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miércoles, 2 de diciembre de 2015

La esfera

   La esfera seguía caliente al tacto, aunque no tan caliente como debería de haber estado después de estar más de diez minutos en un horno de fundición. Era increíble como semejante objeto tan pequeño, liso y redondo se resistía a ser destruido, como si fuera mucho más importante que cualquier otra cosa en el mundo. Era una esfera dorada y pesaba en la mano según la persona que la cargara. Era algo muy curioso, pues ya había sido comprobado que muchas personas no eran capaces de levantarla del suelo, mientras que otros podían jugar con ella cómodamente.

 Nadie sabía de donde había salido el objeto. Uno de sus dueños pasados, un escritor especialmente curioso, se dedicó a trazar la línea temporal del objeto pero no llegó muy atrás y los que la tuvieron después se encontraron con el mismo problema. De hecho, la gente en el siglo XXI se las vio negras para descifrar su existencia, pues las huellas humanas no quedaban impregnadas en la esfera. Por mucho que la tocaran, así la mano estuviera fría o caliente, húmeda o seca, no había manera de dejar marca alguna sobre el pequeño objeto. Era como si se negara a ser contaminada.

 Y eso no solo era con las huellas sino en general. La esfera había pasado de un lugar a otro a través del tiempo, de estar en cofres señoriales a encerrada bajo vidrios protectores. Pero nadie podría haberlo sabido pues la esfera parecía tener una conciencia más allá de su pequeño tamaño. Nadie se lo explicaba ni se lo preguntaba pero no existían registros, en ninguna parte, de la existencia de dicho objeto. En ningún museo donde había estado había registro de la esfera, ni en colecciones privadas, ni siquiera en correspondencia electrónica. El objeto borraba sus pasos.

 Desde hacía mucho algunos de sus dueños habían notado como, si se le sacudía por un tiempo definido, se podía escuchar dentro de la esfera algo así como un murmullo. Era como lo que sucede con las caracolas en las que se puede oír el mar, aunque lo que se oye es el viento pasando por los diferentes compartimientos de la estructura. Pero la esfera no era una estructura, al menos no de manera visible para el ser humana. Y sin embargo se escuchaban esos extraños sonidos. Uno de sus dueños reflexionó diciendo que le sonaba como el mar y otro dijo que eran voces, no una, sino muchas voces hablando pero sin distinguirse.

 Hubo quienes usaron todo tipo de herramientas y métodos para poder abrir la esfera. La intriga a veces los volvía locos, y querían saber definitivamente que era lo que poseían y si había algo en el interior que cambiara su visión de lo que pensaban del objeto. Pero ni las armas más potentes ni los líquidos más nocivos fueron capaces de abrirla. Meter la esfera en una fundición había sido la idea de uno de sus desesperados dueños, pero tampoco había funcionado.

 La esfera cambiaba de manos con regularidad y no era que pudiera moverse sola o algo por el estilo sino que todos sus dueños tenían la costumbre de perderla o de morir inesperadamente. Muchos se castigaban diciendo que eran torpes y la habían dejado en algún lado perdiéndola tontamente. Eso le había pasado a una de las reinas europeas, que reclamaba haberse dejado la esfera en uno de sus carruajes. Incluso ejecutaron a dos de sus conductores por sospecha de robo pero jamás pudieron probar nada al respecto.

 Ahí, de nuevo, aparecía esa extraña voluntad que tenía la pequeña bola. Era como si ella quisiera que la perdieran, como si quedarse demasiado con un solo ser humano fuese demasiado para ella. Sus actitudes habían sido extrañamente documentadas por su propietario más duradero. Había sido un monje de la Edad Media, enclaustrado en un monasterio alejado de todo, que había encontrado la esfera en uno de los campos que abastecía a todos los monjes con cereales.

 Justo era su nombre y él fue dueño de la esfera por unos cincuenta años, más tiempo que ninguna otra persona que, de hecho, le bastó para estudiar el objeto lo mejor que pudo y sacar varias conclusiones. Sus notas se perdieron en el tiempo, seguramente por voluntad de la esfera, pero es casi seguro que Justo descubrió esa fuerza que residía dentro del objeto dorado. Se le perdió varias veces pero siempre la recuperó hasta que murió y alguien la robó del monasterio.

 Él concluyó, poco antes de morir, que sí eran voces provenientes de la esfera y, siendo un hombre religioso, concluyó que esas eran las almas en el purgatorio pidiendo al Señor que las ayudara a ascender a los cielos para estar cerca de Él. Esto, por supuesto, fuero conjeturas hechas por una persona de una época con rasgos bastante marcados. Aunque muchos más que oyeron los sonidos declararon que eran las voces de los demonios, otros más dijeron que eran seres humanos muertos o incluso personas al otro lado del mundo. Incluso un científico teórico de renombre que fue dueño del a esfera por ocho años, creyó que con ella podría probar la existencia de varias dimensiones.

 No era difícil entonces que la esfera intrigara tanto a los seres humanos. Aquellos que podían manipularla con facilidad, a menudo establecían una relación especial con el objeto, guardándolo cerca o incluso teniéndolo consigo en la cama por las noches. Una joven pobre que fue su dueña por trece años ponía la esfera siempre bajo la almohada y así dormía mejor, con su calidez y su especie de ronroneo constante. La joven veía a la bola como su objeto más preciado y fue el peor momento de su existencia cuando esta desapareció de repente.

 Las muertes alrededor de la esfera eran comunes, incluso se había manchado de mucha sangre en diversas ocasiones pero, como pasaba con el resto de manchas, simplemente no quedaba impregnada en su lisa superficie. Por supuesto había habido gente enloquecida que había matado por tener posesión del objeto, pero en esos casos la bola no duraba ni un año en su siguiente hogar. Aunque parecía que generaba la muerte, la esfera parecía escapar de ella, alejándose de cualquier caos y prefiriendo quedarse en hogares más calmados, sin tanta excitación.

 Había sido adorno, juguete sexual, juguete, amuleto y muchas cosas más. En sus superficie limpia había querido asentarse el polvo de la Historia, pero la esfera parecía no estar cómoda con la idea de hacer parte de ella. No quería ser una posesión más y jamás lo había sido de verdad. Siempre era un préstamo temporal y siempre era una evolución tras otra, a veces acelerada y a veces a paso lento.

 Por todo el mundo la habían visto y la esfera no rechazaba de ninguna manera porque no temía al ser humano como tal si no a su capacidad de pensar siempre en lo que lo podía destruir. Se podía creer que eso era lo que reflexionaba la esfera antes de desaparecer, de impulsar su desaparición de una de las grandes casa donde había residido o incluso de las chabolas donde también se había asentado por largos periodos de tiempo.

 Si los registros se hubiesen preservado, se podrían haber trazado rutas a lo largo de mapas y se podrían haber creado líneas temporales. Pero aún así, jamás se podría haber predicho adonde iba a ir la esfera después o cual era su verdadero origen. Estas dos cosas eran los secretos más profundamente guardados en referencia a esa pequeña bola dorada.

 Como el material siempre parecía nuevo, era poco probable que el creador original hubiese tallado su nombre o una marca especial para catalogarlo como suyo. Y como era de una forma tan genérica no había manera de atribuirle el objeto a ninguna civilización en particular. Lo único que podía hacerse, y ni siquiera era algo que ayudara mucho, era concluir que había sido hecha en algún lugar donde hubiera oro. Pero incluso eso era discutible porque muchos de sus dueños habían dudado de que ese material fuera de hecho oro. Lo parecía pero tal vez no lo era.


 Mujeres y hombres fueron sus poseedores y la esfera siguió allí, en un rincón, a un lado de los eventos de la Humanidad. Y cuando no hubo más humanidad, la esfera simplemente se quedó sola y las voces dentro de ella dejaron de hablar, conscientes de que no habría nadie más, jamás, que pudiese escucharlas.

domingo, 18 de octubre de 2015

Ciclos moribundos

   Había pasado por lo mismo en tantas ocasiones que ya todo le daba un poco lo mismo. Eso de que fuese el primer día, de sentirse como el nuevo, de tener que congeniar y formar lazos emocionales que solo tendrían una duración bastante corta, todo eso ya lo había mandado a recoger en su mente pero hasta ahora se daba cuenta de ello. Era uno de esos mensajes que le llega tarde al cerebro porque parecen haber sido hechos sin importancia, pero esto sí que era importante. Al fin y al cabo, se trataba de él dándose cuenta de lo harto que estaba de pasar por lo mismo tantas veces a través de su vida, de estar siempre movilizándose como si fuera un soldado en batalla, algo que a la larga no difería mucho de su posición actual, a excepción que esta vez la batalla era interna.

 Eso de vivir lo mismo tantas veces parecía sacado de una tonta película de ciencia ficción, pero era la verdad. Aunque es cierto que las amistades son importantes en la vida de un ser humano, él sentía que ya tenía las amistades que quería y necesitaba. Ese cuento de estar haciendo amigos por todas partes como si todavía estuviera en la arenera de cuando era niño, simplemente no le llamaba la atención en lo más mínimo. Además, nunca le había sido muy fácil conocer gente a menos que tomara uno en cuenta esos adorables años de juventud en los que todo el mundo se relaciona con tanta facilidad y desprendimiento. La gente normal saca de ahí sus mejores amistades pero no él. Ese pedazo de su vida lo vivió en movimiento así que no sirvió de nada.

 Ahora de grande, de adulto, conocía mejor a la gente y sabía como la mayoría pensaba, como maquinaban antes de conocer gente y lo predispuestos que estaban a todo. Al fin y al cabo, los adultos están mucho más contaminados de todo en el mundo que los niños, así que no existe una amistad adulta en potencia que no esté contaminada de pretensiones y estereotipos, de suposiciones que la mente va a haciendo a partir de lo que a la imaginación le da por inventar. Todo eso no es fácil de superar y mucha gente lo logra pero él nunca lo hizo. Hacer amigos reales a esas alturas de su vida le sonaba ridículo por muchas más razones de las debidas.

 Una de las más importantes era que, por alguna razón, nunca le había caído bien a la gente. Bueno, al menos no de entrada. Entendía que era porque era algo hosco y aprehensivo, por lo mismo de saber que la gente lo era con él. Debía ser entonces que las personas veían entonces eso en su rostro o algo por el estilo porque muy poca gente hablaba con él espontáneamente. Es obvio que a la gente siempre le guste hablar con gente que es como aspiran a ser. Por eso la gente más “popular” es siempre extrovertida, divertida y con más energía de la que pueden gastar. Él estaba al otro lado de ese espectro y al parecer lo tenía escrito por toda la cara porque era un problema para que la gente soltara algo.

 Ya después venían los problemas regionales, es decir las tontas características de las personas según su lugar de procedencia. Alguna gente es más abierta, otra más cerrada y así. Son bobadas o al menos así lo veía él, pues creía que la gente fácilmente podía superar semejantes clichés en los que estaban encerrados. Pero, la verdad es, que a la gente le encanta ser un estereotipo ambulante. Al parecer es más fácil definirse así porque es más claro. Por eso mismo la mayoría de personas no gustan nada de aquellos que son más difíciles de explicar y de entender. Con esto, él no quería pretender ser un ser misterioso, envuelto en las sombras. Pero ciertamente no era ese desgastado ser lleno de vida que la gente aspiraba a ser, por razones desconocidas.

 Todos estos problemas para conectar con la gente habían migrado también a su vida personal. O bueno, no era tanto una migración pues todo venía a ser lo mismo que era conectar con gente que no conocía, aunque hay que decir que en el amor y todo lo relacionado con ello, nunca había sido una persona muy exitosa que digamos. Fue rápidamente que se dio cuenta que no era de aquellas personas a las que la gente se le queda mirando a menos que sea por las razones que nadie quiere que lo miren. No era uno de esos tipos con un rostro inmaculado, que parece salido de la revista de moda más ridícula del mundo. No, ese no era él pero ni por las curvas.

 Era bajito y simple, siempre en el medio de todo pero nunca nada por completo. De pronto era eso lo que la gente obviaba pues, como decíamos antes, las personas prefieren lo que está definido y claro como el agua. Eso de que la Humanidad está fascinada con los misterios de la vida, es solo un mito de auto complacencia para hacernos pensar que todos somos brillantes y que además somos la mata de la cultura. Sabemos que eso no es así porque la mayoría de la Humanidad es tonta como ella sola, solo que a cada rato salen personajes que la salvan de si misma. Eso sí, no nos referimos a él que es otro tipo simplón y ciertamente él no se considera el pináculo de lo que es ser un ser humano.

 El caso, para ponerlo en palabras simples, es que nunca había atraído una mirada y, si lo hacía, era de lujuria o de confusión. Provocar cualquiera, al menos en su concepto, era desagradable. La primera porque simplemente no era halagadora y pasaba a ser lasciva y casi invasoramente física con facilidad. Y la segunda porque cuando la recibía su autoestima, un ser débil ya de tantas batallas, daba un salto hacia atrás y se encogía hasta quedar del tamaño de una uva. Las miradas para él decían todo de las personas y por eso había decidido ya no esforzarse más y dejar que cada persona opinase lo que quisiera y como quisiera. Sentía que después de tanto tiempo, la vida le debía algo.

 Sí, ya lo sabemos. Es bastante pretencioso decir que la vida le debe algo a uno pero a veces ciertamente se siente así. Hay gente que es premiada con demasiado en la vida y lo que pasa entonces es que se aburren con facilidad o se creen el centro del universo, dos situaciones bastante molestas para cualquiera que esté cerca. La gente a la que todo le sale bien, con la que todo es perfecto, ideal y justo, normalmente tienen el descaro de pedir más cuando ni se lo han ganado ni deberían poder tener más. Sin embargo, reciben belleza, amor, inteligencia y otro sin fin de premios. Y para el resto que queda? No mucho, lo que sobra que es poco y no vale tanto la pena pero está ahí para que el que quiera tomarlo lo haga. Y no, a él no le gustan las sobras de otros.

 Le debiera algo la vida o no, igual no estaba cerrado a que las cosas pasaran como pasaran. Es decir que no iba a buscar activamente el amor o amistades o nada de nada pero sí iba a estar abierto a que cualquiera de esas cosas llegara a su vida. Es decir que no iba a creer una barrera ni nada por el estilo, iba a dejar que quién quisiera conocerlo lo hiciera pero eso ya dependería del interés de la gente y, la verdad, él no creía que fuese a suceder nada con ello. La gente no iba a descubrir de la nada que él estaba ahí parado todos los días. Por algo cuando caminaba por la calle, sentía que nadie lo veía y que podía pasar desapercibido en cualquier lugar del mundo.

 De hecho había intentado hacer eso mismo en muchos lugares y lo había logrado con éxito. Simplemente resultaba invisible para muchos y la verdad que era algo agradable en ocasiones, aunque la mayoría se sentía muy solo. En esos momentos recordaba a su familia y a sus verdaderas amistades porque los tenía lejos y entonces sentía en el corazón lo difícil que es separarse de lo que uno necesita para hacer lo que se debe hacer o al menos lo que uno cree que debe hacer. Fuese como fuere, a veces lloraba en silencio un rato y después se le pasaba todo, como si tuviese que colapsar por momento para volver a construirse, ojalá más fuerte que antes y con mucha más fuerza y resistencia.

 No era de sorprenderse que estuviese aburrido con retomar el eterno ciclo de conocer gente y tener que unirse en grupos. Lo hacía pero no más que eso. A la gente no le interesaba él y él había perdido interés en la gente a menos que fuese para usarlo como piezas de su inventiva. Su autoestima ya había recibido demasiados golpes como para seguir arrastrándola por la calle una y otra vez como si fuera algo divertido. Ya no, estaba cansado de ponerse él en el medio de todo para que lo vieran por una vez. Ahora demandaba que los otros, que el resto de personas hicieran lo que él había hecho tantas veces. Quería verlos allí, indefensos como él.


 No estaba dispuesto a hacer más cosas que no iban con él, a fingir ser otra persona que era muy distinta y tampoco le gusta el juego de la hipocresía, que de hecho sabía jugar muy bien. No quería más máscaras y juegos tontos. Solo quería ser él, así eso no fuese suficiente.

viernes, 24 de julio de 2015

Ser o no ser ?

   No creo que nadie sepa, en verdad quién es. Y para ser sincero, creo que nunca nadie lo sabe. Es una búsqueda eterna, de toda la vida, al menos si estamos poniendo atención. Porque eso es lo otro, la mayoría de la gente no le está poniendo mucha atención a su propia vida, prefiriendo navegarla a un destino fijo cuando ese no es el punto de vivir. Al menos para mi, vivir es ir adonde el viento, que pueden ser las acciones y las decisiones, nos lleven. Lo interesante de un viaje, como lo es la vida, no es tanto el destino sino el recorrido. Pero ya casi nadie le pone atención al recorrido porque sienten que deben ir y hacer ciertas cosas o sino no están viviendo. Y lo cómico es que por hacer justamente eso, no están viviendo para nada.

 Creo que nunca sabemos quienes somos porque casi nadie está listo para enfrentar todo eso que tiene dentro. Algunas personas eligen ser graciosas, serias, coquetas o incluso aburridas pero hay mucho más que simplemente no reconocemos. A pesar de tanta lucha por tantos derechos, la realidad de todo es que nos gusta que nos juzguen por cosas pequeñas, por rasgos que son tan recurrentes en el ser humano como los ojos y la boca. Por eso es que los apodos son algo tan popular: no reflejan en nada lo que alguien es en realidad sino algún aspecto bastante notable de una persona y puede que ni siquiera sea una característica verdaderamente de esa persona. Se decide al azar y se impone y cuando eso se hace ya no hay nada más que hacer. El apodo queda y lo que la persona es o no es, deja de ser relevante.

 Por supuesto que deben haber libertades, eso no se discute. Pero lo que es contradictorio es que se luche contra la discriminación y resulta que siempre la hemos aceptado con los brazos abiertos cuando sentimos que es un halago, porque es muy fácil hacer que alguien se sienta bien con un par de palabras. Solo juntamos algunas y mágicamente podemos hacer que el estado de ánimo de alguien mejore sustancialmente o caiga al piso. Como seres humanos, con nuestra crueldad característica, tenemos la horrible habilidad de construir y destruir con demasiada facilidad. Y no hemos hecho nada para hacernos fuertes y que en verdad no nos importen las palabras necias. Deseamos no oír pero oímos.

 Nos gusta ser “el guapo”, “la sexy”, “el bueno”, “la inteligente”. Palabras que se las lleva el viento y que, en sí mismas, no son nada más que letras pegadas que producen un sonido que para muchos, no es más que un ruido. Si a eso ha llegado la humanidad, a querer ser definidos en un simple gruñido, entonces nuestra civilización está mucho peor de lo que pensábamos. Como podemos aceptar ser solo eso cuando ni siquiera podemos definirnos a nosotros mismos con sinceridad? Como podemos atrevernos a resumir una vida, una compleja red de pensamientos en algo tan simple, y a la larga, tan humano, como una palabra?

 Casi todos lo preferimos. Definirnos de manera más exacta, más compleja, toma tiempo, en especial porque los seres humanos siempre estamos aprendiendo. Más o menos pero desde que nacemos hasta que morimos nuestro cerebro no para de recibir y procesar, almacenando información eternamente que seguramente nunca usaremos. Solo hay que recordar, o tratar de recordar al menos, todo lo que se supone aprendimos en el colegio. Inténtenlo y verán que es imposible, a menos que sean superdotados y hayan sido bendecidos con una memoria prodigiosa, algo que escasea entre los seres humanos. La mayoría preferimos dejar que esas palabras que inventamos hagan el trabajo para así no sumergirnos en las oscuridades que todos tenemos dentro.

 Porque la verdad es que somos mundos desconocidos y que, casi siempre, solo tendrán un visitante, si acaso. Ese visitante podría ser nosotros mismos pero solo si de verdad mostramos interés en saber  quienes somos. Es un viaje difícil, largo y complejo, que nos muestra esas dos caras que en las que el ser humano se registra: el bien y el mal. Puede que si excavamos un poco, encontremos algo sobre nosotros mismos que detestamos, que todo el mundo podría odiar y que debemos ocultar porque no es algo de que estar orgulloso sino algo de lo que avergonzarse. Así somos los seres humanos, infligimos dolor y vergüenza para controlar lo que no conocemos, por físico miedo.

 Es increíble lo que complejos que somos pero lo controlables que podemos ser a nuestros propios inventos y a nuestros instintos más básicos. La realidad es que somos seres llenos de miedo durante toda nuestra vida y así la pasamos, de susto en susto, protegiéndonos y corriendo de un lado a otro como ratas. Esa no es manera de vivir para nadie y, sin embargo, todos vivimos exactamente igual. Porque todavía tenemos mucho de aquello que pensamos perdido que es el instinto natural, ese recuerdo vago e inútil de cuando éramos criaturas simples, trepando árboles y subsistiendo para solo comer y reproducirnos. Pero resulta que la humanidad ya tiene otros objetivos. Lo malo es que no todos nos damos cuenta.

 El mundo no está dibujado en dos simples e inútiles colores. Las cosas no son buenas o malas sino que son como son por razones y eso es lo que debemos ver. No podemos ser tan simples que vemos algo y lo definimos al instante, cambiando para siempre la percepción del mundo respecto a algo. Sí, claro que hay cosas que son reprobables pero eso no quiere decir que no debamos aprender de ellas para hacer de nuestra humanidad algo mejor. Porque ese es el trabajo verdadero de cada uno en este mundo y es construirse a si mismo, hacer a alguien que sea completo y no solo una gran cantidad de trazos sin ningún sentido.

 Porque eso es la mayoría de la gente, solo trazos de un pincel muy bonito pero trazos al fin y al cabo. Muy poca gente decide invertir tiempo en saber que posibilidades hay de ser un dibujo complejo, alguien de verdad completo. Para nosotros mismos, es posible que seamos todo lo que queremos ser. Puede que nos conozcamos bien y sepamos todo lo que hay que saber o al menos casi todo. El otro problema es que eso no se puede quedar ahí. No podemos frenarnos cuando nosotros acabamos y el mundo empieza porque resulta que siempre viviremos en este mundo, el ser humano siempre estará aquí, en este tiempo, en esta realidad, en este que vemos y tocamos y sentimos con todo nuestro ser cada día de la vida. Esto es lo nuestro.

 Hay muchos otros mundos, la mayoría fantasías. Pero para qué preocuparnos por ellos? Las fantasías son simpáticas pero solo nublan la mente y no nos dejan ver, por nosotros mismos la increíble variedad de cosas que nos ofrece la vida. Y decimos cosas porqué eso son cuando no las conocemos. Es nuestro deber sentir curiosidad, ir y explorar y descubrir que es qué para nosotros, porque el mundo es uno pero cada uno de nosotros lo percibe de manera única y, probablemente, irrepetible. Tenemos la habilidad de crear una visión única del mundo y debemos o deberíamos compartirla con el mundo, cuando estemos listos. Somos, al fin y al cabo, una sola especie y eso debería ser suficiente para unirnos.

 Lo ideal sería que las personas dejaran de estar metidas en mundos inventados, como el amor o la esperanza ciega, y empezaran a caminar al nivel del suelo y a reconocer que la vida es mucho más que las superficialidades que todo el mundo aspira a vivir como tener un trabajo ideal, una pareja ideal y todo ideal. El mundo no es ideal, el mundo es lo que es y deberíamos explorar eso y no tratar de ajustarlo todo en nuestra mente. No estamos viviendo el mundo real sino uno que nos inventamos porque somos incapaces de ver lo que en realidad sucede a la cara. Solo en algunos momentos, la realidad es demasiado auténtica y nos deja ver su cara. La mayoría corren despavoridos.

 Tenemos que molestarnos, al menos una vez por día, en pensar hacia adentro, explorar nuestra mente y ver que hay allí. Puede que muchas veces no encontremos nada pero seguramente hay mucho por ver y descubrir. Algunas cosas no nos gustarán y otras tal vez nos gusten demasiado pero es así la única manera de vivir de verdad. Si queremos estar contentos con nosotros mismos no necesitamos de lindas palabras sino de un reconocimiento profundo de nuestra personalidad, que siempre tendrá una respuesta clara. Nuestra autoestima es producto de lo que hemos creado como sociedad, un sistema de reglas y miedos que solo sirven para controlarnos y machacarnos como si fuésemos moscas.


 El ser humano ha inventado a la sociedad para eliminarse a si mismo. Se supone que la sociedad, con sus bondades y sus males, va eliminando a quienes no sirven a través de miedos e inseguridades, de reglas cada vez más difíciles de alcanzar y una hipocresía que hasta el más osado no es capaz de resistir. Porque el ser humano y su sociedad son una fachada para ocultar e incapacitar nuestro deber de exploración, nuestra meta biológica y existencial de saber exactamente quienes somos y, más adelante, porque somos. Debemos rebelarnos y empezar a ser nosotros antes de que todos empecemos a ser lo mismo o, peor, nada.

viernes, 10 de julio de 2015

Yo, el amargado

   Personalmente, creo que el positivismo está sobrevalorado. Sí, así es, eso es lo que creo. No soy una de esas personas que se pasea por la vida pensando que todo son flores de colores y arcoíris brillando por doquier. No, prefiero ver las cosas como son y las cosas son horribles. Es como cuando hay gente que te dice que siempre veas el lado bueno de las cosas. Pues resulta que no todo tiene su lado bueno. Si acaba de morir tu madre, definitivamente no hay nada bueno en eso o sí fuiste asaltado o asaltada sexualmente seguramente no le verás el lado bueno porque no lo hay. Hay idiotas que son capaces de hacerlo pero eso se llama inventar y eso ya no es positivismo sino mentirse a uno mismo.

 Otro ejemplo puede ser cuando hay quien que dice que no existe la gente fea sino mal arreglada. No, eso también es una mentira que solo busca hacernos sentir mejor porque en el mundo de hoy la apariencia lo es todo. La verdad es que la gente fea, como todos los sabemos pero odiamos reconocerlo, existe y están allí por donde se le mire porque la raza humana todavía no ha evolucionado tanto como para que la belleza sea algo estándar. Precisamente son esos gustos diferentes en cada uno los que hacen que en verdad no haya nadie muy bello ni tampoco gente horrible pero si que todos seamos pasable, lo que es bastante deprimente. Porque mentirnos a nosotros mismos con cremas, perfumes, lociones, pociones, ropa y joyas? Porque no vernos como somos y encontrar lo que nos hace únicos.

 Eso sí, hay que aclarar que somos más de siete mil millones de seres humanos por lo que ningún rasgo es en verdad único pero sí poco frecuente y eso es a lo que deberíamos apuntar si estamos obsesionados con la belleza física. Lo mejor de ti son tus piernas? Aprovéchalas. Los ojos? Lo mismo y así. Pero nunca es lo mejor mentirse a uno mismo porque a lo único que eso lleva a ser a tener decepciones de todo tipo. Y son decepciones que uno mismo se causa por vivir en las nubes y pensar que el mundo es lindo, bello y perfecto. Hay gente fea y hay gente considerada guapa. Así son las cosas y con esas condiciones debemos jugar con lo que hay y, de hecho, eso hace que todo sea más divertido.

 Algo que puede sonar trillado pero es cierto, es que la belleza interior sirve pero solo sirve si hay alguna forma de atraer a los demás para que la conozcan. Porque todos sabemos que a nadie le atraer la belleza interior de entrada. Eso es imposible porque es algo que no se ve. Y por favor no piensen que la internet y los teléfonos prueban lo contrario porque no es así, eso son solo más mentiras que decidimos creer a voluntad. No, hay que llamar la atención, como lo hacen los animales en el cortejo y luego sí dejar ver nuestra personalidad, a condición de que haya cosas en ella que sean interesante y que valga la pena mostrar. Porque si nuestro interior es aburrido, ni la cara del David Miguel Ángel va a ayudar a nada.

 Otra cosa que me hacer ser amargado, es que detesto los sin sentidos. Las chicas con flores tropicales en la cabeza, las personas que visten igual todos los días, la gente que no sabe conducir o aquellos que están siempre orgullosos de su enorme ignorancia. Para mi nada de eso tiene sentido alguno y todas son rasgos que nadie que quiera interactuar con seres humanos debería de tener. Una exageración? No lo creo porque estoy hablando de algo que es propio, personal. Si a ustedes les gustan los ignorantes, es cosa de ustedes, pero sepan que estarán condenados a usar camisetas de fútbol  en días de descanso, van a tener que simplificar su vocabulario para que les entiendan y simplemente va a ser como tener otro trabajo. Y no paga.

 Para mi, ese es el rasgo más horrible que puede tener una persona. A mi los modelos no me interesan ni la gente que vive pendiente de la moda. A menos que tengan algo más detrás, paso derecho. Pero si hay algo que no soporto y es alguien ignorante y que se enorgullezca de ello. Como quienes defienden a capa y espada un partido político, como si lo hubieses fundado ellos mismos o quienes viven por un equipo de fútbol cuando apenas han visto rodar una pelota. Esos que les gusta descrestar con datos curiosos que la mayoría, ignorante también se traga sin pensar pero que son, como él o ella, pura basura.

 Sí. Lamento comunicarles que la gran mayoría de las personas son así. Solo salgan a la calle, caminen unas cuadras y escuchen las conversaciones, vean los comportamientos. Si quieren imaginen que son extraterrestres y verán que si ellos llegasen ahora mismo a la Tierra, se devolverían corriendo a su planeta para prohibir que nadie más nunca venga por estos lados. Eso sí, creo que es justo decir que no todo es nuestra culpa o al menos no de todos. Si somos ignorantes y por eso vivimos siempre igual y con los mismos problemas que nos auto-infligimos, es porque nunca nadie nos enseñó algo mejor y quienes están en puestos de poder se encargaron de que nadie supiese nada porque un ignorante feliz es mejor que alguien con cerebro encabronado.

 De vez en cuando la gente despierta y sale de su aletargamiento pero en muchas ocasiones usan esa energía para estupideces. Como marchar en protesta o discutir airadamente con algún compañero del trabajo. Esas cosas no sirven para nada. La protesta obviamente es una herramienta pero solo sirve cuando se dirige a la persona que necesita oír el mensaje. Gente paseándose por una calle no manda un mensaje claro a nadie y ya depende del que oiga si quiere oírlo todo o solo ignorarlo. Nos falta mucho para saber aprovechar las bellezas que tienen tanto la democracia como la anarquía total.

 Como pueden ver, muchas cosas me sacan de quicio. Hay más, pequeñas cosas como ver automóviles estacionados en zonas prohibidas o gente que ve a todo mundo como mierda porque alguien les mintió alguna vez y ahora se creen de mejor crianza. Pero muchas de las cosas que me rayan la cabeza lo hacen porque no tienen sentido alguno y si algo no tiene sentido es la comunidad gay que de comunidad no tiene nada y de gay, ya tampoco porque incluye a muchos tipos de sexualidad. Algo bueno que ha hecho el ser humano es explorar el placer y eso a dado pie a que todos, o casi, sean visibles en el mundo. Ahora hay tipos de sexualidad o de género que antes ni sabíamos que existían.

 El problema está en concentrarnos a todos en un paquete y decir que eso es inclusión. El argumento cansado y ridículo de que nos toca recluirnos para que hacernos respetar. Básicamente el mismo pensamiento de personas como Hitler o Donald Trump. Así que empezamos mal, sobre todo porque empezó como una lucha por derechos civiles y ahora es un circo, plagado de sin sentidos como que haya discriminación dentro y entre los miembros de la disque comunidad. Unos homosexuales que no les gustan los bisexuales y a estos no les gustan los afeminados y esos les molestan los trangéneros y así hasta que ya nada tiene sentido y se deja ver que cuando la gente lucha, lucha por si misma y casi nunca por un grupo.

 La prueba de esto es que estando el matrimonio igualitario en Estados Unidos, ya la gente cree que se hizo todo cuando no se ha hecho nada. Celebrar los logros de otros es una más de esas cosas que no entiendo, como cuando hay quienes celebran porque su equipo perdió. Entiendo que haya solidaridad y apoyo pero celebrar? Solo un idiota celebra algo que no le beneficia en nada. Pero, como ya dijimos, eso es casi todo el mundo. Como cuando es día de partido y todos suben sus fotos con la camiseta o de pronto pasa algún acontecimiento político importante y todos se vuelven analistas experimentados cuando ni siquiera salen a votar porque creen que eso sirve de algo. Esos somos y así seguiremos.

 Debo decir que no tengo nada de todo lo que he dicho. Sé que algunos pensarán que soy un hipócrita y que escribo esto con la bandera de mi país hondeando en mi pecho o algo así pero la verdad es que no es así. Trato de ser consistente con lo que digo y lo que digo es que todos somos idiotas y en ese aspecto creo que también entro yo porque yo soy de los que me quejo y no hago mucho al respecto. Es como es. Soy de esas personas que lanzan las piedras y no escondo la mano porque ni siquiera sé lanzar. Pero al menos me queda la tranquilidad de saber que sé que hago parte de la humanidad y sin embargo la apoyo en ocasiones y veo destellos de esperanza para todos y cada uno de nosotros.


 Sí, porque no todo es malo. Aunque seamos idiotas casi siempre, todos tenemos momentos de inteligencia, en los que somos brillantes en diferentes ámbitos de la vida. Hay gente que me alegra la existencia con solo una sonrisa y eso creo que me da la esperanza para ser solo un realista y no un pesimista, con todo lo que eso implica. Soy solo un pequeño tipo amargado pero sé que tenemos posibilidades. Para cuando las usaremos? Eso sí, vaya y averígüelo usted, querido lector.