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lunes, 1 de agosto de 2016

Fantasmas del presente

   Al parecer la gente se odia a si misma. Al parecer la gente no soporta mirarse en el espejo y darse cuenta de que todo lo que tiene en frente es propio y que nada de lo que digan los demás importa. Sin embargo, no logro entender porqué las cosas son así y no de otra manera. ¿Porqué son autodestructivos y porque tratan de destruir a los demás? ¿Que es lo busca la gente haciendo que los demás sean miserables? La lógica diría que son ellos mismo miserables y por eso lo hacen pero no creo que siempre sea el caso.

 La gente es miserable por cualquier cosa y la única condición para que lo sean es estar tristes por una razón o por otra. Pero la tristeza no es excusa, estar mal en un momento no garantiza que se esté mal toda la vida y los demás no tienen porqué pagar por ello. Si estás triste, analiza tus sentimientos y lo que tienes adentro pero no hagas que lo demás se sientan miserables solo porque tu no puedes soportar al mundo de la manera en la que está hecho.

 Yo lo entiendo. A veces hay momentos en que queremos echarlo todo por la borda y no queremos que nadie nos hable, que nos miren o que susurren cerca nuestro. No queremos que el viento sople ni que el agua moje, que la gente camine o que los animales hagan lo que hacen. No queremos nada y a la vez lo queremos todo porque creemos que tener todo es lo mismo que ser feliz, que estar completo de alguna extraña manera. Pero siempre sabemos, en el fondo, que eso no es así.

 Creo que mucho de eso odio, ese rencor contra todos, nace sin duda de alguna inseguridad profunda en cada ser humano. Creo que reside en lo más hondo de cada ser, algo que se lo come vivo desde adentro, algo tóxico y asqueroso que la gente muchas veces nunca ve ni siente pero que a veces se manifiesta de las maneras más horribles para que nadie olvide su existencia. Creo que todos tenemos ese ser, esa otra criatura adentro, nadie es una excepción.

 Todos nos odiamos, todos tenemos problemas con algo o con alguien. Todos podemos ser capaces de sentir rencor contra los demás, de sentir cualquier cosa de hecho. Y ese puede ser un problema: no sabemos manejar esos sentimientos porque no tenemos las herramientas para comprenderlos. Ya sea porque nos criaron mal, y eso sí existe, como porque no nos esforzamos nunca por saber más del mundo que lo que vemos, es un problema grave.

 Y ahí están esas personas, que solo viven para ver a los demás quemarse en un mismo lugar. Viven para disfrutar con el dolor ajeno porque es la única manera en que pueden sentir algo, lo que sea. Jamás lo dejan de lado y jamás paran o se detienen.

 Muchas veces, estoy seguro, debe ser algo relacionado con el físico. Si quisiera ofender y ser igual de superficial que esta miserable gente, diría que si son hombres debe ser que es porque tienen un pene pequeño. Por alguna razón ese detalle siempre detiene en seco a un hombre, como un encantamiento mágico. Si es una mujer, la cosa se pone más compleja y hay que saber más del individuo pero siempre hay algo sensible, siempre hay un punto de ataque estratégico.

 La gente se siente mal frente al espejo. Yo me siento mal frente al espejo seguido y lo he hecho durante una larga cantidad de años. Para mi no es algo nuevo y vivo con ello sin problemas porque ya me acostumbré. A veces me veo allí y siento que no soporto estar allí de pie por más de un segundo, me odio porque me juzgo a partir de lo que ven y dicen los demás y no de cómo me siento. Mala cosa. Otros días es diferente. Me gusto mucho sin esfuerzo.

 Pienso que la gente de la que hablamos debe odiarse a si misma cada vez que se mira al espejo. Debe haber algo que los pone nerviosos, algo que simplemente los hace cerrar los ojos siempre que ven un cuerpo distinto, como si fuese algo pecaminoso o prohibido. Todavía hay gente que cree en estupideces de esas pero incluso la gente religiosa se puede dar cuenta que el cuerpo es lo que hay y no tiene sentido odiarlo ni aborrecerlo. Y sin embargo, ellos existen.

 Puede que sí sean los órganos sexuales los que los molestan o tal vez sea ver solo piel y nada más. Incluso, y esto es más posible aún, creo que les molesta ver que alguien esté tan seguro con su cuerpo. Puede que tenga algo que ver con la envidia, con algo que ellos mismos quisieran tener. Tal vez tienen el sueño reprimido de poder caminar desnudos por ahí sin sentirse inferiores o algo por el estilo. Me doy cuenta que entre más lo pienso, menos me interesan las razones.

 Eso será porque, entre más excusas existan, más trata uno de justificar las acciones de los demás pero no todos estamos justificados. Hay gente a la que se le debe llamar la atención y hacerle darse cuenta de que lo que hace está mal. Nadie tiene derecho a hacer que los demás se sientan como basura y nadie debería odiarse tanto como para destruir a otros por algo que tiene en la cabeza o que le falta.

 Pierdo el interés en defenderlos, en creer que son buenas personas a pesar de hacer cosas que me sacan de quicio. Son unos idiotas, superficiales e ignorantes. Eso pienso en este momento y creo que lo más probable es que sea la mejor descripción que haya hecho nunca te estos personajes tan tristes y patéticos. Ahí van más adjetivos.

 Se podrán excusar también en eso que llaman la moral, un concepto arcaico e inútil en el que la gente se sigue escudando para rechazar, selectivamente, comportamiento o hechos de la vida que no les gustan para nada. Es algo completamente ridículo porque es como juzgar a todos desde una pequeña, ínfima porción de lo que el hombre como especie conoce. Es como si eligiéramos, de todo el conocimiento humano, sólo lo que la humanidad aprendió en veinte años y usar eso para juzgar a todos los demás. Sin sentido.

 Dirán que es para proteger a los niños, niños que bien protegido no tendrían porque acercarse a lo que no deben. Se les olvida, tal vez que todos, incluidos los infantes, tienen tanto deberes como derechos. Eso de sacudirle a uno los derechos en la cara pero olímpicamente olvidarse de los deberes es simplemente asqueroso. Y se dicen conocedores de la vida y adoradores de lo que hay en ella nada más porque saben de la ley y el orden y de todo lo aparenta crear justicia.

 Tanto les gusta ese concepto, que la imparten ellos mismos. Por eso son peligrosos y unos lunáticos que deben ser detenidos antes de que pase nada. Eso es lo que se debería hacer con toda persona que cree un sistema alterno de justicia, cuando hemos convenido como sociedad humana que solo podemos atenernos a un código de reglas especifico y no a varios al mismo tiempo. Existirán otros sistemas, pero debemos atenernos al nuestro o sino todo es caos.

 Eso sí, que la gente crea lo que crea, que se vuelvan locos odiando y creyendo que su Dios, que su persona, que su familia o que quien sea tiene la razón. Que usen a sus niños como escudos, a sus mujeres como armas y a sus hombres como jueces, si es que no hacen daño, si no afectan a nadie y son como una de esas imágenes de museo que es graciosa porque ya es obsoleta.

 Así como esas piezas de colección, esa gente empezará a ser más y más escasa hasta que sean vistos como una curiosidad y luego ya no sean vistos más nunca. Eso es lo que necesita pasar, que conscientemente los hagamos a un lado si no están dispuestos a compartir el camino con nosotros. No se trata de ser amigos y darnos la mano y vivir juntos para siempre. Se trata de concesiones, incluso de respeto, más de tolerancia.


 Pero el mundo es un lugar podrido. Es un sitio vil que ha tenido el infortunio de ser nuestro hogar por tanto tiempo y lo será por más aún. Soportarnos será difícil pero al menos sabemos ahora que hay cosas por las que vale la pena vivir en paz y en calma y creo que esas son razones más que suficientes para tomar la iniciativa e ir extinguiendo a los fantasmas.

viernes, 1 de abril de 2016

Recorrido natural

   La idea de salir a caminar la había tenido por dos razones. La primera era que sus pensamientos lo acosaban. No tenía ni un segundo de descanso, no había ni un momento en que dejase de pensar en todo los problemas que se le presentaban, en lo que le preocupaba en ese momento o en la vida, en el amor, el dinero, sus sueños, esperanzas y todo lo demás. Era como una soga que se iba cerrando alrededor de su pobre cuello y no había manera de quitársela de encima.

 La otra razón, mucho más física y fácil de entender, era que al edificio donde vivía le estaban haciendo algunas reformas y el ruido de los taladros y martillos y demás maquinaria lo estaba sacando de quicio. Sentía que se había mudado, de repente, a una construcción. Y con todo lo que ya tenía en la cabeza, sumarle semejante escándalo no ayudaba en nada.

 Entonces tomó su celular (la idea no era quedar incomunicado), las llaves, se puso una chaqueta ligera y salió. Al comienzo se le ocurrió dar vueltas por ahí, por las calles que se fuera encontrando. Ya después podría volver a casa con el mapa integrado del celular. Pero ese plan dejó de tener sentido con la cantidad de gente que se encontró en todas partes. Parecía como si el calor de esos días hubiese sacado a la gente de una hibernación prolongada y ahora se disponían a rellenar cada centímetro del mundo con su ruido y volumen.

 Se decidió entonces por ir un poco más lejos, a una montaña que era toda un parque. No estaba lejos y seguramente no estaría llena de gente. No era una montaña para escalar ni nada, estaba llena de calles y senderos pero también de jardines y árboles y de pronto eso era lo que necesitaba, algo de naturaleza y, más que todo, de silencio.

 Cuando entró al primer jardín, como si se tratase de una bienvenida, se cruce con un lindo gato gris. Tenía las orejas muy peludas y se le quedó mirando como si mutuamente se hubiesen asustado al cruzarse en la entrada del lugar. Él se le quedó viendo un rato hasta que se despidió, como si fuese una persona, y siguió su camino. Ese encuentro casual le llenó el cuerpo de un calor especial y logró sacar de su cabeza, por un momento, todo eso que no hacía sino acosarlo.

 Ya adentro del jardín, había algunas personas pero afortunadamente no las suficientes para crear ruido. Se sentó en una banca y miró alrededor: un perro jugando, una mujer mayor alimentando un par de palomas y algunos pájaros cantando. Era la paz hecha sitio, convertida en un rincón del mundo que afortunadamente tenía cerca. Aprovechó para cerrar los ojos y respirar lentamente pero el momento no duró ni un segundo.

 Escuchó risas y voces y se dio cuenta que eran algunos chicos de su edad, no jóvenes ni tampoco viejos. Todos pasaron hablando animadamente y sonriendo. Estaban contentos y entonces uno de esos sentimientos se le implantó de nuevo en el cerebro. Sentía culpa. De no ser tan alegre como ellos, de no sentir esa alegría por ninguna razón. No tenía sus razones para ser feliz porque no sabía cómo serlo.

 Se levantó de golpe y decidió cambiar de lugar. Sacudió la cabeza varias veces y agradeció no tener nadie cerca para que no lo miraran raro. Caminó, subiendo algunas escaleras y luego siguiendo un largo sendero cubiertos de hojas secas hasta llegar a una parte del parque que era menos agreste, con un pequeño lago en forma de número ocho. Alrededor había bancas, entonces se sentó y de nuevo trató de contemplar su alrededor.

 Había dos hombres agachados, rezando. Patos nadando en silencio en el estanque y el sonido de insectos que parecía crecer de a ratos. Tal vez eran cigarras o tal vez era otra cosa. El caso es que ese sonido como constante y adormecedor le ayudó para volver a cerrar lo ojos e intentar ubicarse en ese lugar de paz que tanto necesitaba. Respiró hondo y cerró los ojos.

 Esta vez, el momento duró mucho más. Casi se queda dormido de lo relajado que estuvo. Sin embargo, al banco de al lado llegó una pareja que empezó a hacer ruido diciéndose palabras dulzonas y luego besándose con un sonido de succión bastante molesto. Trató de ignorarlo pero entonces la idea del amor se le metió en la cabeza y jodió todo.

 Recordó entonces que no tenía nadie a quien querer ni nadie que lo quisiera. De hecho, no había tenido nunca alguien que de verdad sintiese algo tan fuerte por él. Obviamente, habían habido personas pero ninguna reflejaba ese amor típico que todo el mundo parece experimentar. De hecho él estaba seguro que el amor no existía o al menos no de la manera que la mayoría de la gente lo describía.

 El amor, o más bien el concepto del amor, era como un gas tóxico para él. Se metía por todos lados y lo hacía pensar en que nadie jamás le había dicho que lo amaba, nadie nunca lo había besado con pasión verdadera ni nunca había sentido eso mismo por nadie. Hizo un exagerado sonido de exasperación, que interrumpió la sesión de la pareja de al lado. Se puso de pie de golpe y salió caminando rápidamente.

 Trató de pisar todas las hojas secas que se le cruzaran para interrumpir el sonido de sus pensamientos. Estuvo a punto de gritar pero se contuvo de hacerlo porque no quería asustar a nadie, no quería terminar de convertirse en un monstruo patético que se lamenta por todo. Trató de respirar.

 Encontró un camino que ascendía a la parte más alta de la montaña y lo tomó sin dudarlo. Su estado físico no era óptimo pero eso no importaba. Creía que el dolor físico podría tapar de alguna manera el dolor interior que sentía por todo lo que pensaba todos los días. Su complejo de inferioridad y su insistencia en que él era al único que ciertas cosas jamás le pasaban. Tomó el sendero difícil para poder sacar eso de su mente y no tener que sentarse a llorar.

 El camino era bastante inclinado en ciertos puntos, en otros hacía zigzag y otros se interrumpía y volvía a aparecer unos metros por delante. Había letreros que indicaban peligro de caída de rocas o de tierra resbaladiza. Pero él no los vio, solo quería seguir caminando, sudar y hacer que sus músculos y hasta sus huesos sintieran dolor.

 El recorrido terminó de golpe. Llegaba a una pequeña meseta en la parte más alta, que estaba encerrada por una cerca metálica. Todo el lugar era un increíble mirador para poder apreciar la ciudad desde la altura. Pero él no se acercó a mirar. Solo se dejó caer en medio del lugar y se limpió el sudor con la manga. Esta vez estaba de verdad solo y su plan había funcionado: estaba cansado, entonces no pensó nada en ese mismo momento.

 Sintió el viento fresco del lugar y se quedó ahí, mirando las nubes pasar y respirando hondo, como queriendo sentir más de la cuenta. Sin posibilidad de detenerse, empezó a llorar en silencio. Las lágrimas rodaban por su cara, mezclándose con el sudor y cayendo pesadas en la tierra seca de la montaña. No hice nada para parar. Más bien al contrario, parecía dispuesto a llorar todo lo necesario. Se dio cuenta que no tenía caso seguir luchando así que dejó que todo saliera.

 No supo cuánto tiempo estuvo allí pero sí que nunca se asomó por el mirador ni tomó ninguna foto ni nada por el estilo. Solo sintió que su alma se partía en dos por el dolor que llevaba adentro. Agradeció que nadie llegara, que no hubiese un alma en el lugar, pues no hubiese podido ni querido explicar qué era lo que pasaba. Tampoco hubiese querido que nadie le ofreciera ayuda ni apoyo ni nada. Era muy tarde para eso. Además, era hora de que él asumiera sus demonios.

 El camino a casa pareció breve aunque no lo fue. Ya era tarde y los hombres que estaban trabajando en la remodelación se habían ido. Al entrar en su casa, en su habitación, se quitó la ropa y se echó en la cama boca arriba y pensó que debía encontrar alguna manera para dejar de sentir todo lo que sentía o al menos para convertirlo en algo útil. Había ido bueno liberarlo todo pero aún estaba todo allí y no podía perder ante si mismo.


 Ese día se durmió temprano y se despertó en la madrugada, a esas horas en las que parece que todo el mundo duerme. Y así, medio dormido, se dio cuenta que la solución para todos sus problemas estaba y siempre había estado en él mismo. Solo era cuestión de saber cual era.

lunes, 21 de marzo de 2016

It

   Sitting by the windows was probably the only good distraction I could find, the only good way to think about something else and not about… Well, about It. I remember a movie where It is also a monster, but in that case the character is fiction, it just doesn’t exist. Yet, my It does exist and he lives inside of me, more exactly, inside my mind. That’s why the only safe place for me is here, by the window, looking down on the street, looking at people that shouldn’t be out of their home at this late hour. I followed them with my eyes, from the moment I see them on one side of the street to the other and I wonder if they have to be awake because of the same reason I am awake. It makes me feel less lonely to thank someone else understand how awful it is.

 I don’t really know when it began. For me, it’s difficult to put a date on it as I have never been good with handling time. That is an awful disadvantage and, in the past, I tried to fix it by wearing two watches at the same time and looking the hour on my cellphone every ten seconds. But that only made me unstable and people feared me, called me names and, with time, I couldn’t get any work or any friends. I was particular, but not unique or anything. I just can’t seem to understand how to be a normal person and I blame It for all of this. I know, I feel, he has been with me for far longer than I can remember and that It has influenced my opinion and way of behaving in the world. Yes, I’m somewhat insane, but it’s all because of It, I’m more convinced that ever.

 It started showing in nightmares just before I lost my first job. I believe I was working in an office that had to do with publicity and advertising and all of that. I spend long hours doing designs and drawing and writing and would only go to sleep if I felt I had it finished. But that wasn’t very often because I was never really satisfied with what I did. So sleep began to be more and more scarce and that’s why now, I don’t really care about not sleeping all that much. I’m used to now. Back then I drank lots of coffee and I liked to spend my nights in a well-lit room. Not anymore. Light bothers me because it reminds of what I’m not.

 When It first appeared, I didn’t realize it would be a problem. I mean, we have all had nightmares, night terrors. We have all been woken up, sweating and panting and shaking because our minds cannot decide if you have just experienced is true or false. My problem with It is that, every time I wake up, I happen to know it was all true, because it really hurts and because, sometimes, I can see It outside of my head. Some say I have really gone insane and some others beg me to go to a psychiatrist, thinking a shrink could manage what I have inside. But they can’t, they have no idea what I’m dealing with.

   Sometimes, It takes the form of a classical monster. Maybe a huge scorpion or a spider, maybe a creature I had seen when I was little in some cartoons or I don’t know where. Some other times, It is my family, my old friends and many other people that have come in close contact with me. The fact that It can be anyone, that It can manipulate me with my own memories and feelings, is what scares me the most. Once, I thought I was having a dream about my mother, cooking a delicious dessert she used to make when I was little. The dream was just ideal but in a second it turned into a nightmare. It was my mother and she became this hideous version of herself, blaming me for her death earlier that year, blaming me for not taking good care of her.

 Looking at the night rain, I remember that was one of the awful ones. I remember waking up screaming so hard that the neighbors thought I was being attacked in my own home. The police was called and that was the first time I was put in some kind of watch list. They have one where they put all the crazy ones; all the people that have a screw loose and that may just go insane in any second. From that day I was a lunatic and from that day too I became terrified of my own mind. It was inside of him, It was me and It wasn’t at the same time. Because I refused to believe, no matter what shrinks said, that every part of that nightmare had been created by my subconscious. No, that couldn’t be right, I just wasn’t capable of that but no one existed that could say the opposite.

 My nightmares occurred more and more often and after the third time the police came into my house, I decided not to sleep at all. I medicate it myself, buying or stealing what I needed. Sometimes the Internet was enough for me to have whatever crazy medication was good enough for me not to sleep. My quest for peace began there but, I just now there won’t be any piece as long as I have that thing in my head. Because I can feel It plan and think. It’s sickening but I really do believe someone else is in my body with me and it makes me sick and I don’t want to have any part of it but I don’t get to choose.

 It’s early, probably 5AM, I hear a hammer in the distance and I know it must be the downstairs neighbor that cannot apparently get anything right in his house. But that sound, as annoying as it can be, is at least the confirmation that I’m steal alive and well and awake. He could use that hammer all day long, on my head if he wanted too, and I would be the happiest man alive because it would mean I have the upper hand and not It, never It. I eat but not as much as I used to. Those days are quite over because I am quite done myself with everything. Now I just eat to keep on going, although I don’t really know why.

 Maybe it would be better for me, for my head too, to be in a crazy jail. But then, I would be in a cell with It, every single day of my life, and I wouldn’t be able to do it. I mean, I have already thought of ending it all here, not only to stop It from hurting me again but to end every single thing that happens to me everyday. Because, if I’m honest, this is no good life to live. I’m in constant fear of myself, I am afraid of things I haven’t even seen and I cannot control myself ever. My imagination, something that was my proudest characteristic, has been destroyed by this fight that hasn’t gone anywhere. I have sacrificed so much that I don’t think I have anything else to fight with. I’ve become an empty shell and, sometimes, I cannot feel anything.

 Looking at the city at early morning is somewhat relaxing. Even with a huge headache like the ones I always have, it is really nice to see that life beyond me keeps on going and that even if I’m fucked by my life, others are thriving and are finding happiness and hope and all of those good things most people talk about. I cannot feel happiness by myself anymore and my ability to smile has been greatly diminished after hours and hours of not been able to sleep. But I can say I would smile as I have never smiled before if I knew that, with me gone, It would be gone too. I have found myself laughing at that thought and although it makes me feel crazy, I don’t really mind feeling that. I am, anyway.

 I drink lots of coffee and smoke like a chimney, my hands trembling and my skin, that skin that used to be so soft and warm, it’s turning yellow. I am losing everything that I was, one small step every single day and, to be honest, I don’t mind. Because some of these morning I feel that maybe I am winning, even if winning means my death is coming soon. I feel It move inside, I feel It complain and try to make plans in order to survive what I’m doing but, surprisingly, I seem to be much more stronger than I ever imagine I could be. After all, it’s IT that’s inside of me and not the other way around. I control this thing, this body and soul and whatever else I have inside.


 It is mine and, ultimately, I am It. But it doesn’t matter anymore. I am far beyond trying to comprehend any of what has happened, any single part of my life that makes me go crazy. I have stopped looking for answers and trying to feel again, I don’t need to know why he was using them against me and why do I have It inside. I don’t need to know all of that anymore because I don’t give a fuck anymore. I’m screwed, I’m done, I surrender and there’s no shame in that. Because if I do that, It will go away. So I will die and It will die with me and we will burn in hell together and I will smile for the first time in ages because I have finally done something good on this wretched life.

lunes, 5 de octubre de 2015

The forbidden jungle

  The waterfall had always been a lonely place, as it was located deep within the jungle. No one would have ever reached it on purpose, instead stumbling into it by mistake. It was said that the waterfall and its lagoon had the capacity to change locations and appear wherever people needed them to be. Many explorers and escapees from a nearby prison wandered into the jungle and got lost for days. Many of them, to be honest most of them, where eaten up by the jungle, whether it was by the fiery creatures inhabiting it or by the secrets that lay beyond the trees and the mossy ground. There were no natives to the jungle that could tell anyone about what lived beyond the first few kilometres simply because no living being, at least of the human species, had ever been able to come back.

 In satellites pictures, the jungle appeared to be dark green and even black in some parts. And it was all trees and trees, no sign of any waterfall or lagoon, which was only none to those few that had wandered into the jungle and survived. But as said before, these people never left the jungle. Instead, they remained in there, slowly transforming into wandering souls that helped protect the jungle and the secret within it. People that suffered this faith would not suffer or deny their destiny. Once they realized why they should give up their natural lives, they gave it all willingly. After all, those who survived were always the best humans, the examples of what was good and admirable about the human race.

 Such a person was Captain Roma Tennant. When she entered the navy, so many years ago, her peers only saw her as one of the women of the ship. But they had no idea she was far stronger and more capable than any of the men that worked with her in any of the Navy’s vessels. She was always the most oriented and the fastest one, also having great skills for shooting. She was prized several times, always involved in missions of war but far from any real battle. When she was finally sent to it, she became easily traumatized. She saw the few friends she had made in the Navy died, blowing up next to her or simply falling to their knees, a bullet in their foreheads. Her mind, however, got to hold on.

 The bit of sanity that remained in Roma was enough to destroy one of the enemies’ battle stations, thereby giving a perfect position for support troops to launch an attack that would make them win the fight. They did win, after many more casualties and Roma was able to survive, killing even more men and hiding in a sewage pipe. She was rescued by her country and brought back home but the truth was that Roma had been devastated by her, her mind almost broken by images of flying limbs and blood tainting every single drop of water. Her recovery took many months and her family thought they had lost her forever.

 And, in a way, they did. When Roma was able to walk again and use her arms and speak, she told them that she couldn’t live in the city anymore, as the sounds there reminded her of the sounds of battle. Cars and cell phones and planes made her very uneasy, very nervous. So her solution was to go and live by the sea, buy a boat with the money they had paid her for her services in the military, and simply live a quiet life in the ocean. She had to win the respect of her fellow men, once again, by proving she could easily manage to control a fishing boat, a cargo ship and even a small ferry to transport people across a small stretch of water.  She did exactly that at first and then travelled across the globe, working in jobs not very different, trying to bring peace to her mind and food to the table.

 She went to every big port in the world but, as she had realized before, cities were not for her, not even their harbours and marinas. She would settle for smaller towns, where she could be around people that she could recognize every day. But that eventually gave her more problems as she was reminded of the many people she had lost in battle. After one of her episodes, she was institutionalized for several months. This time, she had no family nearby and no one apparently notified them of her state. She remained in her cell, receiving shock therapy, which they still thought would be of any good in the country where she was. Eventually, they let her go when they saw she was calmer, less violent.

 Roma left that country fast and ended up in Indonesia, where she established herself as a fisherwoman. The locals there were not very happy to see her, a woman, trying to compete with all the men. She felt so harassed, that she decided to move upstream, through a large river that crossed a huge jungle. There she would finally be alone and she would be able to have a decent life for the remainder of her days, no matter how many they would be. She then noticed that explorers, scientists from all over who saw the jungle as an incredible source of discoveries, frequently visited the region. They said that a new animal was discovered every six hours and a new plant every eight hours.

 It was hard to believe such tales but Roma decided it was business and she dedicated herself to tour the scientists up and down the river and even through some canals and streams she had discovered. All the foreigners that got on her boat always came back as she was more daring than most people of the region and they knew it was because she had seen more of the world than they had. For a couple of years, explorers became her friends and she would always be there to greet them and take them wherever they needed to do their research. She had fun doing it, as she felt at peace for once in her life and it felt good.

 That changed the day she met Alexander Epps, an American scientist that had heard tales of the forbidden jungle and arrived in the region asking loudly for someone to take him there. Everyone said no, even Roma. She didn’t know all the tales, but she did know that the region of the jungle he was asking to go was very tricky in terms of navigability. She was skilled enough to go, she was sure, but it was difficult to live there and ignore the stories she had heard, about teams of twenty people that left for the jungle and never came back. Boats that appeared out of nowhere in the river and people recognized them as the ones that had transported lost souls to that dark patch of the forest. Roma was an adventurous woman, but she was no fool at all.

 However, Epps was a scientist and his research had also dropped the name of Roma. How it was known she lived there now, was never truly explained. Nevertheless Epps came to talk to her and tried to convince her to take him to the forbidden jungle. He insisted for months and she always said no. But then, as intelligent and twisted as Epps had always being, he tricked Roma into watching some images and footage of the war she had been in. He bombarded her with information, facts and so on. Just as he predicted, she snapped. But before she could lose herself to her own mind, Epps convinced her that the only way to purge herself from everything was to make a good deed and that was to tale him to the jungle.

 The next day, she took his team of ten men in her boat and carried them upstream. As expected, the jungle grew thicker, until it was impossible to keep advancing by boat. She told Epps it was her time to return but he threatened her with a gun and made her walk in front of him. None of that mattered anyways as in only one night; all the men of the expedition would be killed. Roma had not seen such carnage, not even in war. There were gigantic snakes breaking the bones of men, jaguars that destroyed a person in minutes and huge birds with beaks that could poke out eyes in the easiest way possible. The last one to die was Epps, who was impaled by a shadow Roma had seen before.

 Alones and in the brink of insanity, Roma wandered through the jungle, trying to get out of there but knowing one of the beasts was probably waiting for her. She was getting impatient, asking for the jungle to eat her, to destroy her life once and for all. But then she heard the humming of the water and, some steps in front of her; there was a perfect lagoon and a great waterfall where she cleansed herself from everything. Even her memories seemed to leave her as she washed her body. And then, beyond the trees, she saw a light. At first she thought it was an animal but then she realized it had the shape of a human being. Whatever it was, it was asking her to come towards him.


 Slowly, Roma did exactly that. The entity was one of the many souls that lived in the forest, one of the oldest apparently. It took Roma by the hand and took her to a trip where she left her body and transformed into a better version of herself. They wandered all around the jungle until the spirit took her deep within the trees, beyond the killer animals and the poisonous plants, beyond the waterfall and its soothing waters. There, in a space covered by plant life, there was a rock. It was the colour of blood and looked harmless. The spirit invited her to touch it and, when she did, she felt complete. And she understood why no one that wasn’t worthy could ever survive the forbidden jungle.