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miércoles, 18 de enero de 2017

Están aquí

   Todo está bien. Desde la llegada de las criaturas, no ha habido de verdad cambios significativos. Esto puede no parecer coherente pero es un hecho: seguimos siendo los mismos a pesar de saber que están allí, aquí, a pesar de saber que no estamos solos en este vasto universo. Claro que la mayoría de nosotros nos quedamos mirando al cielo por horas y nos hacemos un sin fin de preguntas que tal vez nunca tenga una respuesta satisfactoria, pero la vida ha tenido que seguir igual.

 Los niños siguen yendo al colegio, los jóvenes adultos a las universidad y los demás al trabajo. Esa rutina no ha cambiado en nada pero sí las conversaciones que se escuchan en los pasillos de todas partes. Dentro de los seres humanos hay algo que se mueve y que quiere saber más pero también hay algo que nos impide dejarnos llevar por lo que nuestro instinto desea. Muchos quisieran saber mucho más pero simplemente no pueden y saben que podrían no saber manejarlo propiamente.

 Las criaturas están en lugares específicos, compartiendo espacios con científicos y otras luminarias del mundo. Unos tratan de aprender su idioma y otros quieren comprender como fue que llegaron hasta aquí. La búsqueda de respuestas es algo lenta pero cada cierto tiempo sucede un descubrimiento emocionante que hace parecer que la misión no es una perdida de tiempo completo. Muchos en el público desearían que todo se detuviera pero esas novedades eliminan la relevancia de sus deseos.

 Las criaturas han sido vistas por todo el mundo pero no parecen tener ningún deseo real de comunicarse con cada uno de nosotros. Por el contrario, parece que incluso se aburren de cuando en cuando y es entonces cuando se escuchan las noticias más extrañas como que alguien les quiere enseñar a bailar o simplemente les muestra una película para que vea algún aspecto fundamental de la cultura humana. Siempre que esto sucede, las criaturas parecen entrar en una extraña parálisis.

 Las razones para ello no son completamente claras pero lo que es cierto es que llevan aquí casi un año y los avances en el intercambio son mucho menores a lo que se desearía. Los que aprenden su idioma han preguntado una y otra vez: “¿Que quieren?” y “¿Porqué están aquí?”, pero las criaturas siempre responden con una frase confusa, algo del estilo de una evasiva humana pero en su idioma. No hay manera de presionarlos sin que se asusten o tal vez ataquen así que tras horas de frustración, siempre se vuelve a como estaba todo con anterioridad, sin apuro aparente.

 La cultura humana ya ha sido irremediablemente afectada por la llegada de estos nuevos vecinos. Las películas, los análisis filosóficos, la música, el teatro, la pintura y todas las demás artes han mutado y han querido incluir en si mismas una parte de lo que sea ha podido entender de la cultura de ellos. Al parecer también entienden el arte pero para ellos es algo más funcional que para nosotros. Han mostrado elementos antiguos de su civilización y su escritura parece ser esencial para el intercambio entre unos y otros.

 Los seres humanos nos apoyamos en nuestra voz, en lo que tenemos para decir y solo usamos la escritura como una muleta muy útil cuando queremos dejar algo más que claro. Ellos, por el contrario, utilizan su escritura casi como una manera de comunicación que va más allá de lo físico y tiene un nivel más allá, con sutiles cambios si un ser lo mira de un lado o de otro, o incluso con un estado de ánimo particular o no. Parece ser que su escritura es la base de sus avances como especie.

 Por supuesto, todo debe ser un intercambio justo y coherente. Por eso se les han presentado copias de escritura de todo el mundo así como elementos artísticos y de importancia cultural esencial para cada uno de los habitantes del planeta Tierra. La idea es compenetrar ambas culturas y que pueda llegar a existir, si no una convivencia, una comprensión completa de todo lo que es el otro y hasta donde puede llegar su civilización y cuales son los propósitos esenciales de cada una.

 Los avances parecen lentos y de pronto saltan en el tiempo de un momento a otro, gracias a un momento de claridad de uno de los científicos humanos a un segundo de autentica curiosidad por parte de los visitantes. Es extraño ver como, cada cierto tiempo, la noticia del día parece ser el haber aprendido algo nuevo el uno del otro. Es de una importancia máxima pero para el público de a pie son cosas que probablemente jamás lo afecten en lo más mínimo, en su vida personal o social.

 Las personas alrededor del mundo están fascinadas con lo que sucede pero la verdad es que la mayoría no tiene la más remota idea de cómo responder ante  todo lo que ha sucedido. Después de todo, han visto seres de otro planeta interactuar con humanos, han visto naves especiales estacionadas sobre las nubes y han aprendido una cierta cantidad de cosas que jamás creyeron que existieran en un lapso de tiempo relativamente corto. Es casi un milagro que los seres humanos no se hayan vuelto completamente locos después de tantas cosas nuevas.

 Pero así es. Seguimos aquí mismo, sin que nadie nos mueva de verdad del sitio que nos hemos hecho para aprender, crecer, vivir la vida y luego morir. No se ha detenido nada de eso desde que ellos llegaron y no parece que nada de lo que hacemos a diario tenga ninguna influencia en lo que sucede. Obviamente les interesa como vivimos nuestra vida y como entendemos el universo pero el hecho de que existan no tiene nada que ver con que nuestras responsabilidades siguen vigentes, como siempre.

 El dolor y el horror, la esperanza y el amor, y todos los sentimientos que hay entre esos, siguen existiendo sin ningún problema. Lo único que tal vez ha cambiado es la curiosidad innata del ser humano que parece ser ahora algo inevitable para cualquier persona viva. Nunca antes hubo tantos que quisieran dedicarse al entendimiento integral del mundo que nos rodea y eso por supuesto ha sido algo muy bueno para la ciencia, la que intenta desenredar todo esto que tenemos delante nuestros.

 Es interesante ver como la gente se ha vuelto más apasionada por las cosas que de verdad importan. Claro que unos se siguen matando por estupideces pero ahora hay como una insistencia en querer comprender todo lo que pasa a nuestro alrededor, y ya no es algo que solo las personas más educadas tengan en su interior. Ahora es algo generalizado que ha causado que incluso las personas con menos oportunidades quieran ser instrumentos para poder aprender más todos los días.

 Vivimos en un mundo emocionante, que quiere saber más pero que también mantiene los pies sobre la tierra. No es fácil pero nuestro mundo no se puede permitir detenerse como si nada. Seguimos necesitando alimentos, seguimos necesitando buena salud para poder aprender y emplear nuestros conocimientos para todos crecer juntos en un mundo donde las oportunidades sean más y para más de nosotros. Hay que seguir trabajando como siempre, caminando hacia delante y tratar de cumplir nuestras metas como seres individuales y como colectivo.

 Ellos siguen estando allí, por supuesto, y no parece que tengan ninguna intención de dejarnos en ningún momento. Muchos especulan que quieren de verdad aprender, que han sido enviados para poder hacer un intercambio real y sustancioso pero para hacerlo se necesita tiempo y construir puentes de comunicación resistentes a todo. Siguen habiendo muchas preguntas que salen de todos los rincones del ser humano pero la clave es tener paciencia y confiar en que todo saldrá bien.  Todo está bien.


miércoles, 19 de octubre de 2016

Cruzaron el cielo

   Como una explosión. Así fue como casi todas las personas que vieron el bólido pasar por encima de sus cabezas lo describieron. Iba a toda velocidad, cruzando el cielo dejando una estela blanca que parecía acumularse y quedarse allí quieta, como si un artista hubiese pasado un pincel con pintura blanca sobre el telón azul que era el cielo. Los que tuvieron la oportunidad de ver el espectáculo no se despegaron por un solo momento. Era una de aquellas cosas de la naturaleza que solo se podían ver una vez en la vida.

 O eso creían los habitantes de esa alejada región. Un mes más tarde, en la noche, más de uno salió corriendo afuera pensando que el país había entrado en guerra con algún otro país, aunque no hubiesen sabido adivinar cual. Otro bólido pasó por encima de un pequeño pueblo y tuvo la fuerza suficiente de romper varios vidrios con la onda de sonido que se escuchaba cuando la enorme piedra del espacio rompía la barrera del sonido allá en lo alto. Los restos cayeron en la misma región remota que la piedra anterior, después de un magnifico espectáculo.

 Los científicos del país decidieron organizar una expedición pues no era muy común que dos bólidos cayeran en la misma región de manera tan seguida. Si bien el fenómeno ya había ocurrido antes, hacía muchos años y muchos siglos, la gente no se acostumbraba a que piedras enormes cayeran del cielo y amenazaran con destruir su vida. El equipo de expertos se dirigió a la remota región de bosques donde se presumía que habían caído ambas rocas y se encontraron con la búsqueda no iba a ser tan simple pues, al parecer, los bólidos se habían internado bastante entre los árboles.

 Lo fácil era seguir el rastro de árboles devastados. Algunos estaban quemados ligeramente en la copa y otro habían sido completamente arrancados, como si manos gigantes los hubiesen tomado del suelo como si fueran zanahorias o algo por el estilo. La búsqueda demoró un poco más por la intensa lluvia que empezó a caer. Era tan preocupante el estado del clima, que se pensó en suspender la búsqueda hasta que dejara de llover. Pero no hubo necesidad de ello pues los científicos iban por lo que iban y no los iba a detener un poco de agua.

 Encontraron la primera piedra a los dos días de internarse en el bosque. La lluvia había ayudado a que se enfriara la roca, pues era la que había caído hacía más poco y todavía emanaba algo de calor. Tenía el tamaño de una pelota de futbol o tal vez un poco más grande. La sostuvieron con cuidado y la pusieron en una malla especial en la que sería transportada de vuelta al laboratorio. Pero primero tenían que buscar el otro aerolito pues no tendría mucho sentido irse de allí con solo uno cuando podían fácilmente encontrar el otro.

 La lluvia arreció y la búsqueda por el segundo aerolito se hizo más difícil de lo que todos pensaban. No solo por el hecho de que su rastro se había borrado después de varias semanas de caído, sino por la inclemente lluvia que traía consigo una neblina espesa y un frío insoportable que bajaba de las montañas como una serpiente enfurecida. El equipo iba despacio pues tenían que cargar la otra piedra para todos lados y eso entorpecía un poco el movimiento. Pero el jefe de la misión fue claro en decir que no se iría hasta al menos definir donde había caído la otra roca.

 La respuesta a esa pregunta llegó una mañana, más exactamente el día que se cumplía una semana de la misión. Uno de los ayudantes, un chico joven, se había apartado del campamento central para poder “ir al baño” pues no tenían ningún tipo de facilidades para hacerlo de manera más limpia y segura. Se apartó lo que más pudo y encontró un sitio que le pareció perfecto al lado de una pequeña laguna. Se bajó los pantalones y empezó a hacer lo que necesitaba hacer. Segundos más tarde, notó algo raro en la laguna: el agua parece hervir.

 Apenas terminó sus necesidades, corrió de vuelta al campamente y contó lo que había visto. Llevó al resto de los del equipo a la laguna y todos fueron testigos de cómo el agua parecía hervir lentamente. En un lugar no muy lejos de la orilla se concentraban las burbujas. Tuvieron que improvisar un traje de buzo pues no habían pensado en la posibilidad de que la roca especial hubiese caído en agua. Lo más importante era poder verificar con fotografía que el objeto estaba allí al fondo. Así que uno de ellos se vistió con una máscara y una cámara especial, sin ropa de neopreno.

 Se metió al agua y se hundió. Varias veces salió a hacer comentarios, pues no podía aguantar tanto la respiración. Decía que el agua estaba tibia, casi caliente alrededor del punto donde se veían las burbujas. Tomó las fotos que pudo y cuando las vieron en el computador se dieron cuenta que la roca que había en el agua era por lo menos dos veces más grande que la habían encontrado días antes. La conclusión unánime fue volver al pueblo, pedir equipo especial y volver lo más pronto posible, antes de que la piedra se hundiera en el frágil fondo de la laguna.

 Lamentablemente, tomó cinco días encontrar la maquinaria adecuada. Al final, se dieron cuenta que no podrían ingresar con dichas máquinas al bosque pues era reserva forestal. Así que eligieron utilizar un helicóptero. Dos buzos amarrarían una especie de malla alrededor de la roca y el aparato aéreo se encargaría de sacarla del fondo con solo fuerza. Era el modo más práctico que pudieron encontrar, aunque ciertamente no era el más barato. La universidad que los patrocinaba no estaba muy contenta.

 A los dos días se internaron en el bosque y cuando llegaron a la laguna se encontraron con algo increíble: el agua se había evaporado por completo y la roca yacía, humeante, en el fono de un lodazal increíble. No había ya necesidad de buzos sino de hombre ágiles que pudiesen caminar sobre semejante terreno para ubicar la malla alrededor de la roca. Cuando estuvieron en el fondo se dieron cuenta de otro problema: el aerolito estaba muy caliente, parecía haber aumentado su temperatura y no lo contrario, que sería la norma.

 Claramente era algo muy especial pues no era normal que después de cruzar la atmosfera y caer en agua, la roca siguiera caliente e incluso pareciese calentarse más. Afortunadamente, la malla que habían traído tenía cierta resistencia al calor. La ubicaron alrededor con ayuda de guantes gruesos. Lo más complicado fue levantar la piedra por unos segundos para poder pasar la malla por debajo. En ese trabajo se tuvieron que involucrar todos y cada uno de los miembros de la expedición que habían venido buscando el aerolito

El esfuerzo conjunto fue suficiente y pronto tuvieron la ropa bien envuelta. El helicóptero llegó pronto y bajó a una altura prudente para enganchar la cuerda que unía a la malla. Cuando se alzó, todo el mundo creyó que se llevaría la roca como si fuese una pluma. Pero pasó exactamente lo contrario: parecía que el objeto pesaba mucho más de lo que todos habían estimado. Tal vez tuviese un núcleo muy especial o tal vez no fuera una roca normal. El caos es que el piloto del helicóptero tuvo que hacer un esfuerzo especial para levantar el aerolito del fondo de la laguna.

 Después de varios intentos, el piloto logró alzar la roca unos cuatro metros en el aire pero se notaba que lo hacía con un gran esfuerzo. Por radio, le comunicaron que solo debía volar hasta el borde de la reserva forestal. Allí habría varios vehículos esperando por la roca para llevarla a la universidad, donde se le harían una gran cantidad de estudios. Antes de irse, los científicos tomaron muestras del barro del fondo de la laguna, por si lo necesitasen después.


 Una semana más tarde, las rocas estaban en la mitad del laboratorio más grande de la universidad. Obviamente, la atención se volcaba sobre la más voluminosa de las dos aunque habían descubierto que la pequeña llevaba rastros de algo que todavía no podían definir. Habían pedido ayuda de otros científicos alrededor del mundo pues había un descubrimiento por hacer, o varios, y necesitaban a los mejores para aclararlo todo. Las dos rocas serían la fuente de sueños para muchos y pesadillas para algunos. Pero claves en el futuro de toda la humanidad.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Esa casa en el barrio

   La casa crujió y tembló hasta que todos los ocupantes salieron corriendo hacia el patio delantero, se montaron en el coche y pisaron el acelerador a fondo para no tener que volver nunca jamás a semejante lugar de locos. La casa dejó de comportarse de manera extraña casi al instante y fue solo hasta el día siguiente, cuando los vecinos se dieron cuenta que los Jiménez no emitían un solo sonido, que se dieron cuenta que el lugar estaba abandonado. No era la primera vez que sucedía pues la casa solía estar desocupada y la mayoría de vecinos ya se habían acostumbrado a que era la casa embrujada de la calle, la casa que sus hijos debían evitar y aquella que siempre traería problemas para el barrio.

 Era un inmueble hermoso, pintado de un color amarillo cremoso y con un porche alrededor de toda la casa donde los hipotéticos moradores podrían disfrutar de alguna bebida fría en el verano o adornar con dedicación en la época de Navidad. No había vidrios rotos ni madera astillada. Tampoco había problemas en las tuberías, algo que solía para con frecuencia en casas viejas. Por dentro la cosa era la misma: todo impecable y cuidado con un esmero tal que parecía que la casa había estado habitada todo el tiempo desde su construcción cuando la verdad era lo exactamente opuesto. Mucha gente había vivido en el lugar pero, con el tiempo,  la casa decidía echar a los inquilinos sin razón aparente y al menos eso era lo que parecía suceder cada vez.

 Los últimos inquilinos sin duda habían sido pésimos vecinos: ponían su música a todo volumen y eran muy desconsiderados con el buen aspecto del barrio. No parecían ser personas muy decentes y casi nadie los saludaba excepto cuando era casi obligatorio hacerlo.  Por dentro mantenían la casa casi constantemente en un estado de caos con ropa y objetos por todas partes, restos de comida y una cocina que parecía un chiquero para los cerdos. Eran un grupo de personas que no apreciaban en los más mínimo el lugar donde habían terminado viviendo. Por eso a nadie le sorprendió cuando la casa los sacó corriendo un buen día en el que no se lo esperaban.

 Todos los objetos de la familia y su ropa, todo lo que no habían podido llevarse al correr, fue sacado días después por la inmobiliaria que les había alquilado la casa. Lo sacaron todo en cajas y fue un gran evento para todos los vecinos pues pudieron ver como un grupo de gente pagada sacaba todo y la casa no parecía molesta para nada. De hecho fue en un bonito día soleado en el que se pudo sacar todos los objetos de los últimos arrendatarios. La casa volvió a tener entonces algo de esa magia especial alrededor y pareció brillar para todos los vecinos a pesar de que era un punto negro dentro de su comunidad pues una casa imposible de alquiler no era algo que atrajera gente, menos si se decía que estaba embrujada.

 Con frecuencia venían grupos tras grupos de creyentes en un montón de ciencias falsas buscando por respuestas a preguntas que la gente normalmente ni se hacía. Nunca se quedaban por más de una semana y siempre venían con varios equipos para registrar sus descubrimientos, lo que era gracioso porque había que creer mucho en tontería para pensar que todo eso tenía un trasfondo real.

 A los vecinos ya les resultaba normal ir y venir y ver los enormes equipos que tenían las personas que revisaban la casa. Al parecer buscaban fantasmas o algún tipo de entidad espectral a la que se le pudiese atribuir lo hermosa que estaba siempre la casa y las expulsiones de inquilinos que se daban con cierta frecuencia. Siempre venían por fantasmas y terminaban en alguna emisora local hablando de sus creencias locas y de cómo estaban seguros que la comunidad tenían un bomba espectral al lado.

 Pero esa bomba jamás explotó. Si es que no se cuentan las expulsiones que habían pasado antes, vale la pena decir que no había razón alguna para creer que algo raro estaba ocurriendo allí. De hecho, todos los que habían salido corriendo jamás hablaban de ellos años después. Uno podría esperar que alguien sacara un libro o al menos se aprovechara comercialmente todo lo que pasaba con la casa, pero no pasaba nada de eso y la casa seguía tan bien erguida como siempre.

 No es raro pensar que posiblemente no hubiese nada malo con la casa, que en verdad ni hubiese ningún espíritu extraño ni nada por el estilo y que todo estuviese siempre en la mente de las personas. A veces los miedos irracionales se traducen en acciones un poco extrañas como salir corriendo de la casa en la mitad de la noche y no volver jamás. Lo único que no iba mucho con eso es que la casa solía temblar y eso no sabía nadie explicarlo muy bien.

 Los vecinos eran los menos interesados en resolver el misterio pues para ellos la casa ya hacía parte del barrio. No era lo mejor para el valor de sus hogares pues una casa maldita siempre baja el precio de las demás alrededor, pero en este caso el precio no bajaba casi pues la casa no era la típica ruina asociada con algún evento fuera de explicación, sino que se trataba de una casa con todo puesto pero con un problema de dejar vivir a las personas.

 Hubo algunos que quisieron adquirir la casa para poder usarla con fines comerciales pero eso jamás funcionó porque la casa echaba a todos los que venían a ver que podían cortar para dividir las habitaciones como en locales o algo por el estilo. La casa sabía lo que ocurría y simplemente no decidía hacer nada.

 Con el tiempo, el gobierno local convenció a la inmobiliaria que lo mejor para la comunidad y para la casa es que nadie volviera a vivir allí nunca jamás. Y eso fue lo que sucedió: el derecho sobre ese lote de tierra pasó a ser de la ciudad y con ese hecho la casa y sus jardines se convirtieron en un parque. La casa en sí está fuera de los limites para todo el mundo pues se quieren evitar accidentes peligrosos o momentos incomodos que puedan afectar aún más la calidad de vida de los vecinos.

 El parque fue muy bien recibido por todos y los niños adoraban jugar por el césped con frecuencia. Eso sí, la casa siguió siendo tan rara como siempre pues muchas veces los niños veían personas que desaparecían al instante o las ventas y puertas dentro de la casa daban golpazos fuertes de un momento a otro, como tratando de asustar a todo los asistentes al parque. Era como si la casa supiera que debía hacerse ver de vez en cuando.

 Era algo que los vecinos habían aspirado y, aunque los niños se habían asustado con justa razón durante las primera semanas, pronto se le s enseño que era algo normal y que no debían asustarse por algo que en ese lugar era lo más común del mundo. Eso sí, la mayoría de padres les inculcó a sus hijos que siempre tenían que tenerle respeto a la casa y al pasado que ellos nunca conocerían pues sabiendo ese pasado era la forma para poder aprender correctamente.

 Fue así que la casa maldita, embrujada o simplemente rara.se convirtió en un lugar muy especial para los habitantes del barrio. Con el tiempo ya nadie tuvo miedo y todas las visiones y los sonidos se volvieron muy rutinarios. La gente empezó a crecer con ello y fue tanta la normalización que los grupos de personas que creían que todo tenía que ver con fantasmas o algo así dejaron de venir porque ya no era divertido para ellos revisar una casa en un lugar donde a nadie le deba miedo nada.

 Nadie nunca supo porqué la casa había hecho todas esas cosas en el pasado. Nunca se supo porqué un lugar de residencia tenía un temperamento tan particular. Eso permaneció como un misterio absoluto para todos en la ciudad. Pero lo que no quedó como secreto fue la capacidad de lo bueno para hacer de todo algo mejor, mejores lugares y mucho más honestos.


 Hoy en día la casa sigue en el mismo sitio, con los mismos ruidos de siempre y sigue siendo parte de un parque que se ha ido extendiendo lentamente. La casa, sin embargo, sigue siendo su absoluto centro. La gente del lugar lo ignora todo y los turistas van a vivir una experiencia especial. Pero a la casa le da igual todo eso mientras que nadie entre y se sienta demasiado como en casa.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Insectos

   Desde pequeña, siendo nada más un bebé, Sofía ya demostraba su fascinación por el mundo de los insectos. Se sentaba horas en el piso jugando, donde la dejaba su madre mientras hacía sus quehaceres, y allí observaba a las variadas criaturas que cruzaban el suelo del patio de un lado a otro. Las primeros que observó fueron las hormigas, que le parecían puntos móviles. Luego fueron los escarabajos, mucho más grandes y vistosos y luego muchos otros como las cochinillas y las mariquitas. Incluso los que volaban sin previo aviso le fascinaban.

Cuando ya pudo caminar bien y sostener objetos, se dedicó a cazar insectos y a guardar a varios de ellos por algunas horas en tarros de vidrio. Solo los atrapaba un rato puesto que le parecía cruel dejarlos encerrados allí. Además, todavía no aprendía que comía cada insecto así que no sabría como tenerlos de mascotas.

 Las mariposas fueron su obsesión durante ese tiempo y no hacía sino dibujarlas. Cada vez que sus padres le pedían un dibujo o lo hacía su maestra en la escuela, ella dibujaba una mariposa. Eso sí, siempre era de colores diferentes y eran dibujos algo más detallados de los que haría normalmente un niño de esa edad. Sus padres la alentaban yendo al zoológico y al museo de ciencias donde podía aprender más sobre lo que le gustaba. Así, en cierto modo, empezó la carrera de Sofía como entomóloga.

 Sofía, con el tiempo, estudió biología y luego se especializó en la rama de los insectos, para lo que tuvo que irse a vivir a otro país, lejos de su familia. Los extrañaba mucho y hablaba con ellos seguido pero se olvidaba de su tristeza cuando iba a clase y aprendía sobre varios tipos de insectos que se habían descubierto recientemente. En clase, analizaban los hallazgos de varias expediciones, algunas sucedidas hacía tres siglos y otros hace tres meses. Era muy emocionante analizarlo todo y estudiar comportamientos en los insectos. Pero Sofía quería hacer ella misma los descubrimientos, en vez de analizar los de los otros.

Eventualmente terminó sus estudios y se inscribió en el programa de pasantes para una de las universidades que hacía más expediciones como en las que ella estaba interesada. Su objetivo era estar allí algún día, viajando a alguna selva pérdida al otro lado del mundo y descubriendo por cuenta propia varias nuevas especies para la ciencia. En secreto, incluso tenía el anhelo de que uno descubrimientos llevase su nombre. Le daba vergüenza incluso pensarlo pues se les había enseñado que la ciencia no podía basarse en la vanidad.

 Sofía solo quería hacer lo mejor para todos y trabajar para mejorar la comprensión del mundo acerca de los insectos.

 Fue elegida como pasante y lo celebró con una visita de sus padres, que la invitaron a cenar al mejor restaurante que encontraron. Además le reglaron libros sobre insectos, más que todo libros de hermosas fotografías tomadas a lo largo de varias expediciones alrededor del mundo. Sus padres sabían bien que ella ya se había leído cada uno de los libros científicos acerca de su tema favorito. Por eso le regalaron tres libros que eran más arte que nada más. Lo que más le gustaba de los libros era que los animales se veían vivos, se veían como eran de verdad y eso le encantaba.

 Cada noche después de volver de su trabajo como pasante, el cual era pago pero con un salario que todavía merecía la ayuda económica de sus padres, Sofía analizaba una de las fotos de uno de los libros durante una hora, anotando en una libreta todo lo que podía recordar sobre ese insecto. Era su manera de probarse a si misma que sí estaba hecha para el trabajo y que tendría mucho que mostrar cuando llegara la oportunidad.

 Lamentablemente, la oportunidad parecía no querer llegar. La primera expedición que organizaron se oía emocionante, era a la salva de la isla de Borneo en el sudeste asiático. Pero la universidad decidió no enviar a ningún pasante y solo autorizó que fueran algunos de los profesores que siempre iban. Al parecer era por un tema de seguridad. Sofía se sintió algo decepcionada, pero siguió su trabajo como si nada.

 Se dedicaba a estudiar especies nativas de la ciudad a ver como había evolucionado y mutado en los últimos cien años. La universidad llevaba un estudio acerca de cómo se amoldaban los insectos a las grandes ciudades, especialmente criaturas que no hubiesen sido ya muy estudiadas. Era interesante, pero Sofía solo pensaba en el día en el que pudiese tomar fotos como las que veía todas las noches en libros, al menos observar insectos que se viesen aún más reales que los de las fotografías.

 La segunda expedición fue hacia las Filipinas y el grupo que enviaron fue más bien grande. Sofía estaba tan emocionada, y tan segura de si misma, que no dudó que la elegirían para el viaje pues su dedicación al trabajo era ejemplar y sus informes siempre estaban más que completos, siendo los mejores que ningún pasante había nunca escrito.

 Sin embargo, no la eligieron y esa vez Sofía estaba tan histérica, que presentó una queja formal ante el comité que hacía las elecciones de pasantes. Básicamente, eran los científicos que iban a liderar la expedición y Sofía tuvo que enfrentarse a ellos para argumentar su posición y tratar de que pudieran cambiar de opinión. Pero era hombres mayores, muy obstinados, y le dijeron que su trabajo académico era demasiado bueno pero que podría no ser lo mismo una vez que estuviera en el campo y tuviese que hace mucho más que solo ponerse a escribir informes. Le dijeron que se necesitaba una vocación especial que no les parecía que ella tuviera.

 Para Sofía, esas palabras fueron como una bofetada. Ese día no volvió al trabajo luego de la audiencia ni tampoco el día siguiente o el resto de la semana. No pensaba volver nunca. Se fue a casa y se echó en la cama y no hizo más que estar allí echada, despierta o durmiendo. Esa semana evitó a sus padres y no quería saber nada de nada. Si la querían echar no podían porque solo era pasante y sus padres podían esperar.

 Decidió vivir un poco y un día se fue a una discoteca y trató de pasarlo bien. Hacía mucho no salía, puesto que sus amigas vivían lejos y durante su especialización no había tenido mucho tiempo para hacer vida social. Tomó bastante licor y bailó sola y acompañada, sin que le importase nada. Al otro día no supo como había llegado a casa, pero estaba bien y tenía todas sus cosas. Durmió bastante ese día y el lunes siguiente volvió al trabajo como si nada.

 La siguiente expedición planeada fue al desierto de Namibia pero Sofía no aplicó para ese viaje ni para el siguiente. Algunos de sus compañeros en los laboratorios se asombraron y le preguntaban si estaba bien y ella les respondía que sí, sin mirarlos a los ojos. Había decidido ser una científica de ciudad y dejarles la selva a otros que, al parecer, tener mejores capacidades para afrontar esas travesías. Ella se quedaría allí, analizando alas de mariposas muertas.

 Fue un día que llegó al trabajo que sintió que había algo extraño. Todo el mundo le sonreía como idiota y la saludaban. Incluso alguien fue más allá y la felicitó dándole la mano y diciéndole varias palabras de admiración. Pero Sofía no entendía nada hasta que llegó a su puesto de siempre en el laboratorio. En el lugar donde en días anteriores habían habido varios especímenes clavados con alfileres, esta vez había un informe de grosor medio, de tapa azul. Cuando llegó a su puesto leyó que ponía “Expedición Tíbet”.

 No había acabado de procesarlo cuando un joven científico entró al laboratorio y la felicitó. El joven no era tan joven pero sí mucho más que sus compañeros en las altas esferas. Había sido él el organizador de la expedición al Tíbet y él había elegido específicamente a Sofía para que fuese la única pasante del viaje. Es más, iban a ser solo cinco en total así que sería un grupo pequeño que debería trabajar duro todos los días para lograr los objetivos propuestos en el informe que Sofía apretaba con sus manos, todavía en shock.

 Meses después, escribía a sus padres desde Lhasa. El hotel era un asco pero no estarían mucho tiempo en la ciudad. Pronto seguirían el complejo trazado de su expedición que los llevaría un poco por todas partes en el Tíbet, desde el altiplano hasta las cumbres del Himalaya. Sofía había tenido poco tiempo para practicar sus habilidades de escalada pero según el profesor Kent, no habría problema.


 Sofía terminó el mensaje con un “te amo” y lo envío aprovechando el internet inalámbrico del lugar. Al rato vino uno de sus compañeros. Saldrían a cenar, para celebrar el inicio de la expedición y luego a dormir, para empezar de verdad con la primera luz del día.