la falta que hacía cuando me vi en el espejo y noté que la persona que me devolvía la mirada era un desconocido. Y no solo era por el nuevo corte de pelo que consistía en no tener ni un solo cabello, sino en todo lo demás. Mis ojos nunca habían estado tan rojos, me hacían parecer a punto de atacar. Además mi piel tenía un ligero tono amarillo, seguramente producto de esconderme por tanto tiempo. Me afeité al ras también y terminé así con la transformación que había estado buscando desde hacía un tiempo. Esto me haría ganar tiempo.

 Me quité toda la ropa y me metí a la horrible ducha del sitio, que estaba algo sucia y no daba buena espina de ninguna manera. Lo hice usando unas sandalias que había robado en la playa. La verdad fue que no me demoré mucho pues el agua estaba casi congelada. Solo quería quitarme de encima los pelitos que habían quedado así como despertar un poco mi cuerpo ante un día que se perfilaba como uno difícil. Tenía que decidir hacia donde debía seguir mi camino. El mundo no era infinito y si me quedaba quieto por mucho tiempo lo más seguro es que me alcanzarían y me había jurado a mi mismo que jamás iba a volver a una cárcel, prefería la muerte a semejante tormento.

 Me puse la única ropa que tenía y salí del hotelucho. Solo había pagado por una noche y no pensaba pagar más, sobre todo sabiendo que no tenía el menor deseo de quedarme en semejante moridero. Y no me refiero al hotel nada más sino al pueblo también. Era un pequeño lugar, no muy lejos del mar pero sin acceso directo a las autopistas nacionales. Así era que prefería los sitios, apartados. Lo malo es que la mayoría de esos sitios son una porquería, mírelos por donde uno los mire. Nunca entenderé ese extraño romance que existe entre la gente y los lugares apartados. Aunque también es cierto que detesto las multitudes, que tanto me ayudan cuando estoy tratando de progresar en mi viaje.

 Nadie dirá nunca que soy fácil de entender y la verdad creo que lo hago a propósito. Odiaría ser de esas personas que solo por algunos detalles son identificables en cualquier ciudad del mundo. En la calle, conté algunas monedas que tenía y me di cuenta que tal vez no tendría como salir hasta que vi un cajero electrónico y vi la posibilidad de sacar dinero. Pero no podía, porque o sino estarían allí en algunos minutos. Pero no tenía dinero para salir de allí, entonces que hacer? Entonces lo vi. Una presa fácil con automóvil. Eran un grupo de chicos que seguramente se habían desviado por algún problema. Pero ahora parecían dispuesto a salir de allí. “No sin mi” pensé.

 Me acerqué a uno de ellos y empecé a hablarle. Era una de esas personas fáciles de descifrar así que dije todo lo correcto: que era un estudiante de enfermería caminando por varios lugares sin mucho dinero. Pero que necesitaba estar de manera urgente en una ciudad cercana o sino habría más de una persona enojada conmigo. Todo esto lo hice cambiando mi lenguaje corporal, inclinándome un poco más de la cuenta, casi calculando cada movimiento de mi cuerpo. Porque sabía, desde el momento en que los vi, que los tres amigos eran homosexuales en busca de aventuras y yo no era un desconocido ante las aventuras. Ya había hecho mucho para avanzar en mi travesía y no me iba a detener por culpa de un pueblo metido en el culo del diablo.

 Mi técnica funcionó. En unas horas estuve en la ciudad y no pagué ni un centavo por ello. Lo único fue que tuve que estar a solas con cada uno de los chicos de ese auto. No me importó aunque sí les exigí protección, por obvias razones. Mi idea no era morir antes de lograr escaparme entre los dedos de la “justicia”. Cuando estuve en la ciudad, decidí arriesgarme y saqué dinero por ventanilla de mi cuenta privada. Las otras las habían cerrado pero esta no la conocían. De nuevo, cambié mi ser al sacar el dinero, fingiendo ser uno de esos hombre que coquetea con lo que se mueva. Era increíble lo fácil que las personas ignoraban mi aspecto y decidían creer lo que fuese que yo quisiera que creyeran.

 La joven que atendía en el banco estaba tan encantada con mi mirada y mis piropos gastados pero bien usados, que no recordó sellar mi recibo por lo que no quedó registro de la transacción. No siempre podía hacerlo pero el hecho de que había salido así era una buena noticia para mi pues había sacado suficiente dinero para seguir fingiendo ser  muchas personas excepto yo mismo. Lo primero que hice fue ir a comprar ropa para tener variedad y así poder hacer lo que hacía con mayor efectividad. Me compré una mochila algo más grande y después celebró mi pequeño triunfo con una cena deliciosa para mi solo. Era extraño pero estaba más feliz que en ningún otro momento de mi vida.

 Decirlo o pensarlo era triste por era la realidad. Mi niñez, mi adolescencia… Toda había sido una porquería pero en ellas había aprendido a mentir y a ser convincente. Después pude salir adelante pero fue entonces que todo recayó en mi y tuve que escapar. Yo no creo en la justicia y no pienso lanzarme a los leones para desgastarme y perder el tiempo tratando de demostrar mi inocencia. Ya sé que lo tienen todo muy bien arreglado para fingir que investigan y hacen y piensan pero ya todo fue hecho y pensado. Si me atrapan, estaré condenado desde el primer momento y eso es algo que no pienso afrontar.

 Me arrestaron unos meses y luego me soltaron, nada más para tener algo de tiempo para encontrar mil y un maneras de inculparme. Esos meses me volvieron casi loco y supe que por nada del mundo debía volver a semejante lugar. No podía permitir, de manera alguna, que me arrastraran a las sombras con ellos. Así que lo siguiente que hice fue desaparecer, engañando a una tonta mujer que creía que yo estaba enamorado de ella. Si ella hubiese sabido lo que pienso del amor, rápidamente me hubiese lanzado a los policías sin piedad. La gente hace muchas estupideces cuando cree que hay posibilidades de no morir en soledad o de no poder cumplir sus más ridículos sueños. Yo ya no sueño porque no me da el tiempo ni el intelecto para semejantes estupideces.

 Al día siguiente de llegar a la ciudad, me di cuenta que debía acumular dinero para seguir así que me di tres días para acumular lo más posible. Luego compraría un pasaje de tren y cambiaría mi estrategia. Engañé a muchas personas en un solo día. No solo me acosté con hombres y mujeres, cosa que me daba lo mismo, sino que robé y mentí. Y todo con mi inconfundible don para transformarme frente a los ojos de la gente, que nunca miran donde deberían sino por encima de la realidad, porque ella los molesta. Cuando creían que era un niño rico de mamá y papá, me seguían como si mi palabra fuera ley. Pero cuando fingí ser indigente, era invisible, más que nunca.

 Al tercer día tuve una buena cantidad así que compré un boleto de larga distancia y me subí en el tren sin dudarlo un segundo. En la estación, sin embargo, tuve un encuentro con una sombra del pasado en forma de uno de los varios agentes de la policía que habían querido arrastrarme a la oscuridad de la cárcel. El tipo no estaba trabajando sino con su familia pero lo reconocí al instante. Recordé al instante como él había sido uno de los que había ensuciado mi nombre y había disfrutado un día que los guardias me habían cogido a patadas sin razón aparente. Era un animal y ahora fingía ser un hombre de familia honorable. Lo hacía mejor que yo el desgraciado.

 Se subió en mi mismo tren y tengo que decir que tuve que controlar mis impulsos. Mientras la campiña pasaba a toda velocidad por el lado de la ventana, caminé por el pasillo hasta llegar al carro donde estaban él y su familia. Tenía un hijo pequeño y su esposa era demasiado bonita para él. Seguí de largo, hasta el vagón restaurante donde tuve que arrodillarme para conseguir uno de los uniformes de los camareros. Esa noche le serví un trago muy especial a mi amigo policía y me perdí en la mitad de la noche, cuando el tren tuvo que hacer una parada imprevista, al producirse una extraña muerte en el vagón restaurante.


 Esa noche caminé y caminé hasta que me encontré con otro de esos puebluchos de mala muerte. Pero esta vez tenía que ser suficiente, al menos por unos días. Fingí ser un hijo de campesinos y rápidamente conseguí un trabajo en una de las más grandes granjas del pueblo. Me daban hospedaje y comida por mi trabajo, que era partirme el lomo todos los días ayudando donde fuese necesario. La verdad es que en ese momento me sentí de nuevo feliz, como cuando tuve el dinero para hacer lo que quería. Supongo que me siento feliz cuando logro algo. Una noche después de labrar la tierra, y de conseguir algunos cigarrillos, me senté en la oscuridad a fumar y a pensar. A cuantos más tendrían que matar para ser finalmente libre?

sábado, 4 de julio de 2015

El camino de Pedro

   Pedro había empezado a los dieciocho años, en un tiempo cuando no tenía nada de dinero para sus cosas y vio la necesidad de conseguirlo a como diera lugar. Él estaba solo en la ciudad, habiendo llegado del campo, y por alguna razón no conseguía trabajo. Cuando por fin consiguió, era para un hombre que podría haber sido clasificado como esclavista en una tienda donde, más que nada, se vendía contrabando. El trabajo de Pedro era el de mover cajas para un lado y otro y moverlas casi todos los días a diferentes bodegas por toda la ciudad. Esto era, supuso él, para despistar a las autoridades y que al tipo ese nunca lo cogieran. Pero lo hicieron y a Pedro se le acabó el trabajo. Había venido a la ciudad a tener una mejor vida pero eso todavía no había sucedido.

 Había veces, muy pocas, que sus padres lograban enviarle algo de dinero. Este apenas le alcanzaba para pagar el cuarto donde se estaba quedando. La comida y todo lo que no involucrara esa pequeña y mohosa habitación, tenía que pagarlo él como pudiera. Ayudaba en supermercados, en la plaza de mercado, de mensajero para el que fuera, en restaurantes como mesero temporal. Pero ninguno era un trabajo permanente lo que significaba que ninguno de ellos podría asegurarle nada en su vida. Había días que comía solo una vez y nunca era mucho de nada. Tal vez algo de arroz que le regalaba una vecina o un pedazo de carne que le regalaban de los sitios donde trabajaba o un pastelito o algo así que hubiera en una tienda. Con eso vivía o, mejor, sobrevivía.

 Una vez tuvo trabajo por dos semanas completas, yendo todos los días. Se trataba de una bodega que debían abastecer en ese tiempo. No sabía cual era el producto que guardaban allí pero no le interesaba saberlo. Solo trabajó duro y al final tuvo su primera paga en billetes y monedas. Obviamente no era mucho, porque todo el mundo le veía la cara de recién llegado, de inocente, y se aprovechaban de ello para no pagarle lo justo. Pero lo que él no sabía, no lo hería. Se alegró al ganar su primer salario decente y decidió ahorrarlo para tiempos peores que no demorarían en llegar. Tuvo que aguantar ver sitios de comida deliciosa y productos que le llamaban la atención. Era una tortura.

 Pero algo que quería hacer, desde incluso antes de llegar, fue ir a un café internet. Había oído de las computadoras y demás en su pueblo pero allí solo había un par en el colegio y apenas había podido tocarla. Decidió darse el gusto y pagó por una hora entera de antemano. A pesar de que no sabía nada al respecto, fue bastante fácil comprenderlo todo. En unos minutos estuvo en su elemento y pudo ver resultados del fútbol, noticias e incluso fotos de su pueblo que le hicieron recordar a sus padres y al olor del campo en la mañana, cuando ellos salían a trabajar y él se iba a la escuela. Extrañaba su campo.

 De repente, una ventana se abrió de golpe. Eran dos chicos y hacían algo que él jamás había visto. Después se abrió otra con dos chicas y al final una tercera donde un chico delgado miraba directo a la cámara, como seduciéndola. El afán de Pedrose disipó por un momento ya que el aviso decía algo de ganar dinero y la cifra que ponían era increíble. Había una palabra que no entendía pero no supo más porque uno de los encargados del café le dijo que el sitio no era para mirar esa clase de cosas. Así que lo sacó antes de que se le terminara la hora y Pedro quedó preguntándose que era eso que había visto. La verdad había sido una debilidad porque la cifra era increíble pero pensó que seguro habría mucho que hacer para conseguirla.

 Los días pasaron y, de nuevo, era difícil encontrar un trabajo decente. De nuevo le pagaron con comida o con algunos billetes que en verdad no alcanzaban para nada. En esos días, recibió una carta de su padre que le decía que por un mes no recibiría nada de dinero pues la cosecha pasaba por un mal momento y no tendrían como ayudarlo. La carta no decía nada más y eso hirió un poco a Pedro pero tuvo que tomarlo de la manera más madura de la que fuese capaz. Ahora debía sobrevivir como nunca y lo mejor era ponerse a trabajar. Como pudo, repartió volantes para un restaurante, pinto muros e incluso ayudó en una iglesia a matar algunas ratas que la infestaban pero en ninguno de los trabajos le pagaron algo decente, ni siquiera en la iglesia.

 Y entonces recordó de nuevo la cifra que había visto en la pantalla del computador y supo que debía saber más. De pronto no era algo tan malo como él pensaba. Decían que la internet ayudaba a la gente de muchas maneras en otros sitios así que podría ser su vía para una vida mejor. De sus ahorros sacó, con dolor, el pago de una hora en otro café internet, donde por la clientela, supo que no lo juzgarían por ningún contenido. Se hizo al fondo y trató de recordar que decía el aviso para buscarlo. Ya no recordaba la palabra que había visto pero decidió ser recursivo y escribió “chico desnudo”. La cantidad de imágenes que vio fue demasiado así que agregó la palabra “dinero”. Y entonces lo encontró.

 Era el mismo sitio que antes. Decían dar una muy buena paga por trabajar como actor y modelo. Daban un número de teléfono, un correo electrónico e incluso una dirección. Pedro había venido preparado y lo anotó todo en un papelito que tenía doblado en el bolsillo. Sin perder tiempo, le preguntó al encargado del sitio donde quedaba la dirección y el hombre le dijo como llegar. Para su sorpresa, no era muy lejos. Decidió caminar, en parte por lo cerca y en parte porque no tenía dinero para bus, y llegó en uso minutos. La dirección era de una casa vieja pero bien mantenida. Las ventanas estaban tapadas con cortinas y cuando golpeó, parecía que nadie iba a venir a abrir.

 Cuando por fin abrió un hombre alto y bien afeitado, le dijo que se fuera, que no era lugar para niños. Pedro le dijo que tenía dieciocho y que había visto el anuncio en internet. El tipo se le quedó mirando. Lo miró de arriba abajo y por todos lados hasta que le preguntó si sabía en que consistía el trabajo. Pedro negó con la cabeza y el tipo lo invitó a pasar. Le pidió que lo siguiera a un segundo piso, donde había varios cuartos pero todos cerrados. Ellos entraron a una oficina donde había pantallas y computadores y nadie más. El tipo se sentó y señaló a las pantallas. Y Pedro entendió lo que los chicos hacían. En la pantalla se veía a la perfección como se quitaban la ropa frente a una cámara conectada a un computador.

 El tipo le dijo que si quería entrar, la paga era más que generosa. Le dijo además que por su cuerpo y aspecto tal vez podría pagarle más. Con ropa y todo, el hombre veía que los músculos del chico eran bastante marcados, por tanto trabajo subiendo y bajando y cargando cosas. Además le dijo que a muchos les gustaba el niño con cara de inocente y sumiso, así que de pronto pagarían más por él. Si más gente lo pedía, más paga recibía. Pedro se sentía un poco abrumado y nervioso. El tipo lo miraba de una manera que no le gustaba pero él pensaba en lo que podía hacer con el dinero. Incluso podría ayudar a sus padres pero no sabía que hacer. El tipo le dijo que viniera al día siguiente y lo pensara esa noche. La decisión era difícil y él lo sabía.

 Esa noche, Pedro prácticamente no durmió. Pensó en todo lo que podría comprar, en los sueños que podría realizar con tanto dinero. Tal vez incluso estudiar algo, si ganaba lo suficiente. Lo bueno era que no tenía que estar con nadie en un cuarto sino que era solo frente a una cámara. Era como bailar pero sin ropa o algo así. Era muy raro pensar en eso y en gente que le gustaría verlo desnudo. Pero aparentemente la había, pues el tipo de la agencia, como decía llamarse, le había indicado que podría tener buena ganancia por su cara de inocente. En un momento se miró al espejo y se preguntó si en verdad se veía tan inocente y desvalido como le decían.

 Al otro día visitó la agencia de nuevo y le dijo al hombre que lo haría. Él le sonrió y le dijo que firmarían un contrato formal y le tomaría algunas fotos, tanto para el archivo como para la promoción. Todo fue muy rápido y confuso y al día siguiente ya estaba en internet. El mismo tipo de la agencia le mostró como se veía su imagen allí. Le dijo que era el momento de empezar y así fue como Pedro empezó en el mundo de la pornografía. Al momento tuvo mucho miedo pero pronto se dio cuenta que no había nada que temer. Le pagaban bien, lo trataban excelente y el dinero ganado le permitió mudarse a un sitio mejor y ayudar a sus padres en el campo.


 Con el tiempo, lo contrataron para hacer películas y tomarse fotos y demás. Incluso lo contrataron como modelo para ropa interior y cosas por el estilo. Pronto se le olvidó todo respecto a su inocencia y surgió entonces una cara de Pedro que ni él había visto nunca. Una cara más luchadora que nunca y que le hubiese servido cuando habían abusado de él en tantas ocasiones. Sabía que su trabajo no era muy normal pero eso no le importaba. A nadie hacía daño y sí le constaba que hacía muy feliz a muchas personas y que podría ser mejor que eso?