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sábado, 9 de abril de 2016

AVISO / NOTICE

ES: No habrá nuevos escritos hasta el jueves, pues estoy de vacaciones lejos de casa.

EN: No more stories until Thursday, as I'm on holiday abroad.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Probabilidad de cuento

   Fue entonces que el hombre, vestido de chaqueta color verde oliva, se levantó de su trono hecho de ladrillo y me preguntó que probabilidad había para un cuento. Lamentablemente no tuve tiempo de responder porque justo en ese momento mis ojos se abrieron y lo único que tenía enfrente era mi mesa de noche con las mil y una cosas que le ponía encima. Por un momento quise volver a soñar pero, como todos sabemos, no es tan fácil volver a entrar en un sueño particular. Así que me incorporé, anoté esa última frase en mi celular y me puse a escribir sobre otra cosa.

 Ahora que lo pienso, sé que el sueño era mucho más largo, había sido incluso extenuante porque cuando abrí los ojos mi cuerpo y mi mente estaban cansados. Había sido uno de esos sueños en los que corres y saltas y hablas y pasan demasiadas cosas que nunca dudas pero que sabes que en la realidad jamás harías o porque son imposibles o porque la cobardía suele ganar la partida cuando todo es verdad.

 Camino de un lado a otro de mi pequeña habitación, tratando de entender esa última frase. Mis pies descalzos barren el piso, que limpio de polvo a diario y a diario se ensucia, un ciclo eterno. Por mucho que doy vueltas, que me siento en la cama y trato de pensar en otra cosa, que me distraigo con videojuegos o con películas, me persigue esa misteriosa frase: “Que probabilidad hay para un cuento?”.

 Nunca entenderé que era exactamente lo que ese hombre, que no recuerdo quién era, quiso decir con eso. Bueno, debo decir que seguramente el tipo tenía la cara de alguien que yo he visto antes, pues así funciona el cerebro. Pero podría no tener nada que ver con nada. Podía haber tenido la cara de un profesor de la infancia, de un hombre que miré alguna vez en un bus o incluso ser la mía con modificaciones hechas por mi cerebro. Es un una herramienta de mucho poder pero a veces me frustra que no funcione muy bien como cámara de vídeo.

 Quisiera poder sacar el archivo y ver toda la película, todo lo que pasó en el sueño para ver si se podría explicar esa pregunta tan rara y tan adecuadamente preguntada al final del sueño, como si ese hombre… O, mejor dicho, como si yo supiese que me iba a despertar en unos minutos y debía saber eso antes de que fuera demasiado tarde. Todo eso hace pensar que, al menos esta vez, estuve plenamente consciente de que estaba dormido. De hecho, creo que en la mayoría de los sueños que tengo estoy completamente consciente de ello. Incluso en el pasado he sido capaz de salir de un sueño, de una pesadilla, por voluntad propia.

 No es algo fácil de hacer pues te sientes como en una prisión, como amarrado por una camisa de fuerza. Te das cuenta entonces que los sueños, que pueden llegar a ser muy bellos, también se comportan como trampas letales que tu mismo te pones en tu cerebro. La vez que más recuerdo, era una pesadilla horrible y quería salir. Quise gritar pero no podía y entonces fui consciente de verdad de mi cuerpo y del sueño y me forcé a controlar mis brazos y piernas para liberarme del cautiverio. Casi no puedo romper el velo entre ambos mundos pero por fin mi mano logró atravesar y desperté, sudando y cansado, pero aliviado de haber logrado lo que había querido hacer.

 Otras veces no hay tanta suerte. No estoy tan consciente de las cosas, y debo dejarme llevar hasta donde el sueño quiera llevarme. Sea el lugar que sea, sea lo que sienta en eso momentos, muchas veces solo hago de espectador. Es gracioso, pero en varios sueños que he tenido (de los que me acuerdo) he sido más espectador que protagonista y eso que es mi mente! Suena ridículo pero mi cerebro al parecer muchas veces prefiere que me quede quieto y aprenda de otros, de personajes que yo estoy poniendo en escena para hacer quién sabe que cosas. Suena muy raro pero ese es el mundo de los sueños.

 En la ducha también pienso en el hombre del trono de ladrillo. Es una figura misteriosa. Apenas recuerdo la habitación pero estoy seguro que estaba hecha también de ladrillos y sé que él estaba vestido con esa chaqueta oliva y creo que llevaba jeans. Mejor dicho, era un tipo de lo más normal pero estaba sentado ahí como si fuese el rey de algo, como si tuviera algún poder especial sobre alguien o algo. Y sin embargo, lucía como cualquiera y me hablaba a mi con una curiosidad que estoy seguro era verdadera.

Tal vez, y el agua podía estar ayudando, quería que escribiera el sueño al completo en un cuento, que lo convirtiera en una ficción escrita para que otros pudieran identificarse o incluso reconocer lugares y personajes. No era tan increíble pensar que otras personas soñaran lo mismo y tal vez reconocieran ese mundo que yo no recordaba pero que estaba seguro de haber visitado.

 Eso sí, él no me había preguntado por una “posibilidad”. No me había preguntado si era probable, es decir, si era casi seguro que lo fuese a resumir en palabras. Me preguntó sobre la “probabilidad” como si fuera algo exacto y matemático. Y también, y esto lo pensé solo con medias puestas, creo que se refería a que tan probable era que yo decidiera contar lo que tenía dentro de mi mente. Que tan probable era que quisiera compartir algo tan intimo con mucha gente.

 En ese momento sonreí pues me estaba halagando a mi mismo. Lo que escribo no lo leen cientos de personas sino muchos menos, así que no tendría porque tener miedo de haberle respondido al hombre en el trono de ladrillo que las probabilidades eran bastante altas. Creo que estaba cuestionando mi voluntad de hacerlo, de desnudar un parte de mi que no puede estar tan expuesta como el cuerpo. Para que alguien vea lo que yo veo y entienda lo que yo entiendo, tengo que darle un pase gratis al interior de mi cerebro y eso solo se puede hacer escribiendo acerca de lo que sea que me haya pasado o que yo haya reflexionado respecto de algo.

 Sacudí la cabeza y terminé de vestirme. De nuevo traté de distraerme con algunos videos graciosos y funcionó por un buen rato, por lo menos hasta que la preocupación volvió a invadirme y me pregunté a mi mismo si la probabilidad a la que se refería el hombre del trono de ladrillo era otra. Que tal si no se refería a ese sueño sino a ciertos pensamientos, a ciertas reflexiones que yo tenía a veces? Que tal si ese hombre no era un hombre (no lo era en todo caso) sino que era la representación de mi subconsciente queriéndome empujar a hacer algo  que conscientemente jamás haría?

 No, todo esto ya estaba sonando demasiado loco y simplemente no podía ser tan así. Hacía tempo que yo me había dado cuenta que no era un persona interesante y lo digo sin pena ni gloria. Me ofenden las personas que no pueden asumir lo negativo como asumen lo positivo. No soy interesante y no tengo porqué serlo. De pronto el mensaje era más sobre eso, sobre escribir sobre mi experiencia de ser yo y mostrar qué se siente, sea o no de interés alguno.

 Pero no, eso no podía ser puesto que ya lo había hecho. Es más, lo hago con tanta frecuencia que es probable que la gente ya esté hasta el copete del maldito tema. Como dije antes, no soy tan interesante como para escribir cuarenta libros y hacer mil entrevistas y perfiles y esas cosas que llaman crónicas, que cualquier hombre del sur las reclama como propias. No, no era sobre mi, era sobre mi sueño que quería ese hombre que escribiera y por eso ahora lo hago.

 Bueno, no escribo del sueño como tal porque ese ya está perdido en los pliegues internos de mi mente. Es esa burbuja que explota cuando te despiertas y que solo en ocasiones muy particulares sigue flotando momentos después de despertar, como para darte la oportunidad de cogerla o de sentir una parte de su simple complejidad.

 Decidí entonces escribir alrededor del sueño y esto es lo que leen (los que leen lo que escribo) en este momento. Eso sí, la búsqueda por el significado de la frase sigue puesto que todavía no estoy seguro de que quiso decir y, tal vez, jamás pueda estarlo a menos que me lo encuentre en otro sueño y recuerde preguntarle.


 Mientras tanto, creo que iré a comer algo pues tanto pensar da hambre y la comida ayuda esclarecer la mente. Es entonces que recuerdo una cosa más del sueño, un detalle ínfimo pero que parece tener la importancia de este y otros mundos: justo cuando terminó de preguntar, el hombre de la chaqueta verde oliva, que ahora lo veía yo con una barba de tres días, me sonrió. Y no era yo y no recordé conocerlo. Quién y porqué?

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Solo

Que pereza da levantarse. No quiero... La cama está calientita y huele muy rico. Es como tener un nido especial para mi solo y no pretendo compartirlo con nadie nunca. Sonrío al pensarlo pero esto hace que se me abran los ojos y note que ya es de día. De hecho, parece ser mediodía.

Con cara de aburrido, pongo los dos pies en el suelo y me limpio un poco la cara, tratando de quitarme los últimos trazos de sueño que tengo en el cuerpo. Estiro los brazos y me pongo de pie.

Como siempre, bajo a la cocina y me sirvo algo de jugo de naranja. Miro hacia la sala de estar y veo que no hay nadie. Olvidé ver si mamá ya está despierta. Debe estar cansada después del día de ayer...
Saco algo de pan de la alacena y me hago un sándwich con jamón y queso.

Lo llevo todo a la sala y enciendo el televisor pero el aparato no capta ninguna señal. Deben ser esos idiotas del servicio de televisión que a cada rato estropean la señal, disque arreglando redes y cosas de esas.

Apago el aparato y como mi desayuno en silencio. Mi madre todavía no baja de su cuarto y estoy aburrido. Subo a mi cuarto, después de lavar la loza, y abro el computador portátil. El aparato no recibe señal de internet y decido apagarlo antes de gastar la batería.

No es tan poco común que no funcione ni el internet ni la televisión. Cojo el teléfono de mi cuarto y confirmo que tampoco funciona. Siendo la misma empresa la encargada de proveer todos esos servicios, ya ha pasado en varias ocasiones que todo se daña y hay que esperar varios días para que se restablezca el servicio.

Salgo de mi cuarto y decido bañarme. Al menos el agua parece funcionar correctamente pero no así el calentador. Como el clima no es tan frío como otros días, me ducho rápidamente con agua bastante fría. Esto me ayuda a despertar aún más y a empezar a planear el día.

Mi padre y mis hermanos deben estar en sus trabajos. Yo, como independiente, no tengo que ir a ninguna parte y por eso comparto mis días con mamá. Eso hasta que tenga algo de dinero pero eso todavía parece estar lejos de ocurrir.

Pensando en mamá, le hago un sándwich igual al mío y le sirvo jugo. Se lo subo al cuarto, ya que no tiene sentido bajar a mirar un aparato inerte.

Cuando llego a su cuarto me encuentro con la sorpresa de ver la cama tendida y el cuarto completamente vacío. No se está bañando ni cambiando. Bajo con la comida y me dedico a revisar toda la casa: no hay nadie. Estoy solo.

Esto ya es extraño: mi madre nunca sale por las mañanas y menos sin avisar. Trato de recordar si ha mencionado alguna cita médica o algo por el estilo pero no puedo recordar que haya mencionado nada parecido.

Mi teléfono celular tampoco sirve correctamente y esto ya me pone nervioso: esa señal nada tiene que ver con las demás. Se habrá ido la luz en todo el país, o algo por el estilo? Lo mejor es averiguar más.

Me pongo una chaqueta, cojo las llaves de la casa y salgo a la calle, a ver si en algún lado puedo averiguar algo.

Todo parece un cuento de terror: en la avenida frente a la casa, normalmente con un alto tráfico de vehículos, no hay nada. Solo, a lo lejos, veo un automóvil parqueado en el carril central pero no parece que haya nadie adentro.

Camino a las tiendas cercanas y casi todas están cerradas y las que no lo están, están desiertas. No parece haber un ser humano en ningún lado.

Esta vez casi troto para cruzar algunas cuadras y llegar a una gran manzana de edificios de oficinas, normalmente atestados de gente a estas horas, yendo y viniendo de almorzar. Pero ahora no hay nadie. De hecho, parece que ni siquiera funciona la electricidad. Hay algo de basura por todas partes pero parece ser traída por el viento y no por ningún ser humano.

Me siento a descansar ya que el trote me ha dejado sin aliento. Que es lo que pasa? Donde están todos? Que pasó?

Lo único que se me ocurre es revisar donde puede estar mi familia. Cerca hay un pequeño automóvil azul. Veo por la ventana que tiene las llaves puestas. Sin contemplaciones, rompo el vidrio con el codo y entro al coche. Es una situación de emergencia y no creo que nadie me culpe por hacer esto y muchos menos sin tener licencia para conducir.

Como puedo, llego al trabajo de mi hermana y luego al colegio de mi hermano. Ambos lugares están desiertos. Decido dejar para lo último la oficina de mi padre, ubicada en el centro. Allí cerca está la sede del gobierno y si alguien sabe algo seguro estará allí.

Dejo el automóvil en la plaza principal, luego de meterme por un par de calles peatonales y de golpear un conjunto de botes de basura. Como esperaba, tampoco hay nadie en este lugar. En todo el edificio donde trabaja mi padre no hay un alma y los papeles vuelan un poco por todos lados, ya libres.

No hay nada más que hacer. Me subo por las rejas del palacio presidencial y, para mi sorpresa, no suena ninguna alarma ni pasa nada. Camino como puedo hasta la puerta principal, abierta de par en par y empiezo a imaginarme donde podría esconderse la gente de haber sido un evento catastrófico. Seguramente, bajo tierra.

Ya había estado en el edificio cuando pequeño, en una de esas salidas escolares, y nos habían contado que existía un bunker para eventos como explosiones nucleares o ataques terroristas. Tratando de recordar en donde me habían mencionado esto, camino por todos lados sin tener éxito.

De repente, eso ya no importa. El cielo se ha oscurecido y parece como si la noche hubiese llegado de golpe. Miro por una de las ventanas de un largo pasillo decorado con viejas pinturas y afuera, en el cielo, veo algo que me quita las fuerzas, casi al instante.

La nube que ha oscurecido todo no es natural: es roja, del color de la sangre. Y de ella, parece salir algo o alguien.
De golpe, me empieza a sangrar la nariz y me siento algo débil, por lo que me dejo caer arrodillado.

Lo último que recuerdo es un horrible sonido, fuerte y agudo, que me arrulla hasta dormirme.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Fuego de Cambio

Horacio sabía muy bien que hacer. Lo repasaba una y otra vez en su mente, mientras subía a toda prisa por unas escaleras en caracol que parecían eternas.

Por fin llegó al cuarto que había en la punta de la torre y desde allí pudo apreciar lo que sucedía abajo. El dragón, negro como la noche, sobrevolaba el pueblo cercano y lanzaba fuego sobre algunas casas. Desde la torre, Horacio podía ver como la gente escapaba pero era seguro que habría muertes en el lugar.

Dejó de mirar por la ventana para buscar por todo el suelo una losa suelta. Tocaba el suelo de piedra como si estuviera ciego. Yrene había dicho que lo había dejado allí, cuando la habían encerrado después de su captura.

Afuera se oían gritos y parecían más cercanos que antes. Horacio tuvo que ponerse de pie para mirar de nuevo y darse cuenta que algunos aldeanos habían decidido refugiarse en el castillo, poniendo en peligro la misión que el hombre tenía a su cargo.

De nuevo, se echó al piso a tantear losa por losa hasta que, pasado un rato, encontró la que estaba suelta y sacó de un hueco de abajo de ella un collar que consistía en una cadena de oro delgada y un pendiente del tamaño de un pulgar. Era una piedra gruesa color rojo sangre que, de solo verla, estremeció a Horacio.

Él sabía bien la historia de este artefacto y prefería no pensarlo mucho. Se puso de pie rápidamente y salió disparado por la escalera. A medio camino se detuvo al iluminarse el estrecho espacio de un tono ámbar. Vio por una rendija al exterior al dragón atacando el castillo y lanzando una llamarada cerca a la torre. Se guardó el collar en un bolsillo del chaleco y prosiguió su camino.

De haber estado viendo al dragón un par de segundos más, Ignacio hubiera muerto. Al pasar al corredor del quinto piso, la bestia demolió con la cola la torre, que cayó en pedazos al patio inferior, matando a varios refugiados.

Ignacio se detuvo un momento, frente a unas escaleras más grandes para tomar aire. El dragón parecía haberse ido ya que ya no escuchaba sus rugidos. Sacó el collar del bolsillo y lo contempló.

La leyenda decía que ese pequeño articulo de vestir tenía el poder de conceder la habilidad de controlar el mundo al antojo del portador. Yrene, hábilmente, lo había robado al morir el decadente ser que habían llamado el Supremo y lo había escondido con ella hasta que fue arrestada por el nuevo reino.

Ahora Ignacio sabía que hacer, aunque violaba su misión. En vez de bajar al patio inferior y salir por la puerta de atrás, como le habían dicho que hiciera, el hombre de barba y amplios hombros bajó un par de pisos más y penetró con fuerza en la biblioteca del castillo. Era un secreto a voces que varios libros de magia negra habían sido escondidos allí y el hombre pensaba que al usar un conjuro con el collar, podría terminar para siempre con la maldad en su hogar.

Los rugidos del dragón se sentían lejanos pero solo por los gruesos muros del lugar. La criatura seguramente había vuelto a atormentar a la gente que se había refugiado en el castillo.

Ignacio entró a un pequeño cuarto oculto tras varios objetos antiguos, que rompió sin ningún cuidado. Sabía de él por lo que el mago Mortus le había confesado. Había tan solo un estante de tres niveles con libros polvorientos. Rápidamente sacó uno y otro y otro hasta que dio con un conjuro satisfactorio.

Vale aclarar que mientras el buscaba, más personas morían y, lejos, en el mar, otra bestia atacaba la nave en la que viajaba Yrene.

El hombre salió corriendo de la biblioteca y se ubico frente a una ventana, desde la que podía ver al dragón. Y entonces, empezó a leer, en otro idioma, uno antiguo que Mortus le había enseñado al convertirse.

Entonces las criaturas, tanto el dragón como el calamar gigante, empezaron a rajarse, como porcelanas viejas. Al terminar de leer el conjuro, Ignacio vio como el dragón explotaba pero la luz permaneció después de desaparecer la criatura. El hombre no entendía. La luz, o mejor, las luces, empezaron a expandirse hasta cegar a todos quienes la vieron. El mundo conocido, se vio envuelto en luz y cambió para siempre.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Empress

She was kind, beautiful, joyful and full of good wishes for here people. And they loved her back, they admire her and girls wanted to be like her.

Anyone in the planet knew about the Empress, about Alysthina Jygda. Daughter of a butcher and a baker, she grew up in one of the many villages of the marshlands. Such a sad place wasn't the place one would expect to find such a beautiful girl, dedicated to the gathering of marshons, fruits that only grew deep in the wetlands. No one really knew how, but she was very skill at navigating his spaces and she was adored for this, as marshons were the primary export of the villages.

So beloved she was that, when the prince did his voyage around the planet to choose a bride, no one in the marshlands was surprised when he decided to take her as his bride. The wedding was majestic and she was even more beautiful, if that was people.

Time passed and the couple became emperor and empress and, about fifteen years later, he died diving for pearls in their summer house. A horrible death mourned by everyone, it was the stepping stone for Alysthina to become the ruler of the planet, the caretaker of every single thing in all of the lands.

But certainly, some did not really appreciate her skills and beauty. Although small, a group of people around the planet found hard to believe that the emperor had died in such and incident, specially knowing he had lived in those same islands when a youngster.

They also spread the idea that something was wrong with the empress: in roughly twenty years the planet had know her, she had barely aged, at least visibly. But people dismissed this idea by stating that she had "good blood".

No member of her original family was alive to see her enthroned, as her parents had died some years after her wedding, of old age, and she hadn't had any brothers or sisters or any other relative that was know. Her family now was her only child, princess Sygma. She was named by her father after the star that brought its heat to the planet. She was as beautiful as her mother but with some traces of her father's features.

One day, however, the princess also died. As stated by the Empress, she had wandered through a nearby forest, slipped on a rock near a river and hit her head on other rocks. Her burial was broadcasted planetwide but, oddly enough, the Empress seamed always calm and never dressed in black. Actually, she wore a stunning pearl white dress the her daughter's burial. People fell in love again with her, more than ever.

Months after that, an ambassador from a nearby world arrived to give the Empress the condolences of his world. He also gave her a present from his king: a beautiful necklace made only of rubies.

She was please by the gift but even more by the ambassador: a young, strong man with interesting new ideas. She seduced him and soon, she announced a wedding.

This was kind of a turning point for her. The people weren't really ready for her to remarry but there was nothing they could do.

The wedding, as expected, was magnificent. But something strange happened. The first night they would expend together as empress and emperor, changed the lives of everyone in the planet.

The man escaped the castle, frightened to death. He yelled and screamed through the nearby town, stole a starship and left the planet. Every one was confused by this until they discovered the reason he had left: the day after her wedding, Alysthina appeared with dark green skin and red eyes.

The reason of her youth was revealed: as a young woman she had given her life to Omaku, the god of evil. Why? she thought rulers had been neglectful to the planet and that she would make it all better. But the pact did not contemplate a second marriage and, least of all, for love. So he took away her beauty as payback.

The empress then became vengeful and the planet soon fell in the age of darkness, waiting for someone to liberate it from the good will but bad outcome of the wish of one woman stunning woman.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Reino Malva

Erase una vez una tierra hermosa, llena de colinas suaves y redondas, lagos color de miel y bosque enteros hechos de una espuma verde comestible.

En ese lugar vivían miles de criaturas, a las que un humano fácilmente podría confundir con malvaviscos: eran generalmente cortos de piernas y de brazos, con ojos y bocas perfectamente redondos y por narices tenían un punto de color negro.

Pero ahí terminaban las similitudes. Los súbditos del reino podían ser delgados o rechonchos con narices grandes o pequeñas e incluso su piel era de variados colores. Por regla general, los azules eran de la familia real, los rojos eran soldados o artesanos, los amarillos campesinos y cuando nacían eran todos blancos, con la piel más suave que existiese en estas y otras tierras.

Su mundo era relativamente pequeño pero los malvas, como se autodenominaban, no eran muy asiduos a explorar más allá de los lindes del reino y muy pocos conocían que había más allá del mar de miel que tenían por un lado y las montañas de azúcar en el otro. El reino constaba de cinco aldeas, distribuidas no muy lejos una de la otra, entre el mar y las montañas.

El rey Malva XVI era bueno y justo. Lo que más le gustaba era divertir a su gente y compartir con el pueblo. En otros reinos los castillos eran exclusivos de la familia real pero aquí, era un lugar para todos, lleno de bibliotecas, museos, talleres creativos y demás.

Todo esto era para alguna manera compensar la ausencia de la reina. Hacía años la joven mujer se había acercado demasiado al mar de miel y nunca se le había vuelto a ver. El rey cuidaba solo a sus dos hijos: un principe y una princesa, todavía jóvenes pero ya en entrenamiento para cuando alguno de los dos ascendiera al trono.

En este caso era la princesa, dos años mayor que su hermano, quien se convertiría en reina. Pero por decreto real, solo podría hacerlo de estar casada en el momento de la ascensión. De otra manera, el principe debería de guardar por el reino y sus habitantes.

Un día, en principio poco especial, el principe asistió a sus usuales clases de historia y literatura pero, al ver que tenía la tarde libre, se dispuso a pasear por el reino.
Aunque nunca le había dicho a su padre, le gustaba ir al acantilado donde su madre había caído al mar. Aunque no la había conocido bien, siempre le había hecho una falta tremenda y contemplar el calmo mar de miel traía cierta paz de espíritu.

Excepto que ese día, a la hora de el principe llegar a la zona, se desató una tormenta y el agua empezó a caer a raudales. El mar de miel seguía calmo, por su espesura, pero ya parecía crecer y encresparse.

El joven se ajustó la capa y regresó al camino que llevaba al castillo. Pero no pudo caminar sino un par de minutos hasta que vio algo en el cielo: una sombra enorme, que parecía dirigirse al castillo, Paralizado por el miedo, el principe fue testigo de como una criatura enorme, que nosotros podríamos relacionar a una hormiga, se posaba con fuerza sobre una de las torres y empezaba a devorar los cimientos.

Vale la pena decir que todos los edificios del reino eran hechos de rocas negras extraídas de canteras en las montañas de azúcar. Y como los malvas eran vegetarianos, comiendo solo frutas y verduras, no sabían que esas rocas eran en realidad chocolate amargo de excelente calidad.

Pero de alguna manera, esa criatura lo sabía. Cuando por fin respondieron las piernas del principe, dos criaturas más habían llegado al castillo. La puerta principal estaba cerrada y el joven tuvo que presenciar desde la plaza del pueblo como los soldados empezaban a lanzar miel hirviendo con enormes mangueras.

Al comienzo esto parecía alegrar a las criaturas, que bajaron de las torres y se posaron cerca a los soldados. En ese momento, parecía que las estuvieran alimentando ya que las criaturas ponían sus bocas ante los chorros de miel.

Pero cuando se cansaron, los soldados rociaron el resto de los cuerpos, los cuales se endurecieron al punto de volverse algo parecido al ámbar de nuestro mundo.

Cuando por fin la tormenta amainó y las criaturas estaban petrificadas en miel, el principe pudo encontrarse con su padre y su hermana.

De uno de los pueblos cercanos al mar llegó un enviado militar que decía que las criaturas habían venido del otro lado del mar. Esto los asustó a todos: nadie nunca había explorado lo que había más allá del mar de miel pero, parecía, que era un peligro bastante grande para todos.

Las criaturas fueron entonces cubiertas con más miel y guardadas en un sótano frío, para evitar que se liberasen. El rey además ordenó la construcción de varias torres de guardia cerca al mar, por los acantilados y playas del reino. No querían más sorpresas.

El tiempo pasó. La princesa se casó con un destacado soldado y fueron rey y reina cuando el rey Malva XVI había decidido retirarse para disfrutar de los nietos y de su reino en su vejez. El principe, por su parte, se dedicó a explorar el reino y juntar todo el conocimiento que había y el que faltaba por registrar.

Fue el primero en subir a la montaña más alta de la cordillera de azúcar y lo que vio le impactó: un campo verde y amarillo, casi interminable, se extendía detrás de las montañas. En partes parecía que el pasto crecía más alto, en otros más bajo. Pero no había nadie allí. Solo un viento constante y suave.

La reina decretó que el sótano de los bichos se usaría para investigaciones sobre las criaturas. Cuando los científicos empezaron a explorar, encontraron algo que nadie nunca hubiese esperado.

Se llamó al principe, al viejo rey y a la reina, y se les reveló que en una de las patas de una de las criaturas había un rollo de papel. Lo que había escrito los tomó por sorpresa y, a raíz de ello, su mundo cambió irremediablemente. Se puso el rollo en exhibición en un museo y pronto, por primera vez, se realizó la construcción de una nave con la que se pudiese navegar el mar de miel.

El día en que zarparon por fin, el principe quien era la cabeza de la expedición, fue una última vez al museo para leer la nota que habían encontrado casi un año antes:

NECESITO AYUDA.
SOY PRISIONERA DEL SER QUE CONTROLA A ESTAS CRIATURAS.
TRATARÉ DE DETENERLOS LO QUE PUEDA. 
TIENEN QUE ESTAR LISTOS.
LOS AMO A TODOS.

Y la firma no era de nadie más sino de la madre del principe.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Europa

La de Marisa es una vida solitaria, sin duda. Siendo una científica en el fin del mundo, no hay mucho que se pueda hacer por mejorar la vida social.

Ya hace dos años que esta joven argentina trabaja en una de las bases de su país en la peninsula antártica. Allí hace investigaciones exhaustivas relacionadas al cambio climático: saca hielo de varias partes y luego los estudia en un laboratorio especial.

Y esa es básicamente su vida desde que llegó a la Base San Martín. Los momentos de diversión son pocos y casi siempre se relacionan con la nieve o una que otra película en VHS que traen los exploradores que vienen a la base como cambio por los que ya tienen que volver a la civilización.

En uno de esos cambios de personal, Marisa conoce a Ramón. Él es chileno y viene a apoyarla en su investigación. Aunque en principio no le gusta mucho la idea, es notificada de que ahora los estudios serán multinacionales por lo que científicos de otros países estarán pasando por la base en los próximos meses. De hecho, será hasta que ella misma tenga que volver.

Al principio el trabajo con Ramón es difícil, como lo suele ser siempre que alguien nuevo llega a cambiarlo todo en un ambiente laboral. Pero pronto ambos se acostumbran a sus personalidades y el trabajo fluye más fácilmente.

Un mes después al grupo se suman Adela (francesa), Friedrich (alemán) y Victoria (rusa).

El trabajo se hace cada vez más llevadero y tras unos pocos días, ya se ha formado una autentica familia que se reúne para comer, ven películas juntos y comparten cada detalle de sus vidas. Esto es casi terapéutico ya que, estando en un lugar tan aislado, es perfecto para hablar de cosas que parecen haberse quedado en sus respectivos países.

En una de esas pocas oportunidades para relajarse, el grupo realiza un paseo en motonieve hacia una colonia de pingüinos. La única del grupo que los ha visto antes es Marisa. Para el resto es una experiencia nueva y graciosa, ver cientos de pingüinos en su estado natural. Como es verano, el clima es menos duro y verlos se hace más sencillo y placentero.

Eso hasta que algo bastante extraño ocurre: el motor de una de las motonieves explota con fuerza, asustando a todos los miembros del grupo y a los pingüinos más cercanos.

Marisa se acerca a los restos. La verdad es que no sabe mucho de mecánica pero algo le enseñó un ingeniero que estuvo de visita: al menos lo que ella veía estaba bien, excepto por el detalle de que había estallado. Era muy extraño.

Volvieron a la base al poco tiempo. Marisa había amarrado la moto dañada a la suya para que alguien la arreglase cuando pudiera.

Pero para sorpresa de todos, la base estaba desierta. Aunque eran el grupo más numeroso, había por lo menos cinco personas más en la base antes de que se fueran y ahora no había nadie. Es más, el laboratorio de Marisa estaba desordenado, aunque parecían haber tenido el cuidado de no dañar equipos.

Los cinco del grupo se sentaron entonces a la mesa, cada uno con café caliente entre sus manos, y empezaron a discutir la situación: la ropa y demás objetos personales de los otros tampoco estaban. No había ningún vuelo programado ni tampoco barcos que se fueran a acercar a la base hasta dentro de dos semanas.

Adela entonces recuerda haber escuchado algo en el barco en el que llegó, sobre un robo en otra base pero no sabía muy bien de que hablaban los tripulantes del barco.

Friedrich, sin embargo, está sorprendido de que nadie hubiera escuchado del atentado terrorista contra la base Vostok, ocurrido el día mismo de su embarque hacia la Antártida.

Ramón no entiende que tiene eso que ver con nada. La base Vostok es rusa y está a más de tres mil kilómetros de San Martín, eso sin decir que el lugar no está cerca a la costa sino dentro del continente.

El alemán responde que podía no tener nada que ver pero que era el misterio más grande respecto al continente blanco desde la supuesta base nazi en los años cuarenta.

Marisa decide que todos vayan a descansar, viendo que a veces relajar la mente hace ver las cosas más claras. Ella les promete tratar de contactar a las autoridades o a sus superiores por la radio para obtener alguna clase de explicación.

Ramón decide ayudarla y pasan toda la noche en el cuarto de ella, sintonizando emisoras y tratando de comunicarse. Por fin, hacia las 4 de la madrugada, logran hablar por un breve momento con alguien del servicio costero argentino. Exponen su situación rápidamente pero la comunicación es débil y se ve interrumpida. Ramón sale a ver el estado de las antenas y ve como han cortado cables y desenchufado otros.

Cuando vuelve, los otros ya se han despertado y no parecen haberse calmado con las pocas horas de sueño. Empiezan a discutir, cada uno desesperado por la situación pero volviendo todo personal, diciendo lo mucho que quieren irse y como nunca debieron aceptar el trabajo.

Solo Victoria está, como siempre, bastante callada y parece pensar a toda velocidad pero sin decir ni una palabra.

Cuando Ramón grita para que todos se callen, Victoria hace un sonido de duda y luego empieza a contar algo imposible: resulta que ella estuvo en Vostok antes de la explosión, exactamente el día anterior. Trabajaba investigando las profundidades del Lago Vostok, el que podría ser el lugar más puro del planeta al haber sido sellado hace milenios por el hielo.

El alemán le pide la razón de su historia y ella responde que sabía que alguien intentaría sabotear las investigaciones. Adela pregunta el porqué y la respuesta, aunque lentamente, les cae a todos como un balde agua fría: Victoria confiesa que los rusos han descubierto trazas de vida en el lago y que estos se asemejan a información proporcionada por la NASA sobre una luna de Jupiter.

Marisa trata de entender mejor.

- Que quieres decir?

- La NASA le envío, en secreto, esa información al Kremlin. No soy solo una científica, soy también agente de seguridad de Rusia. Yo y un compañero fuimos, en secreto, a comparar los resultados de la NASA con los de nuestros científicos. Y son iguales.

Ramón da un respingo. Los demás parecen no respirar.

- Quieres decir que...

- Hay vida en ambos ecosistemas. Y sin similares. Y alguien no quiere que eso se sepa. No sé porque.

De repente se oye una explosión, como la de la motonieve pero más grande. Ramón sale rápidamente, siendo el único vestido para salir, y ve los restos de todos sus transportes freídos por la explosión, frente a la base.

Cuando se da la vuelta para entrar al recinto de nuevo, sus compañeros ven como se desmaya tras un golpe con una culata de arma de fuego. Quien lleva el arma es irreconocible para todos pero viene acompañado. Entran a Ramón y cierran la puerta.

Marisa concluye, sin temor a equivocarse, que estos son los mismos hombres que atentaron contra la base Vostok. Y al parecer, vienen a terminar su trabajo.

domingo, 7 de septiembre de 2014

El Hotel Z

Todo estaba listo. Las almohadas bien puestas, los sobrecamas perfectos, los baños impecables y cada detalle arreglado para alcanzar la excelencia. Eso pensó Juan. Era uno de los trabajadores del hotel más elegante del Valle de los Pinos.

El hotel, el Z, fue sin duda uno de los mejores y más refinados establecimientos de su tipo en el mundo. No solo por estar ubicado en un lugar alejado y hermoso, sino por la calidad de cada uno de sus servicios.

Juan llevaba trabajando aquí apenas dos años años, pero se había enamorado de cada rincón del edificio. Alguna vez la gran casa fue la mansión de un conde austrohúngaro que venía a disfrutar de los veranos junto al lago que queda a solo unos pasos de la casa. La mansión perdió el brillo después de las dos guerras pero entonces un empresario francés la compró, la rehabilitó y la convirtió en el mejor establecimiento dedicado al placer y la relajación.

El dueño, el francés, todavía vivía y lo hacía en una de las tres suites presidenciales del hotel. La suite París, como él mismo la había bautizado, era perfecta en cada detalle: exquisitos cuadros de la época de Louis XIV, artesanías de los Pirineos y alfombras hechas en los Alpes. En la sala central, que separaba los dos cuartos de la suite, había una mesa circular, siempre adornada con los más exquisitos dulces franceses. Así lo disponía el dueño.

Las otras dos suites eran la Moscú y la New York, también muy solicitadas. De hecho, Juan acababa de dar los últimos toques a la suite New York. Un empresario norteamericano y su esposa venían a pasar algunos días y era imperativo que todo fuera perfecta y así lucía: hermosas fotografías de antaño colgaban por toda la suite, recordando el pasado de la gloriosa Gran Manzana.

Juan se dirigió entonces al vestíbulo al que, en pocos minutos, entrarían los esperados huéspedes. Allí estaban el jefe de la cocina, un par de camareras y un botones, esperando como si fueran miembros del ejercito. Estaban impecables, todo tan perfecto que sin duda agradaría al cliente más exigente.

El joven se ponía al lado de una de las camareras y esperaban. Entre ambas jóvenes, una rubia y la otra pelirroja, hablaban por lo bajo a gran velocidad. Juan las callaba y ellas hacían caso pero retomaban su conversación a los pocos segundos.

 - No lo podemos evitar. No ha visto a la mujer que llegó en la madrugada?

Juan estaba extrañado por el comportamiento de sus compañeras pero más porque lo que una de ellas había dicho: una dama, un dama real, jamás llegaría a un hotel tan temprano.

 - Es muy linda
 - Claro que no. Solo es alta y delgada.
 - Ya quisiera ser así.

Pero la discusión terminaba al instante al abrirse las majestuosas puertas del hotel. La pareja, un hombre bien parecido, con algunas canas en las sienes, y su mujer, con una piel excesivamente grande, entraban al lugar como cara de complacencia.

 - Te lo dije mi vida. Es el mejor de este lado del Atlántico.

La mujer sonreía a todos mientras Juan los presentaba y él mismo lo hacía con ellos.

Rápidamente, tras decirle al jefe de cocinas que deseaban para la cena, la pareja acompañada por Juan se dirigía hacia el quinto piso del edificio y se instalaba en la New York. Parecían estar algo agotados por el viaje pero complacidos. Tanto, que el norteamericano había puesto un billete de cien dólares en la mano del joven.

Como siempre, Juan bajaba por la escaleras en vez de usar el ascensor. Esta era su costumbre, para poder ver el lago por los ventanales. Lamentablemente la tarde se había tornado gris, lo que auguraba un clima difícil para la noche.

En el segundo piso, Juan iba a seguir bajando cuando vio la puerta de una de las habitaciones abierta. Siendo un atento servidor de los huéspedes, decidió ir a ver que sucedía.

La habitación era mucho más pequeña que cualquiera de las suites pero agradable en todo caso. La luz estaba apagada. La ventana de esta habitación daba hacia el bosque, por lo que estaba sumida casi en la absoluta oscuridad. Juan había dado unos pocos pasos cuando la puerta se le cerraba detrás y una mujer se le acercaba.

 - Sabía que caería.
 - Disculpe?
 - Necesito que me ayude.
 - Que necesita?
 - Tengo que hablar con alguien y usted me va a ayudar.

Juan estaba confundido. La lluvia había empezado a golpear el vidrio de la ventana con fuerza y la mujer se le había acercado más. Con la poca luz que llegaba del exterior, Juan pudo ver a la mujer con más claridad: era hermosa. Delgada y alta como la habían descrito las camareras.

 - Tiene que ser hoy.
 - No le entiendo.

La mujer se devolvía a la puerta y pulsaba el interruptor de la luz. Luego se sentaba en la cama y prendía un cigarrillo.

 - Que no entiende?
 - Si necesita hablar con otro huésped lo puede hacer en cualquiera de las zonas comunes.
 - Necesito hablar con un hombre casado. Sin que su esposa esté allí.

Juan seguía sin entender. Porque le había hecho esa trampa a él? Porque no a otro?

 - Usted se ve atento, amable.

La mujer se quitaba el abrigo y una parte de las dudas de Juan parecían disiparse. La mujer estaba embarazada.

 - Es el padre. Supe que iba a venir y llegué primero.
 - El padre? Pero si yo...
 - No usted. El hombre en la New York.
 - Como sabe que...?
 - Eso no importa. Necesito hablarle. Entiende?

La mujer entonces se ponía de pie y caminaba hacia una pequeña mesa. Sobre ella había una bandeja con medio limón y un vaso de agua.

 - Se lo pedí a una de las camareras. Tengo nauseas seguido.

Apretó el limón sobre el vaso y se limpiaba las manos en la ropa.

 - Lo siento, no soy de la clase de mujer que viene a este sitio.

Juan no decía nada.

 - Mire, solo necesito hablar con él. Es urgente, como puede ver.

 La mujer tomaba un largo sorbo de agua con limón. Mientras hacía caras, Juan se le acercaba un poco.

 - Está bien?
 - Sí... Ayúdeme, se lo ruego. Necesito que...

Pero Juan nunca supo que necesitaba la hermosa mujer. Se había empezado a ahogar y luego se había desvanecido en los brazos del joven.

De pronto, había dejado de respirar. Se había vomitado al colapsar y ahora estaba allí, inerte.

Juan no supo bien que hacer y solo encerró el cuerpo en el cuarto, con llave. Un joven botones de pronto aparecía de la nada.

- Juan! Por fin te encuentro. Es terrible.
- Que pasa?
- Hubo un deslizamiento de tierra. La carretera está bloqueada.

Ese día, algo había cambiado en Juan. Ese día sería el primero en el que iba a tomar decisiones por su propia cuenta y no basadas en las reglas o los dictámenes de nadie más. Ese día, alejados del mundo por una tormenta, los huéspedes del hotel Z conocerían al verdadero Juan y, de paso, desvelarían sus verdaderas personalidades.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Letter for me (Part 4)

Hey me,


I write you, or me, from my bedroom. Strange, huh? Well, another week passed and more happened. So here it is.

I decided to be honest with the family. They are not to blame in any of this and I had to tell someone about all of this. I mean, after the last letter I remember feeling I was going crazy. I didn't know what was real or not.

So after coming back from "jogging" around the neighborhood, I decided to tell Susan everything. She very patient and calm. She just sat there and let me say every single thing that I had been thinking and feeling, including the fact that I believe this is not my life and that they are not my family.

When I said that, I saw here eyes filling with tears but she contained them as long as she could. I didn't know she was such a strong person, so well put together. She's a therapist, you know? Maybe that's why after talking for thirty minutes straight and then falling silent, she just grabbed my hand and hugged me.

Susan told me she knew something was wrong and that she was happy I finally decided to tell her. She said she loved me and wanted all the best for me. She even offered taking me to a friend of hers, a psychiatrist. Susan think it will help.

To be honest, it has not helped me one bit. I have been going once every day, so I've seen that creepy guy five times. And believe me, you don't get used to someone picking your brain with stupid questions for one hour. I hate going there but Susan seems to be happy about it and I don't want to disappoint her.

And, to be honest, what else is there for me now? That life I had o r think I had has been dead for far to long because I can't seem to get a grip of it.

I know, the drawings... Yeah, that keeps popping in my head from time to time. It's one of those things I've discussed with the shrink but he says I have been putting things I read into Linda's drawings and that I see what I see because I want to see it. Crazy, right? Not surprising though.

But I do. And even Henry does. I asked him to tell me what he saw in the drawings and I'm not insane, I see what he sees.

By the way, I finished the book. The writer has various adventures, like a big spy or something, and at the end, I mean in the last 10 pages, he dies. He's shot in the head by a drug dealer. Linda drew me in a pool of blood. I screamed at the girl and then she cried and then I fought with Susan. That was just some hours ago.

That's why I'm alone in my bedroom. Actually, alone in the house. Susan took the kids to her mother's house and told me to cool down for the night. She didn't seem angry but scared. She seems to think that a night away from them might do me some good but I believe she was scared I might hit her or the kids.

I went crazy. I yelled and hit myself on the head with my fists and punched the wall. My hand hurts as I write.

You know what's funny? My head started to hurt just after I saw the drawing Linda did for me. It's a piercing pain on the back of my head, just as if I had been hit with a blunt object.

I don't want to sleep. It's 3 AM but I don't dare to close my eyes. What if this all goes away too? What if I don't go back to being a writer but I just fade away into another life? I wouldn't be able to take it. I know I can't.

Please be with me. Help me. I'm scared.








*           *           *

The hallway is white. No other color on sight. A woman, rather short, enters a room. Inside an elderly woman cries next to the only bed in the room.

A young man lies there, with tubes coming from all places, breathing through a machine.

- The doctor is ready Mrs. Dominguez.

The elderly lady is squeezes one of the man's hands as a man in a white robe enters the room.

- Do you want to be present? - he says to the woman.

She nods. Tears keep pouring out of her eyes but she makes no noise.

The doctor and the nurse start pressing buttons, pulling out tubes until only one machine is attached to the man in the bed.

The elderly woman comes near and kisses the man on the forehead.

- Bye, Alex. Mama loves you.

The machine starts beeping and finally the sound of death engulfs the room.

martes, 2 de septiembre de 2014

Letter for me (Part 2)

Hello you,


or should I say "me"? This is getting weirder and weirder. Yesterday I couldn't keep writing because I had to sign loads of papers and then go home and be with the family.

Not my family but the family. I still don't get how this happened. I've tried going over and over it but I keep forgetting things. Had to read yesterday's letter in order to remember about the dog! Not that anyone cares... I have a cat now, Snow or something like that. He's always very creepy appearing in weird places and looking straight at me as if he knew something I don't.

The work is not that bad though. It appears I have been a pretty good accountant and my position here seems to be very well respected. Everyone greets me when I come in the morning and they wave at lunch time. There's even a young woman that flirted with me on the elevator, by showing a little too much cleavage and biting her lower lip. It's weird but I don't think our past self likes that.

That's something else I've forgotten: I have no idea if we had a girlfriend, a wife or if we just lived alone in an apartment. I don't feel like a party boy but not like a husband or father either.

Actually, that's one of the upsides of this "reality", if you will. Linda is the tiny one. She's actually seven years old, not six as I first thought. She's a sweetheart and up to this moment she has handed me at least ten drawings done specially for me. Yesterday night I told her a bedtime story and for a moment I didn't even care about all of this. She looked so peaceful and happy...

Henry is the name of our son. He's 11 and looks more like Susan (wife) than like us. The girl is more like us, so that's why I think I like her better. The boy likes sports a lot: he was playing football with friends when I got home yesterday and Susan told me he had judo practice today. He didn't get it from me though, not past or present. I remember, and feel, that we never liked any kind of physical exercise. Furthermore, I've looked through some photo albums (telling Susan I felt like reviewing the past) and saw that in this version of us we have no interest for sports either.

Actually that move was kinda dangerous. Susan, who is quite beautiful and sweet, wanted to have sex when seeing the pictures of the wedding. To be honest, I wanted to keep watching them as I had no recollection of that ever happening. The saddest part is that I didn't recognize who Susan called "your parents". Two nice people smiling me from a picture and I have no idea of who they are...

No, I didn't have sec with her. I told her I had to get some things ready for work and just sprung out of bed. I spent almost all night wandering around my office (a fucking office in the house!) thinking of the pictures and those memories that I don't have.

I have a theory now and I want to share it with you. I believe someone has to have our memories. Probably the man that lived here woke up in our old life. I can't stop but hating him but I guess that, if he exists, he's really not to blame.

Almost no sleep is giving me a headache but it was just impossible. I've gone all through the house, the details of this life and I have no recollection of anything. I just don't know any of these people. I don't even know if we lived in this city or this country for that matter. I'm trying to teach myself how to behave and breath because I may go insane. I feel it.

Maybe that's another explanation? What if this is all a reality I've created after having a seizure or a breakdown? I think it's possible although is not a really nice thought.

To be honest, I can't say I want to go back because I keep losing more and more of that life and keep feeling obliged to do my part here. Susan, Linda and Henry have no fault in this and I can't keep but thinking about their reaction if I told them about this.

Man, I know your are me. But this is the only way to keep me sane. At least until I start to get all of this, at least a bit more.

Well, time to go. Some big shot invited me to lunch and I had to say yes. I guess that's what this guy is all about.


Keep it real,

Alex.


P.S: Don't you think it's weird we are named Alex in both versions? That makes me crazy.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Carta Para Mi (Parte 1)

Querido Yo,


te escribo escribo esta carta para hacer algo así como un diario de lo que ha venido pasando en los últimos días. Creo que así podré saber que fui yo mismo quien escribió esto, si es que de un día para otro también olvido quien soy ahora y no solo quien era antes...

Todo empezó el sábado en la mañana. Me desperté, como normalmente supongo que hago, pero en vez de hacerlo en mi cama lo hice en la cama de alguien más. No te imaginas la sorpresa que fue sentir un cuerpo al lado del mío, durmiendo tranquilamente.

En caso de que no recuerdes nada, antes vivías solo. Sí, solo! Tenías un apartamento pequeño pero iluminado en el centro de la ciudad. Aunque la soledad no era total pues tenía un perro raza beagle de nombre Pepe. Era el mejor amigo que has tenido.

Pero él no estaba en esta casa. Ese día me levanté en silencio y salí del cuarto. Pensé que podía haber tomado bastante y resultado en la cama de una mujer desconocida pero no recordaba haber bebido el día anterior. Para serte sincero, quisiera recordar más de nuestra vida pasada pero parece que cada día detalles se desvanecen de mi mente.

Cuando salí del cuarto me di cuenta de que estábamos en una casa, bastante grande y moderna por cierto. Bajé al primer piso cuidando de no despertar a la mujer pero casi fracaso cuando, a mitad de la escalera, un gato blanco y gordo me maúllo porque casi le piso la cola. El horrible bicho (no nos gustan los gatos) salió corriendo hacia arriba.

Al bajar llegué a la sala y me fijé que había bastantes objetos, muebles y fotografías. No les puse atención, más que todo por el hecho de estar sorprendido: una mujer con una casa tan grande y tantas cosas seguramente era mujer con dinero. Y siendo escritor, no viene mal un dinero imprevisto.

Se me olvidaba decirte que somos escritores. Escritor mejor dicho. Publicamos una novela que no tuvo mucha acogida y ahora escribir reseñas de un poco de todo y damos clase en una universidad. Disculpa si te confundo al hablar como si fuéramos dos personas, cuando tu eres yo y viceversa. Se me hace más llevadero así, como si hablara en alguien que puedo confiar.

Fui a la cocina y había café en en la cafetera. Puse a calentar un poco y, mientras tanto, me acerqué a la ventana de la cocina que daba a la puerta de entrada. Parece un sueño ese sitio! Pasto verde como en las películas y un muro bien cuidado que la separa del mundo.

Y ahí me asusté. También se veía el camino para los automóviles y, de hecho, había dos. Una camioneta como las que usan las mamás que llevan a sus hijos al partido de fútbol y un carro más pequeño, gris. Instintivamente pensé que era de su esposo y me invadió el pánico. Tenía que irme pero estaba en boxers y mi ropa seguramente estaba en el cuarto de la mujer.

No sabes el miedo que sentí. Me devolví a las escaleras e iba a subir cuando me detuve en seco y me puse más frío de lo que estoy ahora, escribiéndome.

Había una niña de unos 6 años, abrazando un peluche en forma de elefante, en la parte más alta de la escalera. Sentí como si estuviera desnudo en la mitad de la nieve, como si no tuviera más opción que salir corriendo. Si te soy sincero, creí que la niña iba a gritar o a correr o algo.

Pero no. Bajó algunos escalones, me miró con sus enormes ojos color avellana y dijo:

- Papi, tengo sed.

Sí... Somos papás. O al menos ahora lo somos. Antes nunca estuvimos cerca de serlo ni mucho menos...

Mierda. Estoy en la oficina de este... nuestra oficina, la de ahora. Acaba de sonar el teléfono y era mi secretaria. Aparentemente trabajo en un banco y la verdad, no sé como, pero sé que hacer lo que hay que hacer. Es horrible.

Te escribo esto mientras nadie me ve pero temo que alguien pueda entrar y me vea haciendo esto. No puedo permitir que me internen o algo así. No sin entender que pasa.

Nuestro nombre es Alejandro Domínguez. Somos un escritor y vivimos solos. Ahora somos un contador y tenemos dos hijos y una esposa. Nos aman pero no los puedo amar de vuelta.

No puedo seguir escribiendo. Me busca alguien que no conozco pero que al parecer debería... 

En todo caso quiero que sepas que estoy contigo, si es que las cosas han vuelto a cambiar. Vamos a averiguar que pasa. Te lo prometo.


Fuerza,

Alejo.